Unas 70.000 personas salieron a las calles en Homs, el bastión rebelde, alentadas por la llegada de los observadores de la Liga Arabe
DAMASCO.- Envalentonados por la primera visita de un grupo de observadores de la Liga Arabe, decenas de miles de sirios se manifestaron ayer contra el régimen del presidente Bashar al-Assad en Homs, la ciudad que ha sido foco de las sangrientas protestas que sacuden al país desde hace nueve meses y que han dejado a Siria al borde de la guerra civil.
Según informó el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH), con sede en Gran Bretaña, más de 70.000 personas salieron a las calles para recibir al equipo de expertos, cuya misión es verificar si el gobierno de Al-Assad está cumpliendo con un plan de pacificación interna que fue acordado días atrás con la Liga Arabe luego de semanas de marchas y contramarchas.
Entre otros puntos, esta iniciativa, que busca poner fin al derramamiento de sangre, estipula que el régimen debe retirar sus tanques y armamentos pesados de las ciudades militarizadas, liberar a los detenidos durante las protestas, iniciar un diálogo con la oposición y permitir el ingreso libre al país de periodistas y organizaciones de derechos humanos.
Si bien los manifestantes lograron congregarse en un punto de la ciudad, el OSDH denunció que fueron dispersados por las fuerzas de seguridad con gases lacrimógenos y balas de goma cuando intentaban avanzar hacia la plaza principal de Homs, a la que muchos ya llaman la "capital de la revolución''.
Poco antes de la visita de la misión de observadores, además, los activistas denunciaron que el gobierno retiró 11 tanques blindados y escondió otros tantos, con el objetivo de dar una falsa imagen de normalidad en la ciudad. Con el mismo fin, los residentes indicaron que las tropas gubernamentales, que durante los últimos tres días protagonizaron fuertes choques con manifestantes, dejaron de atacar. "Hoy [por ayer] está tranquilo. El ejército dejó de disparar cohetes y varios tanques han desaparecido de las calles, pero los días anteriores fueron terribles", dijo el activista opositor Mohammed Saleh.
Ayer, a pesar de la presencia de los observadores, por lo menos 31 personas murieron a manos de las fuerzas de seguridad y el ejército en distintos puntos del país.
La delegación de observadores se reunió con el gobernador de la ciudad, Ghassan Abdelal, y luego se desplazó por algunos barrios de Homs, la tercera ciudad del país, ubicada a unos 160 kilómetros de Damasco.
"Todas las partes ofrecieron su cooperación", afirmó el general sudanés Mohammed Ahmed Mustafa al-Dabi, jefe de la cincuentena de observadores enviados a Siria por la Liga Arabe, de los cuales 12 se desplazaron a Homs.
Los observadores se movieron siempre en coordinación con las autoridades del país, lo que despertó varias críticas entre los habitantes de la ciudad, que denunciaron que éstos se abstuvieron de entrar en los barrios más afectados por la revuelta.
"Si continúan trabajando así, la Liga Arabe emitirá informes a favor del régimen; si es incapaz de proteger a los civiles pedimos que se remita la cuestión al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas", dijo Emad Hosary, el vocero de los opositores Comités de Coordinación Local, que manifestó su temor a que la misión panárabe limite su trabajo de campo a lugares pacíficos.
Varios videos difundidos en Internet mostraron las quejas de los habitantes de la ciudad, que pidieron a la delegación que visitara las zonas más calientes para ver cómo hay "víctimas desarmadas" frente a los disparos de francotiradores.
Según medios árabes, la misión de observadores podría tener este fin de semana un primer borrador del informe que debe presentar ante la organización regional. Y en caso de que la evaluación fuese desfavorable al régimen, la Liga Arabe pediría formalmente al Consejo de Seguridad de la ONU una resolución con duras sanciones contra Siria.
A pesar de la creciente presión internacional, no se contempla por ahora la opción de una intervención militar extranjera como la de Libia, ni siquiera como fuerza de interposición. Desde que comenzó la revuelta en el país, en marzo pasado, el goteo de muertos ha sido una constante y las últimas cifras de la ONU dan cuenta de más de 5000 víctimas mortales por la represión, 2000 de ellas en Homs.
El gobierno sirio sostiene que la revuelta es un complot orquestado por países extranjeros hostiles a Siria e instrumentado por islamistas radicales, que ya mataron a 2000 miembros de las fuerzas de seguridad nacionales. Damasco prohíbe la presencia de medios internacionales, por lo cual es difícil corroborar los hechos en el terreno.
Estados Unidos, en tanto, aumentó ayer aún más la presión y acusó a Siria de haber intensificado la represión antes de la llegada de los observadores árabes. "El régimen aprovechó los últimos días para escalar sus ataques a varias ciudades, barrios y hogares", dijo el vocero del Departamento de Estado Mark Toner.
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