Se usaba el método de insecto estéril para combatir la plaga que afecta a la producción de verduras.
En el año 2003 se intensificaron las medidas para lograr que a la fruta de San Juan se le saque la perjudicial etiqueta que la ubica entre las provincias con esta plaga y que impacta en la economía porque impide su exportación y comercialización.
En estos 7 años, se utilizó la técnica del macho estéril con moscas traídas de Mendoza, Guatemala y en la última campaña netamente sanjuaninas, generadas en la Bioplanta que tiene el Programa de Control y Erradicación de Mosca de los Frutos (Procem) para tal fin.
De esos mismos sitios se obtienen los machos estériles que se diseminan en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén para controlar la plaga. El Alto Valle está considerado libre de esta plaga lo que le permite a los fruticultores ingresar a mercados exigentes como Estados Unidos y en la región el Procem ha hecho evaluaciones positivas en cuanto a que cuando surgió un brote se lo pudo controlar con rapidez.
Según el periodista Mario Luis Romero de San Juan, la técnica utilizada para combatir la mosca que daña las frutas es en base al macho estéril, que es un ejemplar que cuando copula con las moscas silvestres evita la eclosión de los huevos. Una mosca hembra puede tener una descendencia de hasta 800 hijos, de los cuales 400 son hembras y en 21 días, cada una de esas hembras pueden tener 800 huevos más.
En los resultados de la última campaña, los técnicos observaron que de septiembre a diciembre el plan marchaba sobre ruedas, pero los meses de enero, febrero y marzo todo se iba a pique y la mosca de los frutos volvía a tomar fuerza y a recuperar sostenidamente su población.
Altas temperaturas
¿Por qué se daba este fenómeno? El diagnóstico arrojó que las razones de ese problema eran varias: en primer lugar, la manipulación con altas temperaturas de las moscas no era el adecuado y la genética de las moscas no era para nada buena. Por otro lado, la liberación de los machos estériles se hacía en horarios poco convenientes y esto ocurría porque sólo contaban con un avión para hacerlo.
"Nos dimos cuenta de que la competitividad de nuestras moscas no era la óptima y que estábamos por debajo de lo bueno, esto comparado con un estándar, que está reglamentado y tiene categorías: muy bueno, bueno, regular y malo, y nosotros estábamos en lo regular. Es decir, nuestras moscas tenían que ser mucho mejores que las silvestres para poder funcionar y no lo eran. Entonces, lo que se decidió fue mejorar el trato de las moscas y, por otro lado, ver la posibilidad de cambiar genéticamente lo que teníamos. Ahora vendrán de Austria'''', comentó Jorge Escobar, titular del Procem
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