Los ataques con coches bomba y misiles se registraron en 14 ciudades. Ningún grupo se adjudicó la autoría. El gobierno culpó a la organización Al Qaeda, aunque no brindó pruebas.
En el tercer día del mes de Ramadán, Irak vivió ayer la jornada más sangrienta de los últimos dos años, con una ola de atentados que se cobró entre 80 y 90 vidas, según las fuentes, y dejó a unas 300 personas heridas. En total fueron 22 los ataques registrados en 14 ciudades distintas. Las más afectadas fueron Bagdad y poblaciones del norte del país. Si bien este ha sido un año particularmente violento (ver aparte), para encontrar un antecedente que supere el trágico saldo de ayer hay que remontarse al 10 de mayo de 2010, cuando varias explosiones registradas en la capital dejaron un saldo de 110 muertos.
La ola de atentados –que siguió a otros varios registrados el domingo, en los que 30 personas murieron y 120 quedaron heridas– volvió a evidenciar la baja calidad de la "democracia" iraquí heredada tras años de intervención militar estadounidense, y la incapacidad del aparato estatal para garantizar mínimamente el clima de seguridad necesario para que la vida diaria se desarrolle con ciertos visos de normalidad. "Fallan los servicios policiales y el aparato de inteligencia", dijo el analista Sabah al Sheij, quien reduce todo a criticar a la dirigencia política por "centrarse en la crisis institucional y eludir los asuntos de seguridad".
Ayer, Bagdad y sus alrededores fueron especialmente castigados. La explosión de ocho coches bomba mató al menos a 35 personas en la capital. Uno de los atentados más mortíferos en esta región se registró contra una base militar ubicada al este de Al Doloaiya, 90 kilómetros al norte de Bagdad, donde murieron 15 soldados. Además, en el área de Al Tayi, 30 kilómetros al norte, siete personas murieron y otras 28 resultaron heridas por el estallido sincronizado de tres bombas en distintos puntos. Ninguna organización se adjudicó la autoría de los 22 atentados.
Otros ataques también causaron decenas de muertos en las provincias de Salahedín (al norte de Bagdad) y Diyala (este del país), así como en las ciudades de Mosul (norte) y Al Diwaniya (sur). En la primera, 18 personas, en su mayoría miembros de las fuerzas de seguridad, murieron por el estallido de dos coches bomba y en ataques con misiles Hawk y con ametralladoras. Mientras, en Diyala la explosión de siete coches y motocicletas bomba causó la muerte de 13 personas e hirió a más de 60, y en Mosul, el estallido de cuatro coches bomba dejó tres muertos y 18 heridos. En Al Diwaniya cayeron cuatro civiles.
Por otra parte, once personas murieron y 35 resultaron heridas por diversos ataques cometidos en la provincia petrolera de Kirkuk, en el norte del país. Tras estas masacres, el Ministerio del Interior opinó que "es necesario un cambio en los planes de seguridad para luchar contra el terrorismo de Al Qaeda". Sin pruebas, el gobierno acusó a ese grupo "que pretende eternizar su existencia mediante el uso de células dormidas y de propaganda para lavar el cerebro de los jóvenes con lemas que legitiman la guerra santa". «
Ansa, dpa y Efe
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