Multitudinaria misa y procesión en honor a San Cayetano

El obispo Jorge Lona presidió la ceremonia en Villa Mercedes. Más de tres cuadras de fieles acompañaron la peregrinación por las calles. El obispo bendijo panes y espigas.
Una procesión de más de tres cuadras acompañó al santo del trabajo en las fiestas patronales de Villa Mercedes. Para pedir, agradecer o cumplir una promesa unas tres mil personas visitaron ayer la iglesia del barrio San Cayetano. El obispo Jorge Luis Lona presidió la misa y dirigió un párrafo de su discurso a la responsabilidad de los gobernantes de velar para que no falten fuentes laborales: “De los gobernantes depende que haya trabajo en el mundo y que el trabajo tenga la recompensa que merece”, dijo.

Al aire libre, en el patio de la capilla, con el cielo como techo y un sol radiante como calefacción natural, la ceremonia convocó a fieles de distintos barrios de la ciudad. La cantidad de devotos que se congregó ayer a partir de las 15 superaba la capacidad del templo ubicado entre calles Urquiza y San Cayetano. El barrio, una calle y la iglesia llevan el nombre del santo patrono del pan y del trabajo.

En palabras sencillas, sin alocuciones rebuscadas, Lona aconsejó en su sermón vivir cada día como si fuera el último y no dejar nada para después. También dedicó unas líneas para aquellos poderosos responsables de la distribución de las riquezas.

“San Cayetano dio su vida por los demás. Debemos vivir sirviendo a los demás, en el lugar que nos haya tocado, desde el lugar de un dirigente o un gobernante o un hombre que trabaja todos los días. Los ricos tienen que vivir como administradores de los bienes de los pobres. Deben ser capaces de que el trabajo llegue a todos, por el refuerzo también de los que tienen la responsabilidad del gobierno, porque de los gobernantes depende que haya trabajo en el mundo y que el trabajo tenga la recompensa que merece”, resaltó.

“No tenemos que dejar nada para mañana –continuó el obispo-, podemos morir inservibles. Esto no es para darnos miedo sino para que nos llenemos de vida y no sean sólo palabras. Es para que vivamos cada día a pleno, con alma y vida como si fuera el último, una vida de servicio. San Cayetano no dejó nada para más adelante. Lo hizo todo en el momento en que estaba viviendo. Vivió una larga vida, pero la vivió plenamente”, dijo.

Minutos después, con los panes y espigas elevados al cielo –símbolos de la devoción a San Cayetano-, la congregación católica recibió la bendición del obispo Lona.

Antes de finalizar la misa el monseñor Lona agradeció a todas las personas que colaboraron con la construcción de la iglesia de la Virgen de Guadalupe ubicada en el barrio La Ribera. La obra, que inició la semana pasada, se encuentra en la primera etapa.

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