Sacaban una vieja morera en Rivadavia cuando hallaron un cheque al portador en la calle y lo entregaron al dueño, un cobrador. Por semejante gesto los recompensaron con una gaseosa fresca.
“Dios seguro que nos va a recompensar”, dijo ayer Paulo Palacio (24), uno de los siete trabajadores que el lunes a la mañana, mientras podaban una mora, encontraron en la vereda el cheque listo para cobrar.
Al grupo que integran Palacio, Claudio Pérez, Benito Bravo, Ligorio Ledesma, Jorge Riquelme, Federico Zenobi y Guillermo Terraza se lo conoce en este departamento como “los motosierreros”. Son personal contratado por la Comuna y su sueldo básico supera apenas los $1.000.
Estaban realizando su habitual trabajo de poda para mantener en condiciones el hermoso arbolado de esta ciudad del Este, que es envidia en la región. Habían sido llamados al barrio Marcial Pérez para erradicar una vieja mora.
Comenzaron la tarea de ir cortando las ramas para evitar que el árbol cayera con todo su peso y causara algún daño. Pérez, jefe de la cuadrilla, estaba sacando ramas para cargarlas a un camión cuando vio un papel. “Lo levantó y se dio cuenta de que era un cheque que ya estaba listo para el cobro”, recordó Palacio. “Comenzamos a analizar cómo hacíamos para encontrar al dueño, tratando de no alertar a ningún vivo que quisiera engañarnos y quedarse con esa plata”, explicó.
Así, una vecina les contó a los trabajadores que un sobrino suyo había partido hacía un rato hacia San Martín para hacer un trámite bancario.
Pasó un rato, quizá veinte minutos, y de un auto que se había detenido frente a la casa de la vecina se bajó un hombre tembloroso, transpirado y pálido, de unos 50 años.
“¿Qué le pasa, señor?”, le preguntó uno de los municipales. “Perdí un cheque”, confesó el hombre con la voz estrangulada. “Quédese tranquilo, aquí está”, le dijo el jefe de cuadrilla y le extendió el bendito papel.
El hombre agradeció con las pocas palabras que encontró al alcance, volvió a subir a su auto y partió nuevamente hacia el banco. “Debe haber necesitado mucho esa plata, porque se fue enseguida”, dijo Palacio.
Al rato, desde dentro de la casa del descuidado cobrador, salió un hombre para entregarles a los obreros una gaseosa fresca como agradecimiento.
“Es cierto, para nosotros esa plata extra hubiera sido una gran ayuda, pero no era nuestra y seguramente este hombre la debe de haber necesitado más”, dijo el obrero.
“Es más importante que nos reconozcan por nuestro trabajo, que tiene riesgos y es esforzado, más que por esta acción. Después de todo hicimos lo que era correcto y seguro Dios nos recompensará”, dijo Paulo.
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