Los empleados municipales no esconden su malestar por las tensas negociaciones con el Municipio. El jueves próximo será el último encuentro y desde la Asociación de Profesionales y el Sindicato esperan mejores ofertas. "La gente tenía ganas de romper todo", dijo José Stuppia, sobre la tensión que se vivió el martes pasado.
Sin embargo, el jueves próximo volverán a escuchar ofertas, si es que el Municipio tiene alguna para hacer. Por lo pronto, "no sabemos si lo que hicieron fue una táctica o una negación de cualquier diálogo. Es raro sostener una paritaria abierta sin tener una idea de qué se está negociando", remarcó el titular de la Asociación de Profesionales de la Salud, Iván Recabarren.
Por su parte, José Stuppia, secretario general del gremio, sostuvo que "no nos gustó la actitud del Intendente, de ignorar la paritaria. Está claro que no le interesa. Nunca tomaron el compromiso de sentarse con los trabajadores a mejorar la condiciones laborales, no les interesó nunca". Y aseguró que "inició la paritaria para quedar bien, como un gobierno nacional y popular, progresista, y no porque le interese".
El ultimo encuentro fue el martes pasado, en un clima que se volvió enrarecido entre los casi 200 trabajadores que esperaron los resultados en las puertas del Palacio San Martín. Los empleados municipales se sintieron decepcionados al finalizar el anteúltimo encuentro de la paritaria donde se intentaban definir mejores sueldos para el sector. Allí supieron que los sueldos de marzo ya habían sido liquidados con el ofrecimiento de 26 por ciento rechazado de plano por los gremialistas y el abogado del gremio, Claudio Díaz, planteaba que la última propuesta realizada no era alternativa ni diferente de la primera, sino "complementaria" para garantizar un piso mínimo a los asalariados. La primera era de 1.800 pesos de básico y 2.500 de bolsillo, y en el ultimo encuentro se pidió un piso mínimo de 2.050 pesos. Durante muchos momentos los trabajadores gritaron que "la paritaria es un manoseo: hoy era la última posibilidad". Pero la última chance será el jueves próximo.
"El problema es que a estas reuniones va gente que no decide por el Municipio. Entonces cualquier alternativa tiene que volver y consultar. Estamos en una asamblea abierta y nosotros también volvemos a conversar, pero ellos están en una posición que evidentemente la propuesta que hicieron se aleja mucho de lo que uno pensaba que era correcto. No solamente el valor del aumento, sino la forma de hacerlo", remarcó.
Stuppia está convencido de sostener la paritaria porque "si rompíamos nosotros el diálogo, entrábamos en el juego de ellos". El gremialista cree que "lo que hicieron desnuda lo que son desde adentro: hacer lo que quieren y no consensuar". No están dispuestos a moverse "de un mínimo garantizado de 2.050 pesos".
También cree imprescindible "hacer desaparecer el presentismo y pasarlo al básico. No puede ser que el presentismo sea la mitad del básico". Dice que "no se puede premiar a un trabajador porque vaya a trabajar. Es su obligación. Si no va a trabajar deberá certificar que es por salud y si no se lo sanciona".
Para Recabarren, uno de los graves problemas que dificultan los avances es que "siguen privilegiando el aumento de los adicionales" y eso genera severas diferencias entre los propios trabajadores, que justamente el gremio busca eliminar.
Es que cuando se observa en los listados de sueldos el salario de los médicos, que son muy abultados en algunos casos, la diferencia radica en la cantidad de guardias que realizan y no, como se presupone, en el bloqueo de título por disponibilidad absoluta para el sistema público. Los médicos que cuentan con su título bloqueado ganan una diferencia de 700 pesos. Y entonces muchos optan por el desbloqueo y por trabajar fuera del Hospital Municipal, adonde la oferta económica es mucho más tentadora.
Este malestar entre los profesionales se refleja en distintos ámbitos del Hospital, pero también en dependencias que nada tienen que ver con la salud. "Muchas veces el sindicalista busca contener a la gente y eso estamos haciendo este último tiempo, porque lo que se ve es gente muy enojada", admitió Recabarren. "Los jefes de área y administradores del Hospital son agentes de las decisiones políticas; lo grave es que deberían ser coordinadores de un área donde se discute qué es lo mejor o hacia dónde dirigir los esfuerzos. Pero en cambio aquí se baja línea y eso es lo peor que podés hacer en gestión", ya que las respuestas de parte del personal no siempre llegan de la manera que se pretende. En grandes instituciones como el Hospital, la autoridad requiere ser una virtud que se gana y no que se impone.
"La gente, cuando no está conforme, tiene la posibilidad de trabajar en otro lugar, y pasa eso, que se van. Es grave que no se consigan profesionales. Porque acá hay capacidad de formación, pero se desarregla al funcionar de manera tan mala", puntualizó el médico terapista.
Animos calientes
La paritaria termina el jueves 8. Y muchos trabajadores piensan en medidas de fuerza posibles. Iván Recabarren dijo que "no sé cómo llamar las medidas de fuerza, no queremos cerrar la discusión en nada ni en esta cuestión solamente porque hay más cosas para arreglar. Lo que sería bueno es que puedan mejorar su ofrecimiento, sobre todo a los salarios más bajos y saber que hay otras cosas que pueden ser de discusión futura". Pero dudó al decir que "parecería que ellos prefieren pensar que con esto ya arreglaron el conflicto y el humor de la mayoría. Se ve que hay una especulación sobre cuánto pueden tirar de la cuerda".
Por otro lado, afirmó que "la sensación es que a la gente no le gustó nada la respuesta. No se ve una amplitud e inteligencia de poder escuchar. Con menos plata a veces, pero con más discurso. Pero acá no hablan ni pagan". Por eso el humor de la gente "es malo". De todas maneras, apuesta a que haya otras alternativas antes que el paro y que puedan mostrar a la comunidad de Olavarría qué es lo que se está discutiendo, y al poder municipal hasta qué punto llega el descontento.
Stuppia es contundente: "El último martes tuve que parar a la gente. Iban a romper los vidrios de la puerta -del Palacio Municipal- si no la abrían. Y no lo lamento por el valor de los vidrios, sino porque se iban a lastimar los compañeros". Ese día, dijo el sindicalista, "la gente quería romper todo. Si yo les decía 'vamos para arriba' era un desastre". El secretario general de los municipales admitió que tiene que haber un equilibrio muy marcado desde las dirigencias. "Estos tipos te imprimen tanta violencia desde un escritorio" y "si uno hace algo, quedan como víctimas en lugar de ser los victimarios".
En caso de no llegar a un acuerdo, se evaluará qué tipo de medidas llevar adelante. "A un conflicto hay que saberlo administrar y más si es para largo, como creemos que puede ser éste". Entonces, en principio, "estaremos en todos los actos públicos que el Gobierno quiera realizar".
Y ésa es toda una definición.
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