Moreno: “No consulten a nadie, yo les mando a Débora y a Lorenzino”

Por Alcadio Oña

“El año pasado, en una reunión con 10 empresarios 6 decían que sus negocios funcionaban bien y 4 que andaban con problemas. Ahora, la ecuación se invirtió: 7 la ven mal y sólo 3 razonablemente bien ”. El comentario proviene de alguien que vive, justamente, de asesorar a empresas.

“No consulten a nadie, yo les mando a Débora y a Lorenzino ”, le ha dicho Guillermo Moreno a más de un industrial.

El “no consulten a nadie” alude a analistas que identifica por sus apellidos y, como suele perseguirlos, conviene mantener en reserva. Débora es Giorgi, la ministra de Industria, y Lorenzino, Hernán, el ministro de Economía. Moreno es secretario de Comercio Interior y tiene una jerarquía inferior a los dos: pura formalidad, pues maniobra con el vasto poder que le da la Presidenta .

Así están las cosas: en la economía y en el Gobierno.

Por temor a las represalias, los empresarios cuentan a cambio del anonimato. Dice uno: “Ya le perdí el miedo a Moreno. Si quiere la llave se la doy, pero el negocio, no”. Y otro: “Débora sale con el discurso del poder económico enfrentando al poder político, pero de tanto usarlo eso ya está gastado”.

El largo brazo del Gran Controlador asoma por todas partes. Cuando las compañías se ven forzadas a montar una verdadera ingeniería administrativa, para tramitar importaciones sin ninguna certeza de que se las vaya a aprobar. O cuando los exportadores deben ingresar divisas en plazos perentorios, difíciles de cumplir.

Hasta el año pasado, comentan, Moreno fijaba fecha para autorizar una transferencia de utilidades y la respetaba. Ahora, ni siquiera existe regla oral.

Nadie tiene asegurado que aquello que hoy emplea en el proceso productivo mañana no vaya a faltar, ni que pueda sustituirlo por un insumo fabricado aquí, con una tecnología equivalente a la importada. Costo de reposición se le llama a esto.

Todos los movimientos de Moreno están guiados por la necesidad de preservar divisas, tan escasas como surge evidente de la parafernalia de controles que se ha montado . Una muestra es el riguroso cerco cambiario, que si era necesario logró el efecto opuesto al que buscaba: deja la impresión de un ahora o nunca e incentiva la demanda de dólares, aún a $ 5,70.

“La política no se cambia”, retumbó desde la Casa Rosada, con la intención de desbaratar una iniciativa originada en el propio Gobierno: el desdoblamiento del mercado cambiario. Como si las restricciones de todo tipo y sin normas explícitas, pudiesen ser asimiladas a una política .

En el esquema imaginado habría un dólar relativamente bajo para ciertas importaciones imprescindibles y otro más alto para el resto y para las exportaciones industriales. Finalmente, uno caro en el caso de las operaciones financieras y el turismo.

El peligro de una movida así sería agregar más ruido al que ya existe. Y parece muy probable, si no va encadenada a un plan consistente, que dé señales y fije un sendero claros. Un plan que empiece por enfrentar a la inflación, la madre de buena parte o todas las distorsiones de la economía .

En los hechos ya existen tipos de cambio múltiples: retenciones a las exportaciones del campo; dólar comercial regulado; financiero y legal –el contado con liquidación para trasferir divisas al exterior– y paralelo o libre. También, una devaluación de facto , para quienes necesitan divisas y no pueden conseguirlas en el circuito formal..

Aún en su propia categoría de hipótesis, la reforma sirve al menos para exponer cómo funcionan los equipos en el área económica : ¿quién sería el encargado de administrarla? Suena difícil que Lorenzino y Mercedes Marcó del Pont, la jefa del Banco Central, pasen de ser dos piezas desdibujadas a una dupla con poder. Hace un tiempo, la Presidenta armó un comité integrado por ambos organismos: hubo un par de reuniones, y nunca más.

Soldada aplicada, salvo en contadísimas ocasiones Marcó del Pont se mete en internas. Lorenzino mastica bronca contra Axel Kicillof, la última estrella del firmamento K que le come atribuciones como un pacman, pero rigurosamente intramuros.

Seguro que Cristina Kirchner siente que le aporta soluciones, y por eso Moreno aparece por todas partes, hasta en el campo de Julio De Vido. A menudo luce como un bombero, aunque, se sabe, los bomberos se ocupan de apagar incendios .

Hay un clima espeso en el territorio económico oficial. Y como es parte del folclore kirchnerista, abundan las teorías conspirativas.

Desde luego, la Presidenta tiene la última palabra. Pero, también se sabe, cuando las tropas actúan descoordinadamente el riesgo de cometer errores crece. Sin ninguna sintonía fina, la orquesta desentona .

Lo prueban el avance del proceso inflacionario, la presión sobre el dólar, el cepo cambiario, las trabas a las importaciones y unas cuentas fiscales apretadas como pocas veces. Como hace años, la crisis de la estructura energética y, ahora, el repliegue de la actividad económica.

En el relato del Gobierno, siempre “todo está bien”. Habrá muchos que lo crean o efectivamente les vaya bien y unos cuantos que perciban otra cosa: el panorama que se nota y pintan escuestas recientes no da como para ser tan optimistas .

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