Tras la procesión, se ofició la Santa Misa presidida por el obispo Lozano.
Por hallarse la Basílica en un proceso de refacción edilicia, la imponente columna de creyentes inició el recorrido con rezos y cánticos frente a la casa parroquial y concluyó delante de la explanada del Centro Cívico. Allí se levantó el altar desde donde el obispo Jorge Lozano bendijo las flores con las que se decoró a la santa patrona y concelebró la Eucaristía junto a los sacerdotes de las parroquias y capillas de nuestra ciudad, después que se interpretaran las estrofas del Himno Nacional Argentino.
“Dios nos regala esta fiesta”
En su homilía, monseñor Lozano expresó que “Dios nos regala hoy esta fiesta de la Virgen María y que Él tiene pensada para nosotros desde toda la eternidad. Dios creó todo por amor y, en su infinita y suma sabiduría, pensó en cada uno de nosotros como familia suya y en cada detalle de este mundo. Dios, que nos tiene en el corazón desde toda la eternidad, nos piensa y regala la vida para que seamos familia y vivamos en comunión y nos tratemos como hermanos”.
“Por eso, no contento con darnos la vida, también nos llama a la vida de la fe: nos hace familia suya por medio del bautismo. Y, de esa familia, reconocemos a la Virgen María como Madre, a quien llamamos Madre Nuestra o Madre de la Iglesia. Porque Ella le dijo que sí a Dios y a Jesús en cada paso de su vida como discípula fiel que escuchaba la predicación de su Hijo. Y, después que Jesús resucitó y subió al cielo, Ella, también, acompañó a los apóstoles para que permanecieran unidos, se llenaran del Espíritu Santo y manifestaran esa comunión fraterna que Jesús les había enseñado y, especialmente en la Última Cena, les había encomendado vivir. Por eso es que queremos vivir la fe en la familia, como dice nuestro lema, porque sabemos que no hay otro modo. La fe cristiana nos hace hijos de Dios y hermanos entre nosotros”, afirmó el titular de la Diócesis.
Lozano subrayó que “estamos celebrando esta fiesta de la Virgen María porque Dios la eligió a Ella desde toda la eternidad y la preservó sin manchas desde el momento de su concepción, mirando ya los méritos de Jesucristo en su pasión, muerte y resurrección.
Y, así como Dios la elige con amor en vistas a Jesús, en Jesús, también, nos elige a todos nosotros. Por eso nuestra fe es en respuesta a ese amor de Dios, que desborda en la belleza de la creación y de cada uno de nosotros”.

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