"La muerte digna se impone por nuestra condición de persona"

Además de su reconocida trayectoria en el ámbito de la medicina legal, el Dr. Rodolfo Arancibia es uno de los integrantes de un Centro de Estudios en Bioética que en breve será presentado en la ciudad. En diálogo con LA OPINION, habló de las razones por las cuales la reciente ley aprobada por el Congreso le otorga al paciente el lugar que "por su condición de persona humana" desde hace tiempo debió haber tenido. También marcó las diferencias que plantea la muerte digna respecto de la eutanasia.
La sanción durante la última semana de la ley conocida como "Muerte digna" no debiera quedar como una simple innovación en materia legislativa, que despierta diversas adhesiones y rechazos, sino que está llamada a ser una gran oportunidad para replantearnos y reflexionar, en pleno siglo XXI, acerca de nuestras concepciones sobre la vida, sobre la muerte y sobre el rol que debe cumplir la medicina.

Es que entender los fundamentos de esta medida obliga a dejar atrás ciertos paradigmas que aún tienen vigencia en nuestra sociedad, y que se vinculan con temas muy caros a la vida de toda persona. La ley de Muerte digna modifica "de manera oficial" el significado que tenemos de la muerte y la coloca en una nueva dimensión.

Por su trabajo como médico forense, el Dr. Rodolfo Arancibia trabaja a diario con la muerte. A pesar de esto, se siente un privilegiado. Dice que su labor en el ámbito de la medicina legal le permite ver que otro mundo es posible, y le ayuda a valorar lo que tiene.

Tal vez sea por su cercanía con los momentos culminantes de las personas lo que le haya despertado el interés por los estudios vinculados con la Bioética. Una especialidad que va encontrando eco en la ciudad y que en las próximas semanas tomará forma definitiva cuando sea presentado en sociedad el primer Centro de Estudios en Bioética de Rafaela (ver aparte).

Arancibia forma parte de este espacio y accedió a dialogar con LA OPINION sobre un tema que evidentemente le apasiona, y en torno al cual no duda en exponer todos sus conocimientos y todas sus convicciones. Se considera una persona creyente y habla con naturalidad y firmeza sobre temas donde pesan muchos prejuicios.

Su planteo es claro: la muerte es parte de la vida y, una vez agotadas las posibilidades de la ciencia, la persona debe tener la posibilidad de disponer cuál es la mejor forma de sobrellevar este momento. Considera que en algunos casos lo que se termina prolongando es la muerte y no la vida. Además, cree que el médico debe saber decir "hasta acá llegué". Pero se muestra contrario a la hora de avalar la eutanasia.

"Independientemente de nuestras concepciones religiosas, la muerte es parte de nuestra vida. Es un proceso que cada uno vamos a tener que transitar un día. Lo que se busca es que, bajo ciertas condiciones, se pueda otorgarle a este momento la mayor calidad de vida posible. Aunque parezca contradictorio creo que, en algunos casos, se termina prolongando más la muerte que la vida", expresó Arancibia.

A pesar de haber sido votada por unanimidad, es muy difícil afirmar que en el seno de la sociedad la ley cuente con el mismo grado de acompañamiento. Por el contrario, las voces opuestas están a la orden del día. En este sentido, el especialista estima que se trata de una cuestión de "negación" al abordaje del tema, más que de una resistencia.

"Quizás lo que nos falta es hablar un poco más de la muerte como parte de la vida. Yo no creo que haya mucha gente que quiera pasar un sufrimiento irreversible, donde la ciencia no tiene nada por hacer, sin tener la posibilidad de aliviar ese dolor y de poder decir en un momento dado «ya estoy preparado para el viaje», agregó.

Para el médico, la muerte digna también modifica la manera en que se concibe al paciente, otorgándole derechos que nunca debiera haber perdido por su condición de tal. Es decir, primero que el paciente, es persona y ello lo pone por encima de lo que la medicina o la ciencia puedan llegar a decidir por él.

"El paciente, no es sólo paciente. Es además persona. Y lo que esta ley está diciendo es: «oigan, acá hay una persona». Hoy en día, hay personas y grupos familiares que desean tener la oportunidad de decidir y hacerse cargo de su propia muerte, y por un cientificismo médico reñido con el diálogo oportuno, la comunicación, la concepción de hechos nuevos con el paciente, y particularmente desconociendo los principios bioéticos, bloquean esa voluntad de la persona paciente.

¿Cómo se debe entender el rol del profesional médico en todo esto? ¿Cómo es que llega a abandonar toda posibilidad de evitar la muerte?

Como médicos tenemos que saber decir “hasta acá llegamos”. Salvar vidas, no significa prolongar la muerte. Y tener una persona con 18 «caños» en una situación donde sólo hay una bomba que tira sangre, la situación se cae por su propio peso. La misión del médico no es salvar vidas, sino acompañar la salud de la gente. Salvar es el resultado. La obligación nuestra es una obligación de medios.

¿Qué pasa con las creencias religiosas y el mandato de los hombres a proteger la vida?

Desde un enfoque religioso, la muerte digna debiera adquirir aún más valor. En este proceso de la vida que llamamos muerte, yo como persona paciente tengo la convicción de que la vida es un paso para lo otro. Algo que toda religión plantea. No está mal pensar en el milagro. Pero esperar un milagro lleva también una cuestión de respeto por la dignidad.

¿Qué diferencia hay entre muerte digna y eutanasia?

A pesar de que algunos pretenden confundir, el proyecto no consagra ni la eutanasia ni el suicidio asistido, que están penados por la ley argentina, sino que garantiza el marco dentro del cual, el paciente puede ejercer el derecho de decidir en síntesis, sobre su calidad de vida. La eutanasia provocada por el médico, con o sin solicitud del paciente, no posee el vínculo ético moral de la muerte digna.

¿No se podrían utilizar los mismos argumentos para la defensa de la eutanasia?

La eutanasia está penada por no cumplir con los principios que tienen que ver con el no daño, la no maleficencia, la justicia. En estos casos, el paciente no está en una situación extrema de la vida como lo plantea la muerte digna. Uno puede estar cuadripléjico, pero no está en las condiciones que plantea la muerte digna. Es cierto, no tiene calidad de vida y está en una situación irreversible. Pero aún puede vivir bajo ciertas condiciones de calidad en todo este proceso.

Pero también se estaría dando valor a la voluntad del paciente.

Seguiría siendo una decisión voluntaria del paciente. Pero el médico no estaría ante una situación irreversible, intratable o incurable. Podría ser incurable pero no intratable. El paciente que pide la eutanasia no necesita estar las 24 horas conectado a una máquina. Alguno dirá que tampoco lo que tiene es vida. Pero con ese criterio un mendigo podría decir lo mismo. Por eso es importante tener en cuenta las condiciones médicas. La eutanasia no resuelve casos que están en el extremo de la vida, en proceso de la muerte. Y al profesional médico lo compromete mucho más.

¿La muerte digna no implica al médico ningún cuestionamiento ético o moral?

El único cuestionamiento que un médico puede tener en el caso de la muerte digna es no haber realizado bien su diagnóstico. En no haber determinado lo más fehacientemente posible el caso irreversible. Pero en cuanto a la atención médica, es algo que quedará regida por el consenso, el cumplimiento y respeto de la voluntad del paciente y su grupo familiar.

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