La fe que mueve montañas

Entre religión y política, La Rioja muestra a lo largo de toda su historia una larga tradición en materia de peregrinajes.

Una vez más, y como ocurre cada año, en cada Semana Santa -a excepción del año pasado, Dengue y Gripe A de por medio- el Señor de La Peña convocó a una verdadera multitud en la celebración del Viernes Santo.

Hombres, mujeres y niños de distintos puntos del país participaron de la "Pasión de Jesucristo" que fue presidida por el obispo Roberto Rodríguez, en el que fue el momento de mayor trascendencia para la celebración y que marcó tal vez el pico de mayor asistencia -se estima que alrededor de 40 mil personas pasearon su fe inquebrantable por el Paraje El Barreal-, aún cuando las cifras nunca llegan a ser tan exactas (uno de los males en La Rioja: las estadísticas).

El encuentro, de origen netamente pagano, pero con fuerte raigambre en la sociedad riojana y en provincias vecinas, contrasta con la realidad que por estos días vive la Iglesia como así también ocurre con otras tantas otras realidades que asolan al país real, si es que no se trata esta manifestación popular de la realidad misma.

Y así se pueden obtener también una batería de conclusiones. La primera de ellas, y tal vez la más obvia, es que la fe de los riojanos, y de todos quienes hasta el rostro de Cristo en la piedra se acercan, puede mover montañas y no sólo engrosar las cifras de ocupación hotelera en el país (La Rioja incluida). Allí, al pie de la roca se entremezclan sin distinción de géneros las miserias y las fortalezas de todos los Hombres.

Manos y expresiones anónimas se convierten en la extensión de una piedra que, en sí misma y más que al rostro de Cristo, representa la perseverancia en el tiempo y el anhelo de que "las cosas estén un poquito mejor".

Un fenómeno extraño y complicado de explicar, o tal vez tan simple como decir que hace falta aferrarse a algo tan sencillo como una piedra -cargada de todo el significado y todas las emociones y todas las promesas de los fieles- para seguir adelante en estos tiempos que corren y en todos los tiempos anteriores que, al decir de quienes ya atravesaron varias generaciones, mucho no cambiaron.

Pero lo cierto y concreto es que allí, en el Señor de la Peña, en el Paraje el Barreal, se genera una comunión y una convivencia que bien podría ser la envidia de todo orador que quiera hacer llegar su mensaje a una multitud que -vale decirlo- difícilmente se congregaría de la misma manera para escuchar el discurso de algún político de turno, o para asistir a la misma Iglesia, lectura que el obispo Rodríguez ha hecho inteligentemente desde su arribo a La Rioja, dando continuidad así a la herencia -al menos un gesto de mínima aproximación- del obispo mártir Enrique Angelelli.

Rosario de peregrinaciones

Y es que el Señor de la Peña no sólo es una muestra palmaria de la necesidad que la gente tiene de creer o aferrarse a algo, sino también la rotunda expresión de la tradición que acompaña a La Rioja prácticamente desde su nacimiento y que es un eterno rosario de peregrinaciones que se hace carne en todos los órdenes de la vida.

Entonces, ese llegar a pie, corriendo o a caballo desde tantos kilómetros para adorar o agradecer a la piedra podría compararse con el casi perpetuo ir e ir una y mil veces y tantas otras veces más a pedir, por citar un ejemplo actual, al poder central por un poco más, por una mejora en los ingresos para que "las cosas estén un poquito mejor".

Y el gobernador Luis Beder Herrera, probablemente, sepa de esto más y mejor que nadie. De hecho, la discusión sobre la nueva coparticipación federal que se planteó a partir de la semana que pasó, con la convocatoria que efectuó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a los gobernadores, no es novedad para La Rioja, mucho menos para el primer mandatario provincial.

Muy por el contrario, y como esperanza de pobre, el pedido de la Provincia hacia Nación lleva ya larga data y supo desembocar, en un par de ocasiones, en el arribo de fondos extra para las alicaídas arcas del tesoro provincial y a partir del reclamo del propio Beder Herrera por el punto de coparticipación que se perdió -paradójicamente- en el transcurso de la presidencia de Carlos Saúl Menem.

Ahora, la polémica -finalizada ya, aparentemente, la novela por las reservas- se centra en el intento de los bloques de la oposición por tratar la reforma de la coparticipación del impuesto al cheque con lo cual, y según un pormenorizado detalle, algunas provincias podrían recibir el doble de lo que hoy perciben por todo el recurso coparticipable. Y en el caso de La Rioja, esa cifra ascendería a los 235 millones mensuales (actualmente ronda los 130 millones).

Sin embargo, en el Ejecutivo nacional la idea de coparticipar el impuesto al cheque no cae nada bien -significaría una importante erogación para la caja que administra la Presidenta, unos 11.500 millones-, y así lo hizo saber Cristina a los gobernadores en una reunión mantenida el pasado lunes.

Básicamente, el objetivo oficial es calmar los reclamos de los mandatarios provinciales que piden a la Nación más fondos para afrontar los fuertes déficit de sus provincias y en este contexto, algunos gobernadores mantienen la amenaza de emitir cuasimonedas para pagar salarios.

En este contexto, y a poco más de un año para la elección presidencial, la administración kirchnerista quiere que la mala situación financiera de las provincias no se profundice, pero sin dejar de controlar el presupuesto nacional tal como fue votado y, por otra parte, mantener el control sobre los gobernadores de cara a la contienda electoral que se viene.

La estrategia K no es nueva, sino más bien una práctica que viene llevando a cabo desde el inicio mismo de su gestión y que es una señal siempre clara y de alerta para los mandatarios provinciales: o se está con el Gobierno, o se está en contra. Y en eso va en juego también la dignidad de las provincias y sus mandatarios, prisioneros ambos y en su mayoría de un sistema perverso.

No por nada, y consciente del modo en que se resuelven las cosas, Beder Herrera toma un camino realista y acerca posiciones con Nación, lo que le asegura -a la larga o a la corta- la atención presidencial para cuestiones como los recursos, la promoción y la obra pública, al tiempo que atiende -al igual que otros gobernadores- el expreso pedido de Cristina que, entre otras cosas, reclamó a los mandatarios provinciales que elogien menos para adentro y defiendan más el modelo hacia afuera

Y en ese sentido se expresó Beder Herrera, quien no sólo afirmó que la discusión planteada por la coparticipación es la más importante en los últimos tiempos, sino que además sostuvo que los Estados no pueden ni deben quedar desfinanciados.

Va por más

Y no sólo a estos fondos y al incremento de los mismos apunta La Rioja en su largo peregrinar (Para La Rioja, el mes de marzo significó 132.709.900 pesos de coparticipación federal, de los cuales 97.368.800 pesos corresponden a fondos de libre disponibilidad). En la actualidad, también interesa sobremanera que el Ministerio de Agricultura de la Nación declare la emergencia hídrica en el territorio riojano.

Según se pudo saber, La Rioja ya presentó numerosa documentación que justifica la necesidad de sancionar la emergencia hídrica en la Provincia: las reiteradas granizadas que cayeron, especialmente en la zona de Chilecito y Guandacol; los problemas con el riego y la situación que afectó a las plantaciones de la zona de Capital.

La principal ventaja que implica la declaración de emergencia hídrica nacional, es que Nación destinó un fondo de 500 millones de pesos para que las provincias mejoren su situación ante los problemas de sequía. Y, por otra parte, los funcionarios provinciales hablan de la posibilidad de concretar obras de infraestructura, y también soluciones coyunturales para los problemas planteados.

Cuestión de pura fe

Pero la postura bederista, lógica y razonable en torno a los recursos y el buen empleo de los mismos, despertó duras críticas, no tan lógicas ni tan razonables, del radicalismo riojano (falto de fe, tal vez) que en la semana salió con los tapones de punta por el apoyo brindado a la iniciativa de la presidente Cristina Kirchner de eliminar el impuesto al Cheque y no coparticiparlo con las provincias.

Además, fustigaron al Ejecutivo por dilatar la discusión por el aumento de sueldos a los estatales y resaltaron la falta de contención por parte del Estado a los empleados contratados, todas cuestiones estas netamente sujetas -vale decirlo y es de esperar que el radicalismo local lo sepa- a lo que el Gobierno recibe de parte de Nación.

Y no faltó, en este contexto de apertura al diálogo, el oportunismo Q para pedir por una ley de coparticipación municipal, no sin dejar en claro antes y convenientemente que el quintelismo se considera aliado del Gobierno bederista, aunque no por eso dejará de reclamarle más recursos.

Y no es para nada casual el pedido. Según el propio Quintela, el municipio -aunque no se note, está en emergencia y los recursos son más que necesarios, sobre todo para solventar lo gastos ocasionados por los nuevos nombramientos y reparticiones y una eventual futura campaña para retener la Capital y, tal vez, poder inaugurar algún Cepar más.

Aunque todo esto parece estar vinculado y sujeto, definitivamente, a una cuestión de pura fe.

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