Por Ricardo RoaMoyano hizo algo de manual cuando gobierna el peronismo: primero elogió a los Kirchner y después le reclamó más poder.
“La hora de los trabajadores”, hizo poner sobre el escenario. Todos entendieron que hablaba de él mismo. Y por si quedaba alguna duda, exigió más participación “en los tres poderes” . El Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial. Más claro, agua.
Avaló el veto al 82%, pero pidió mejoras a las jubilaciones, algo que debió dolerle al Gobierno.
En cambio, no le dedicó una palabra al uso de los fondos del PAMI y de la ANSeS ni a la desigualdad social, el trabajo en negro o la inflación. Eso es lo que se espera de un jefe de la CGT.
Fue clara la diferencia entre su discurso de ayer y el de la campaña en 2009: ahora, el apoyo a los Kirchner viene con condiciones.
Esto habla también de cuán incierta es la perspectiva electoral de los K, que se abrazan a Moyano aunque el camionero es un piantavotos entre los sectores medios. Tiene poder, no pueden dejar de hacerlo.
Nadie como Moyano ha sacado, además, tanto provecho de los recursos del Estado. Consiguió para Camioneros unos 25 mil afiliados nuevos, arrebatados a otros gremios. Y que las empresas de carga paguen la mitad de los aportes y tengan gasoil y peajes subsidiados: en un punto, eso termina en beneficio para su gremio.
Hasta creó un sindicato a la medida de uno de sus hijos.
Cerró el acto por el día de la Lealtad Peronista con una promesa: volver a movilizar su aparato el 1° de Mayo y juntar “un millón de personas para respaldar a quienes garanticen la profundización del modelo” . Ni inocente ni retórico, no aseguró que ese apoyo será para los Kirchner.
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