Edgardo AlfanoCristina Kirchner no cambiará después del paro y la movilización de un sector de la CGT y tampoco modificará sus planes Hugo Moyano.
La pelea entre ambos seguirá y tiene una próxima escala que será la designación del nuevo secretario general de la CGT.
No hubo sorpresas en la movilización y en la medida de fuerza convocada por Moyano.
El gremio de los camioneros y sus varias ramas hicieron el mayor aporte para llevar a miles de trabajadores a la Plaza de Mayo.
Después acompañaron los gremios que están en esta pulseada junto con Moyano.
Los demás, los que apoyan al gobierno para sacar a Moyano de la CGT le dieron la espalda y muchos sumaron sus firmas en una solicitada publicada en los diarios y que fue alentada desde la propia Casa Rosada.
De todas formas, lo que se especulaba que iba a pasar, pasó y Moyano usó su discurso para devolverle los golpes que le propinó un día antes CFK por la cadena nacional.
Dijo que el paro y la movilización no eran destituyentes como sugirieron de la presidenta para abajo, pero lanzó su dardo más filoso cuando dijo que en la Argentina hubo dos tipos de exilio, los que se exiliaron en el exterior y los que se exiliaron en el sur del país a lucrar con la 1050, en una clara alusión al matrimonio Kirchner.
Se refirió así al drama de los que perdieron sus casas producto de la crisis económica y la imposibilidad de pagar sus créditos, que fueron ejecutados por estudios de abogados.
Y por si faltaba algo, le dijo a Cristina que su gobierno impone las cosas como si fuera una dictadura.
Pero en medio de la pelea entre Cristina y Moyano, hubo algunos aspectos del discurso presidencial que causaron malestar en los gremios que están alineados con el Gobierno.
Sucede que cuando CFK respaldó la política oficial sobre el impuesto a las ganancias y criticó a los que reclaman modificaciones en ese tributo al trabajo, dejó mal parado a los dirigentes sindicales que representan a esas organizaciones.
Los docentes de la CTERA, que responden a Hugo Yasky, y son el pilar de la CTA oficialista, vienen reclamando desde hace tiempo cambios en el impuesto a las ganancias.
Ocurre lo mismo con la UOM de Antonio Caló, que aparece como el candidato más firme de la presidenta a ocupar el sillón de Moyano en la CGT.
Lo mismo puede decirse del gremio de los mecánicos, SMATA, que hoy comulga con el kirchnerismo o de los independientes que también están con la presidenta.
La UOCRA, UPCN y Obras Sanitarias apoyan el cambio en ganancias y ni que hablar de los denominados gordos (Comercio, Alimentación, Luz y Fuerza, Sanidad y otros) que están contra Moyano.
Son los mismos sindicalistas que se sorprendieron cuando la presidente dijo que solo el 19 % de los trabajadores están comprendidos bajo ese impuesto.
No porque sea mentira o porque signifique el doble de los que pagaban hace más de diez años, sino porque el gobierno está blanqueando el altísimo nivel de bajos salarios que se pagan en la Argentina, lo que significa que algo está funcionando mal en el modelo.
Y lo reforzó la misma presidenta al señalar los sueldos que tenían los gendarmes que murieron en un trágico accidente. Sueldos que dependen de la política salarial del gobierno para las fuerzas de seguridad.
Pero no fue lo único que blanqueó CFK. También lo hizo con el alto nivel de inflación que tiene la Argentina y que el gobierno se empeña en poner debajo de la alfombra para proteger los números del Indec. Fue cuando señaló que en Europa se sorprendían porque en la Argentina ningún gremio negociaba salarios por menos del 20 por ciento.
Eso no admite más de un significado: es producto de un nivel inflacionario muy alto en el país. Y parece no ser el mejor ejemplo para otras naciones.
En cambio, nada hubo en el discurso de las asignaciones familiares que dejan de recibir miles de trabajadores cada vez que reciben un aumento y superan el límite establecido por el gobierno para cobrar ese beneficio.
De todas formas, nada hace pensar que la presidenta vaya a cambiar el rumbo de su gobierno y menos modificar el estilo hiperpersonalista que le ha impuesto.
En esto, el kirchnerismo está en un camino que no tiene retorno y la propia Cristina Kirchner está dispuesta a pagar los costos que sea necesario. Eso lo saben muy bien los ministros y secretarios de Estado. Los mismos que guardan silencio aunque no estén de acuerdo con algunas medidas que se tomen.
Pero también son conscientes del momento que viven los sindicalistas opositores a Moyano.
Sus fichas están jugadas con el gobierno y apuestan a que dese el poder se vacíe de legitimidad el Congreso de la CGT convocado para el 12 de Julio. Así el poder de Moyano se debilitaría aún más, aunque siga en su cargo. Pero estos mismos sindicalistas que hoy están con el gobierno no pueden negar que se alineamiento implica una subordinación total a las decisiones de la presidenta.
Saben que muchas cosas dependerán de esa obediencia, entre ellas, las millonarias sumas que el gobierno le debe a las obras sociales sindicales.
Una moneda de cambio que ya usaron otros gobiernos pero que el kirchnerismo la logró perfeccionar.




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