Suhair al Atassi es una mujer moderna que llama a la desobediencia civil sin cubrir sus cabellos con un pañuelo. Miembro de una conocida familia de políticos, impulsa desde la clandestinidad la protesta juvenil y pide la renuncia del presidente.
La dirigencia siria presenta el levantamiento popular de ciudadanos descontentos como una conspiración de extremistas islámicos. Es por eso que Suhair al Atassi representa para ellos un problema: la hija de un ex ministro es una mujer moderna que llama a la desobediencia civil sin cubrir sus cabellos con un pañuelo y con un fuerte poder de convicción. Miembro de una conocida familia de políticos, se solidariza con los jóvenes que protestan en las calles y piden la renuncia del presidente Bashir al Assad.
La activista de Damasco se convirtió en un símbolo de la rebelión contra el régimen. Y eso que su padre, el ex ministro de Información Yamal al Atassi, ayudó alguna vez al padre de Assad, Hafis al Assad, a convertirse en presidente. Sin embargo, con el tiempo, los dos hombres siguieron caminos ideológicos distintos. Tanto el padre de Al Assad como el de Al Atassi murieron en 2000. Desde entonces, sus hijos están también enfrentados. Junto a otras fuerzas de orientación reformista, Al Atassi dirigió un foro político en los primeros años de gobierno del actual presidente. Finalmente, fue cerrado por las autoridades después de que sus miembros llamaran a una reconciliación con la proscripta Hermandad Musulmana.
El levantamiento sirio, que comenzó en marzo, transcurre en dos escenarios separados: en los salones de los intelectuales y en las calles. Sin embargo, algo no funciona del todo bien en la coordinación entre los disidentes de salón, la mayoría de los cuales ya peina canas, y los manifestantes, en su mayoría jóvenes, que arriesgan la vida por tener más libertad. Los dos grupos tienen, sin embargo, el mismo objetivo: derribar a Al Assad. Pero no siempre hablan el mismo idioma. Al Attasi intenta tender un puente entre ellos.
“Ninguno de los opositores conocidos se tomó hasta ahora el trabajo de contactar con nosotros”, se queja Amer al Sadek, de la Unión para la Coordinación de la Revolución Siria en Damasco: “Suhair es, hasta ahora, la única que se nos sumó.” La mujer, nacida en 1963, fue una de las primeras manifestantes que se animó a salir a las calles de Damasco en la primavera para protestar contra la corrupción y pedir la liberación de los presos políticos.
Cuando se manifestó junto a otros muchos frente al Ministerio del Interior, la detuvo un miembro de las fuerzas de seguridad y la arrastró de los pelos por la calle. Finalmente, pasó unos días en la cárcel.
Desde entonces, vive en la clandestinidad y sólo se comunica por e-mail o messenger. “Está en Siria, en un lugar seguro”, explica Al Sadek. “Desde que fui liberada de la prisión de Duma, las fuerzas de seguridad tomaron mi número de teléfono y a veces atienden llamados que son para mí”, explicó ella en un e-mail dirigido a dpa. Sin embargo, Al Atassi es muy activa desde su escondite. Hace pocos días grabó un video en el que llamó a los sirios a quemar sus cuentas de electricidad, agua y teléfono “para no pagar las balas que nos matan”.
Para los opositores al gobierno que quieren que Siria siga siendo un país secular en el que no sean discriminadas las minorías aunque cambie el presidente, Al Atassi representa una esperanza. Sin embargo, el componente sunita conservador del movimiento de protesta simpatiza más bien con Haitham al Maleh. El abogado especialista en Derechos Humanos, que es detenido una y otra vez por el gobierno a pesar de su edad, llamó hace poco a la formación de un gobierno de transición. <
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