El Municipio dice que “no se deja ayudar”

Juan Manuel Stéfano, el linyera que vive en la terminal de ómnibus, desde hace unos días permanece internado en el Hospital Evita. Le dijo a El Diario que lo levantó la Policía en una camioneta y lo llevaron a un campo en la zona de Toay, donde lo dejaron tirado luego de golpearlo. Cuando se recupere volverá a la situación de calle.

Su historia trascendió en El Diario luego de que un profesor cordobés, Eugenio Balaguer, que viajó a dar clases en una maestría de Salud en Santa Rosa, envió una carta a sus alumnos para que alguien lo ayude, luego de conocerlo en la sala de espera del hospital. Ayer a la mañana las radios de la ciudad se hicieron eco del caso y entrevistaron a Stéfano.

Tiene apenas 52 años y forma parte del paisaje del centro santarroseño y de la terminal. Hace varios inviernos que ni los organismos ni las oficinas sociales logran sacarlo de la condición de calle en la que permanece. “Es una lástima porque él no se deja ayudar”, dijo ayer la directora de Acción Social de la comuna, María del Carmen Campos.

Stéfano recibió a un equipo de El Diario en una habitación del Evita. Estaba limpio y en pijama. Mostró una rodilla que aún permanece inflamada. Dijo que la Policía lo golpeó después de que él le contó a otro medio sus sospechas de que en el robo de encomiendas que ocurrió en la terminal había uniformados involucrados. Inclusive mencionó los nombres de los policías sospechosos.

“Estoy agradecido a la gente de Santa Rosa. No tengo nada que decir. Han sido muy buenos conmigo”, aclaró. De todos modos, recordó que en algún momento el párroco de la iglesia de Fátima lo echó de la entrada de ese edificio, donde se guarecía con sus escasas pertenencias. Supuestamente el párroco lo echó porque daba una mala imagen a los feligreses del templo.

Presentación judicial

La directora Campos reveló que Stéfano fue institucionalizado en una oportunidad, con mucho esfuerzo de las asistentes sociales, en un geriátrico del medio, pero se fue, no permaneció más de un día en el lugar que costeaba el Municipio. Además, en varias ocasiones, lo derivaron al hospital para atender su precaria situación alimentaria e higiénica.

“Es una persona joven. Muy lúcida. Tiene mucho para dar. Es muy rico en sus saberes, sus conocimientos de vida”, contó Campos. “Pero es imposible reinstalarlo laboralmente en lo que conoce si no accede a que lo ayuden y a estar en un lugar bien cuidado, en un geriátrico, pero no para que haga una vida de abuelo”, añadió.

Stéfano trabajó en la plataforma Mosconi, en el sur del país, hasta que se cerró. Y luego en una panadería en General Acha. Conoce ese oficio de pequeño. “Me crié en una panadería”, le contó a El Diario. Es hijo de italianos, tiene 7 hermanos en Italia, una en Bahía Blanca y otra en Tierra del Fuego.

Pero él no quiere irse de la ciudad. En la terminal generalmente se alimenta con las bandejitas de comida de los colectivos que le regalan los empleados de las oficinas. También recorre el centro de la ciudad.

“Se niega sistemáticamente a la institucionalización. Se vuelve a la vida al aire libre, a la libertad. Su hábitat es la terminal”, confió la funcionaria. “Lo que hicimos desde el Municipio es una presentación en la Justicia, para que tome intervención y determine un lugar para llevarlo”, contó.

La funcionaria recordó que cuando inició su gestión había tres linyeras en la terminal. A dos los ubicaron en geriátricos. Pero Stéfano no acepta esa opción. “Se merece estar bien. Pero no lo podemos atar con una cadena”, lamentó. “Él accede a ir al hospital para controlar su salud, pero una vez recuperado vuelve a su libertad”, dijo.

“Permanentemente estamos asistiendo y preocupándonos por Juan Manuel. En realidad, es una persona que, si quisiera, nos sorprendería muchísimo. Tiene muchos saberes”, concluyó.

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