El público completó la imagen imponente que se imaginaba para la presentación del Réquiem op 5 de Héctor Berlioz, en homenaje a los ex combatientes de Malvinas, al cumplirse ayer los 30 años de la guerra.
Finalmente fueron acercándose muchas familias, entre vecinos y turistas, a las que una mañana de clima apacible y el sonido sublime elevado por los coros y los instrumentistas invitaron a disfrutar.
El megaconcierto comenzó puntualmente, sorprendiendo a quienes se desplazaban tranquilamente creyendo que habría de demorarse al menos algunos minutos. El inicio fue exactamente a las 11.05. Los más de 400 participantes sabían que debía ser así, puntual, porque de haber una demora el sol del mediodía podría incidir sobre algunos instrumentos.
En los primeros momentos, las expresiones de muchas personas reflejaban curiosidad, actitud que también revelaba el uso de cámaras fotográficas, celulares y filmadoras. Pero a los pocos instantes de desarrollo de la obra, la postura general denotaba respeto, armonía y hasta esa "quietud absoluta", que el mismo Berlioz, el creador del Réquiem, se propuso con su música.
Al promediar la interpretación, ya eran muy pocos los que se movían, mientras caía un sol tibio y soplaba una brisa apenas fresca. Nadie permanecía indiferente, y un aplauso suave, pero a la vez sostenido, sucedía al final de cada movimiento.
Los plátanos de la avenida dificultaban la visión panorámica. Aún así, centenares de espectadores se ubicaron en el parque, sentados sobre reposeras y bancos plásticos y aún sobre los bordes de los canteros, importándoles escuchar más que ver a las orquestas y coros.
A las 12.25, para pronunciar el "Sanctus" en el noveno movimiento, se produjo la aparición más esperada, la del tenor Darío Volonté, sobreviviente del Crucero Belgrano, que fue recibido por un aplauso intenso y ovaciones.
Desde esos instantes una sensación de gran emotividad, más cercana al respeto que a la tristeza, invadió a la multitud, por lo cual invocaciones, aquí y allá, de vivas a la Patria hacían surgir lágrimas en unos y la aclamación del "Viva", a todo pulmón, en otros.
El director Guillermo Becerra puso en juego toda su experiencia al frente de orquestas, y sus gestos sutiles, tomados en primer plano por las cámaras y reproducidos en dos grandes pantallas, orientaron al público a expresar sus reconocimientos en los momentos adecuados.
En el final del concierto, la gente pareció descargar la emoción contenida. Se aplaudía nuevamente pero ahora con las manos en alto. Se agitaban unas pocas banderas, distantes entre sí. En las pantallas podía advertirse a Volonté y Becerra también conmovidos. El abrazo entre ambos, mientras ex combatientes se ubicaban sobre el borde del escenario, y Volonté cantando Aurora marcaron los momentos emotivos más intensos.
Y cuando parecía que ya todo terminaba, alguien del público y algunas coreutas comenzaron a entonar las estrofas del Himno Nacional. Un gesto espontáneo, como mágico, que contagió al público. Cantaban todos guiados por el tono fantástico de los coros. La gente se disgregó lentamente, como si no hubiera deseos de irse del lugar, o con la intención más participativa aún de acercarse a alguno de esos ex combatientes que saludaron desde el escenario, para palmearles un hombro o darles un saludo de aliento.
Pudieron verse muchos padres con chicos de corta edad que preguntaban todo, hasta por qué algunas personas gritaban "eso de Viva la Patria!", obligándoles a darles explicaciones, y a recordar que ellos, treinta años atrás, con edades similares a las que ahora tienen sus hijos, tampoco entendían qué sucedía en unas islas llamadas Malvinas, que comenzaban a descubrir en el mapa de la República Argentina.
Complejidad
La presentación del Réquiem op 5 de Héctor Berlioz fue, según los entendidos, un hecho histórico que quedará inscripto en la historia artística marplatense. Es que la obra es una de las de mayor complejidad dentro del género clásico no sólo por la dificultad de su interpretación, sino fundamentalmente, por el despliegue que requiere su ejecución. Por eso ayer, una vez concluida con éxito la presentación, todos reconocían la audacia del maestro Ernesto Parise de haber promovido su realización en Mar del Plata a pesar de todas estas dificultades y destacaban el decidido apoyo que le dio para ello al municipio la Secretaría de Cultura de la Nación a través de Jorge Coscia y el director José María Castiñeira de Dios quien pasó los últimos 5 días en la ciudad para estar al tanto de los detalles del espectáculo.

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