Cada vez más inmigrantes mueren durante el cruce por el desierto
La bolsa, cubierta de polvo, contiene también una pelvis quebrada, un fémur y unos pocos huesos más pequeños hallados en el desierto en junio, junto con un par de zapatillas.
"Estas personas probablemente nunca sean identificadas", dijo Parks, el jefe de forenses de Pima County. En las camillas se apilan otras ocho bolsas blancas con cadáveres.
La morgue de Pima County se está quedando sin espacio. El número de cuerpos de inmigrantes encontrados en el desierto cerca de Tucson creció este año durante la ola de calor. El aumento llega en un momento en el que Arizona está en una cruenta batalla legal sobre la ley que pretende alejar a los inmigrantes del estado.
Pero la ley no impidió que los inmigrantes intenten cruzar a pie cientos de kilómetros de desierto en medio de la ola de calor. Hasta el momento, en julio se hallaron los cuerpos de 57 personas. Fue el peor mes de los últimos cinco años.
Este año, más de 150 personas sospechadas de ser inmigrantes ilegales han sido halladas muertas, una cifra muy superior a las 107 encontradas durante el mismo período en los dos últimos años. Este aumento ha abrumado a los investigadores de la Oficina de Medicina Forense de Pima County. "Tenemos capacidad para 200 individuos adultos, pero ahora tenemos más de 300, y casi todos son inmigrantes que cruzan la frontera -dijo Parks-. Cada vez son más."
El aumento de estas muertes se ha producido pese a que existen muchos signos de que el número de inmigrantes que cruzan ilegalmente la frontera disminuyó. En los últimos cinco años fueron aproximadamente la mitad del récord de 616.000 personas arrestadas en 2000.
No sólo la recesión de Estados Unidos eliminó muchos de los empleos que solían atraer a los inmigrantes, sino que además el gobierno intensificó sus medidas destinadas a detener los ingresos clandestinos. Estas disposiciones impulsaron a contrabandistas e inmigrantes ilegales a probar suerte en sendas aisladas que cruzan los desiertos y las montañas del sur de Arizona, donde a veces deben caminar durante tres o cuatro días antes de hallar un camino.
En la oficina forense de Tucson, el equipo de Parks se enfrenta con un enorme atraso de trabajo: 150 restos humanos sin identificar, uno de cuyos casos se remonta a 1993.
Cada día se esfuerzan por comparar los restos con las descripciones proporcionadas por las personas que han acudido a la oficina para informar la desaparición de un pariente, o con los informes de grupos de derechos humanos o de las autoridades mexicanas. Desde 2000, el equipo de Parks se ocupó de 1700 casos de individuos que cruzaron la frontera, y pudo confirmar la identidad de unos 1050.
Los investigadores buscan pistas en los objetos que llevaban los muertos? registros de votación, números de teléfono anotados en papeles, joyas, rosarios, fotos familiares. Pero las pistas suelen ser demasiado débiles.
El proceso lleva tiempo y los restos se acumulan. El lunes pasado, Bruce Anderson, el antropólogo forense de la oficina, recibió 14 esqueletos nuevos, que se sumaron a los 40 casos activos que está investigando.
También los patólogos están bajo presión. La semana pasada, la doctora Cynthia Portfield hizo cinco autopsias de inmigrantes ilegales muertos en el desierto y pudo identificar a uno: Jesse Palma Venezuela, de 30 años, que murió el 12 de julio.
Tres de sus compañeros de viaje habían intentado llevar su cuerpo de regreso a México, pero los venció el cansancio y lo abandonaron, envuelto en una manta y enganchado en las ramas de un árbol para impedir que los animales se lo comieran. Después volvieron a cruzar la frontera hacia México y notificaron a la patrulla.
Los agentes descubrieron el cadáver en el lugar exacto que habían dicho sus compañeros.
Comentá la nota