Una multitud venera a Virgen que apareció en un árbol

West New York es más conocida por su elevado índice de criminalidad y por tener un alcalde acusado de piratería informática. Ahora todos se reúnen para orar frente a un tronco donde se ve la imagen de María.

Una multitud de fervientes católicos acude estos días al centro de West New York, una localidad de Nueva Jersey (este de Estados Unidos), para ver el árbol donde algunos dicen haber sido testigos de la aparición milagrosa de la Virgen María.

Varias decenas de personas se congregaban en torno a un pequeño árbol Ginkgo bilova, orando, tomando fotos y contando historias de lo que consideran un milagro. West New York, situada sobre el río Hudson, que la separa de Manhattan, es más conocida por su alto índice de criminalidad, su economía a media asta y su alcalde acusado de piratería de software.

Sin embargo, en su avenida central, un nudoso árbol es venerado por fieles que dicen haber distinguido a Nuestra Señora de Guadalupe, una importante figura del catolicismo en México desde que la Virgen María supuestamente se apareció en ese país hace varios siglos.

La Iglesia Católica se ha distanciado del supuesto milagro, y no faltan los escépticos en West New York, donde se concentra una gran población de inmigrantes latinoamericanos. Pero, en un sofocante día de verano, los fieles no parecen perder la fe.

Muchos en la bulliciosa e implacable multitud afirman que se quedarán hasta que el alcalde, Félix Roque, proteja el árbol para siempre. “Queremos construir un monumento”, dijo María Báez, de 35 años, una de los primeras en anunciar que había visto a la Virgen en el árbol y ahora una de las que monta vigilia en el lugar día y noche.

Al pie del árbol ya se acumulan rosarios, velas, flores e imágenes en tributo a la Virgen de Guadalupe, y la policía puso vallas de metal para cuidar el árbol y garantizar la seguridad. Un patrullero está además estacionado en el lugar. Según declaraciones de Roque a la prensa local, la ciudad gasta mil dólares diarios para gestionar la situación.

Voces de los creyentes y de los no tanto

Rubén Rafael, de 49 años, recientemente retirado de la Marina de Estados Unidos, dijo que ésta es su quinta visita al árbol. “Me convencieron”, dijo. “Hay mucha delincuencia en esta ciudad. Así que esto nos ayuda a los católicos, los cristianos. Ella está aquí para curar el dolor de este pueblo”. Pero no todo el mundo es tan creyente. Dos hombres que pasaban por el lugar meneaban la cabeza, sonriendo desdeñosamente.

“Yo respeto todas las religiones, pero en realidad no creo esto en absoluto”, dijo Ismael García, un vendedor de alfombras de 27 años. Su amigo, Giovanni Valenti, un ayudante de un mecánico de 36 años, apuntó hacia el auto de policía estacionado y dijo que “se debería gastar ese dinero en otra cosa”.

Valenti señaló que muchos de los árboles Ginkgo bilova que bordean la calle tienen grietas en su corteza y nudos en los que uno puede imaginarse distintas representaciones. “Toneladas de estos árboles las tienen. Es algo normal para ellos en este clima. Es una ley de la física”, dijo. De pie junto al árbol, Ed Venicio, de 35 años, saca un teléfono móvil y muestra a un periodista una foto de un Ginkgo bilova similar al venerado. El nudo parece un rostro humano con una nariz angulosa.

Comentá la nota