Una derrota increíble sufrió Deportivo Morón ante Flandria (2-3) en el Francisco Urbano que reestrenó su iluminación. El Gallo empezó perdiendo, dio vuelta el resultado con goles de Ariel Otermín y Damián Akerman (suma 105 en el Club) pero Flandria le ganó con dos goles en los cuatro minutos adicionales.
que va último y todavía no ganó (el último triunfo fue ante Morón, 3-0, en el camponato pasado). El martes (21hs., sin TV) Morón jugará el partido postergado con Barracas Central en el Francisco Urbano.
No hay caso, Deportivo Morón no puede manejar los tiempos, sus tiempos. Los climáticos, donde le cuesta despejar los nubarrones y los del reloj cuyas agujas le punzan la tensión y la ansiedad. Todavía con el fresco recuerdo del agónico empate en Adrogué (empezó ganando y casi pierde) ésta vez le salió al revés. En casa y ante Flandria empezó perdiendo, lo dio vuelta y lo perdió con dos goles en tiempo adicionado (fantasmas de Varela, abstenerse). En lo previo para Morón era un partido accesible o al menos una buena oportunidad para encaminarse. Frente a un rival que venía último en la tabla y sin haber ganado todavía, con problemas internos y un técnico a punto de irse. De hecho estuvo a dos minutos de hacerlo. Además, un resultado favorable le servía en las dos tablas.
En el promedio, para superar a su rival y en la general para quedar a tres puntos del puntero Villa Dálmine y el partido pendiente con Barracas. Pero el destino se empecinó en mostrarle lo contrario. Morón presentó dos cambios, la vuelta de Gonzalo Juárez (por Martín Cadelago) y Mariano Martinez (por Ramón Ábila). El partido empezó parejo con Morón intentado un poco más que Flandria. El Canario, conciente de su complicado presente priorizó el cuidado defensivo y sólo intentó alguna contra. Sin embargo, se puso en ventaja sin haber llegado hasta Migliardi. Fue apenas pasada la media hora, una falta de Dante Zúñiga (llegó a la quinta amarilla y no jugará ante Colegiales) provocó un tiro libre que Walter Bravo ejecutó de manera espectacular y colgó la pelota en el ángulo izquierdo de Chiche. Enseguida Flandria se perdió el segundo porque Migliardi se anticipó al disparo de Vázquez.
Morón salió a buscar la igualdad y la encontró enseguida, por la misma vía pero más complicada. En otro tiro libre, Mariano Messera envió la pelota al corazón del área menor, el arquero la rechazó con los puños, la cabeceó Cristian González y pegó en el travesaño, el nuevo rebote le quedó a Otermín, que también de cabeza, empató con su primer gol con la camiseta del Gallo. La primera parte se fue con más tibios intentos de Morón y el conformismo del Canario. El segundo tiempo empezó con menos vértigo pero con las mismas intenciones. A los diez minutos Morón pasó a ganar con un gol de Damián Akerman que capturó un rebote tras un centro de Martín Cabrera. Un párrafo aparte para Akerman que siempre dijo presente en la red cada vez que Morón convirtió goles en éste campeonato.
El cordobés es el goleador del torneo con 9 conquistas y lleva 105 en el Club. Volviendo al partido, con el resultado a su favor parecía asunto terminado para Morón, sólo parecía. Esta vez Daniele obró en consecuencia, para oxigenar el medio campo reemplazó a Zúñiga por Espinoza y antes Lezcano había entrado por Messera. Pero faltando veinte minutos se fue expulsado Martín Granero y vuelta a reacomodar. Lionel Coudannes suplantó a Mariano Martinez. Entonces Morón quedó con dos líneas defensivas más Lezcano y Akerman adelante quienes no pudieron concretar las opciones que tuvieron para liquidar la cuestión. De a poco Flandria, que contaba con un Bravo (Walter), un Bueno (Pablo) más el resto aceptable y aguerrido, se animaba pero no podía. Hasta que llegaron los fatídicos cuatro minutos adicionados.
En el segundo de ellos el recién ingresado Cuevas capturó un rebote dentro del área menor y definió abajo para lograr la igualdad y enmudecer al Francisco Urbano. Dicen que quien pega primero pega dos veces y parece que quien pega último también. Ni siquiera hubo tiempo para lamentarse. Morón sacó del medio intentó un avance perdió la pelota que se la llevó el zurdo Barbieri por la franja izquierda, cuando llegó al vértice del área mayor sacó un exquisito remate de derecha y la clavó en el ángulo, al segundo palo de un atónito Migliardi. Morón hizo todo el esfuerzo y en una ráfaga de viento se quedó sin nada. Su gente se fue cabizbaja, sin entender el porque ni la manera. Desencantada por un Morón que, sin escalas, pasa del sol a la tormenta y viceversa pero siempre en medio de una nubosidad variable. En la fría noche del Urbano, con el reestreno de la luz, Morón empezó entre sombras, después se iluminó pero al final, terminó fuera de foco.

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