Por: Julio Barbaro.Las palabras de la Presidenta al asumir dejaron la sensación de que venían por todo, lo cambiaban al General por Néstor, y se ponían a interpretar todos los pasados para ajustarlos a la narración gestada en los últimos tiempos.
Cuando el poder carece de adversarios suele terminar creándolos en su mismo partido, y en eso estamos.
El ruido es exagerado, demasiado tiempo sin que se escuche otro discurso, como si nos hubiéramos acostumbrado al pensamiento único.
El peronismo era un jolgorio de ideas, un espacio enorme capaz de contener todos los debates de la sociedad. El actual gobierno piensa distinto, actúa como cualquier izquierda que se precie, persigue al disidente.
Un partido de obedientes es una novedad en nuestra historia, es un camino de alejamiento que no tiene retorno.
Moyano reivindicó el derecho a disentir, y no como individuo sino como institución, y en rigor como expresión de la más vigente de todas; en una sociedad donde los empresarios son camaleones y los funcionarios adoradores del silencio, el movimiento obrero asume su lugar responsable de expresar la conciencia colectiva.
Una enorme corriente de aire fresco nos despertó del temor de que nadie se animara a disentir, el debate volvió a vibrar en los medios, los alcahuetes gritaron sus denuncias y los seres libres aplaudieron el conflicto.
Que no se asuste nadie ni me hable de riesgo; lo peor ya pasó, el peligro grave era que sólo la Presidenta pudiera opinar y que sólo a ella le asignáramos el derecho a no equivocarse.
Apoyar al Gobierno implica siempre opinar aplaudiendo aciertos y exigiendo mejoras. Ahora termina la tarea de los que aplauden por oficio y se inicia la política, esa tensión entre el pensamiento y la acción donde el debate, la duda y la autocrítica son imprescindibles.
La columna vertebral del movimiento peronista se ha erguido para permitir la estabilidad de la cabeza.
Son esos momentos que tanto se reiteran los que vuelven a ponernos frente a la sabiduría del General y su legado. Y no olvidemos que Perón vivía convocando a los disidentes; por eso seguimos vigente.
Ayer Néstor y Cristina nos salvaron de la desaparición al expresar su rebeldía frente a la decadencia de Menem. Moyano y tantos otros los acompañaban. Son los mismos que hoy convocan al debate, son ellos los que nos invitan a pensar.
Superamos la tentación de la monotonía, de la Presidenta hablando y todos aplaudiendo. La democracia ha retornado. Seamos agradecidos.
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