La primera jornada del juicio oral por la causa de la morfina dejó a una de las enfermeras más complicada. Pero esta primera audiencia en el Tribunal Oral Federal dejó traslucir el asombro de los jueces, expresado por el presidente del cuerpo, por el manejo de las recetas médicas para la obtención de la droga.
El caso de la morfina incluyó el seguimiento de los sospechosos, escuchas, allanamientos en farmacias y consultorios.
En la jornada de ayer declararon Ibarra, Arrieta y Jaimes.
La enfermera María Isabel Ibarra -quien aparece muy comprometida en la causa y por los primeros testigos escuchados- dijo que “siempre iba con Rubio. Ella les pedía las recetas a los médicos y me hacía bajar”.
Admitió que pidió las recetas al médico Andreatta, pero dijo que había pedido sólo tres. En rigor, en la causa aparecen cinco recetas, pero precisamente son las adulteradas: una de ellas, donde se recetaban cuatro ampollas, fue modificada por el número 34. Ibarra aparece cubriendo cargos de enfermería en hospitales del interior provincial.
En su casa se secuestraron electrodomésticos que serían parte de pago del abastecimiento de morfina a Rubio. También se secuestró un cuatriciclo.
Dijo que todos esos bienes eran comprados con los ingresos familiares.
Por el lado de Eva Nélida Arrieta, la otra enfermera acusada, dijo que conoció a Rubio durante una internación y que entablaron una amistad: “Me agradecía que le había encontrado la vena. Me fue a visitar cuando salió de su internación”. Pero después Rubio le pidió que le inyectara morfina: “Lo hizo con Sonia Casadei. La presión se hizo insoportable”. Casadei, chofer de Rubio, estaba citada para ayer, pero no puede ser ubicada.
Era una empleada leal a Rubio. “Me llamaban a las dos de la mañana”, explicó Arrieta. Finalmente dijo que aceptó darle cuatro ampollas “por una cuestión humanitaria”. Pero que “nunca me pagó nada”. En la causa está demostrado que esas cuatro ampollas fueron suministradas por Arrieta, aunque el debate apuntaría a si efectivamente cobró por eso.
En la casa de Arrieta encontraron antigüedades de la martillera Rubio. Por eso está detenido el esposo de Arrieta, Raúl Jaimes. Este dijo que “vendo antigüedades” y que el LCD y una video que vendió de Rubio “fue a consignación, le entregué los cheques. Ella le puso el precio”.
Testigos
En el juicio de ayer declaró el comisario Luis Correa. Dijo que el objetivo fue cortarle las vías de abastecimiento a la martillera Gabriela Rubio “por el peligro de vida” que sufría. Allí hubo una pregunta del defensor Omar Gebruers (patrocina a Arrieta y Jaimes): “¿Logró hacerlo?”. “Sí”, dijo Correa. Se sabe que la martillera, unos meses después, se suicidó.
Por la tarde declararon policías que participaron de los allanamientos, Mirta Susana Lloyd (vecina de Ibarra), la enfermera Blanca Esther Lynch y el médico Gerardo Minudri.
Lloyd es vecina de María Isabel Ibarra. Su nombre y su documento aparecieron en recetas utilizadas para la obtención de morfina. Al serle exhibida una receta que apareció en la farmacia San Damián, no reconoció su firma. También ratificó una frase que le dijo Ibarra: que tenía que ir a ver a Rubio pero “no tenía ganas”. Lloyd le aconsejó que si no tenía ganas que no fuera, pero Ibarra le dijo que le “pagaban”.
Otra testigo fue Blanca Lynch, enfermera del hospital de Colonia Barón. Dijo que Ibarra trabajó en ese hospital en marzo y abril de 2009, para hacer un reemplazo. “Estaba haciendo una guardia, le pidió morfina para un tío que estaba en el campo. Le pidió al doctor Rodríguez Huerta”, dijo Lynch.
Aunque dijo que no la había visto más en el hospital de Colonia Barón, le fue recordado que declaró que fue otra vez para pedirle morfina al médico Ariel Paladino.
Después fue el turno del médico Gerardo Minudri. Dijo que conocía a Ibarra porque trabajó como enfermera en el hospital de Catriló. Explicó que las recetas para la morfina son por “cuadriplicado”, aunque después se corrigió y dijo que eran por “triplicado”. Pero se sinceró cuando le preguntaron si cuando una persona pedía morfina le daban: “Poder se puede, cada cual se hace responsable de lo que hace”.
Y agregó: “Como favor, se puede hacer todo tipo de favores”. En este punto, el presidente del Tribunal, José Mario Tripputi, le pidió precisiones sobre la entrega de recetas “para aprender”. Allí el médico matizó, pero sus palabras anteriores quedaron sonando con estridencia. Dijo que aunque para recetar morfina uno tenía que “tener una historia clínica “ y “ver al paciente”, explicó que en los casos de los enfermos crónicos (por ejemplo de cáncer) se receta teniendo una referencia de haber visto al paciente antes.
Para la jornada de hoy está prevista la declaración de 24 testigos, entre ellos el ex subsecretario Rubén Ojuez. El fiscal Jorge Bonvehí pidió desistir de su testimonio, pero otra de las partes pidió su comparecencia.
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