Caló y Moyano, apuestas diferentes

Por Ricardo Kirschbaum.

El candidato a secretario general de la CGT oficialista, Antonio Caló, habló de la inflación , palabra prohibida en el Gobierno. Dijo que está entre el 23 o el 24 por ciento anual, casi cerca del triple del que calcula el INDEC, organismo empecinado en medir un costo de vida a tono con lo que dicta la estrategia oficial.

Caló es metalúrgico y debe defender el salario de sus representados en las paritarias, donde pactó un incremento del 23% . Está totalmente encuadrado detrás del gobierno de Cristina Kirchner, pero sabe que no es posible ignorar lo que todos los días los trabajadores sufren con la inflación . Por eso, y por la necesidad de no lucir extremadamente oficialista, levanta consignas parecidas a las que agita el camionero Hugo Moyano: elevación del mínimo no imponible y asignaciones familiares .

El metalúrgico parece estar seguro de que, una vez electo como titular de la CGT, sus plegarias serán atendidas. De lo contrario, el sacrificio no tendría sentido.

Buscó relativizar su cuestionamiento al INDEC al decir que no cree en él como tampoco creyó en tiempos de la ley 1.050, de indexación de créditos hipotecarios en tiempos de la dictadura militar , cuya aplicación provocó miles de desalojos en esos tiempos aciagos, que enriquecieron a algunos .

Caló quiere demostrar que el diálogo con el Gobierno es más productivo que la confrontación y que, con la misma agenda, el oficialismo sindical obtendrá mejores réditos que los métodos más frontales que alienta Moyano. Sin embargo, no parece calcular que esta administración no tolera comportamientos autónomos ni espacios críticos . Sólo la estricta obediencia garantiza el calor oficial.

Si la inflación admitida –la real es aún más alta que la que calcula el metalúrgico– obliga a la futura CGT-Balcarce a una actitud menos contemplativa , seguramente la relación con la Casa Rosada se modificará.

Eso lo puede explicar muy bien Moyano, que ayer se dedicó a responder a Cristina y a alguno de sus lenguaraces , como Randazzo, durante el acto en homenaje a Eva Perón.

Moyano, en su disidencia, está enviando mensajes al peronismo político y al sindicalismo. Calcula que el ajuste – otra palabra erradicada del léxico oficial como si no al llamar a las cosas por su nombre éstas desaparecieran mágicamente– inevitablemente está cambiando la relación objetiva entre el Gobierno y los trabajadores. Y ese proceso necesita un espacio que contenga a los disconformes y que, al mismo tiempo, los exprese . Esos cambios de humor –él mismo es un ejemplo– tienen consecuencias políticas. Moyano apuesta a ser el receptor de ese proceso y, al mismo tiempo, convertirse de nuevo en referente de los gremios que hoy arropan a Caló como antes lo apoyaron a él.

Moyano y Caló bailan el eterno minué del sindicalismo peronista.

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