Mientras los jóvenes y la comunidad hacen política en el mejor sentido, tratando de influir sobre los poderes de decisión, durante la semana que se fue buena parte de la dirigencia política vernácula dio otro espectáculo lamentable.
La movilización de la comunidad para defender cosas que le pertenecen o para conseguir avances en aquellas problemáticas en las que el Estado -o quienes lo representan- ha estado ausente, volvieron a quedar en evidencia durante la semana que se fue, aún pasado el tiempo electoral, en el que se supone que todas las demandas y reclamos se hacen públicos porque supuestamente los políticos/candidatos tienen los oídos más atentos y receptivos a la ciudadanía.
En una de las manifestaciones, los integrantes del Foro por la Niñez, con el aporte del Movimiento Pampeano por los Derechos Humanos, le recordaron a los diputados provinciales que tienen la obligación de atender la voz de aquellos sectores preocupados desde hace tiempo por la problemática, y que tienen una visión que excede la de los representantes “institucionales” y “formales”.
En la otra movida, que se convirtió en el tema periodístico del fin de semana, un numeroso grupo de vecinos de Santa Rosa decidió plantarse enérgicamente ante la política de los hechos consumados con la que otra vez el gobierno provincial de Oscar Mario Jorge pretende imponer una decisión antipática e inconsulta, que supone la eliminación de un muy concurrido espacio verde.
El parque de la esquina de Avenida Belgrano y Corrientes es visitado cada fin de semana en forma masiva, pero eso no le importó a la gestión ejecutiva de la Provincia, que al principio de manera sigilosa, y siempre sin atender la posición de los especialistas o de los involucrados directos, tramó el engendro de un centro cultural en un lugar impensado.
Aunque resulta obvio escribirlo, tampoco está de más: quienes resisten la entrega del espacio verde no están contra la construcción de un centro cultural en la capital pampeana, sino que en todo caso cuestionan el sitio que les vino en gana al gobernador y a los suyos para instalar ese emprendimiento, que por otro lado no fue sugerido precisamente por trabajadores del arte y la cultura.
El estilo burocrático de Jorge, que parece negado a la posibilidad de flexibilizarse a sí mismo, genera este tipo de reacciones, pacíficas pero convencidas; educadas pero enérgicas, frente a las cuales el papel del Ministerio de Educación -en este caso- es penoso: limitó su accionar a ver qué docentes o alumnos estaban presentes o ausentes en el establecimiento cercano, en lugar de entablar algún canal de diálogo que pueda enriquecer incluso la visión que el oficialismo tiene sobre el tema.
La movilización incluye un detalle nada menor: se trata de otro episodio en el que los protagonistas centrales son jóvenes que salen a defender lo suyo, a tono con lo que viene ocurriendo en los últimos años, en que las puertas abiertas a la participación política oxigenan la chance de que las nuevas generaciones se organicen de manera colectiva para luchar frente a decisiones que llevan el sello -en su estilo y en sus metodologías- de una generación de políticos que va dejando paso a otra cosa.

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