Monte Peloni pasó a manos de las víctimas de la represión

La Mutual por la Memoria y Fabricaciones Militares firmaron el lunes el convenio. Es un comodato por 12 meses con renovación automática. "Ahora es nuestra historia y deja de ser la de ellos", sostuvo Carmelo Vinci.
Apenas a un mes y ocho días para que se cumplan 35 años de aquella primavera del 77, Carmelo Vinci dibujó la firma. En la madrugada del 21 de septiembre -recordaba mirando las arboledas durante la inspección ocular de 2006- "me dieron una pastilla que me hundió en un sopor por varios días". Cuando recobró algún tipo de conciencia sintió el olor de la humedad y la sangre en esas paredes. Años después pudo ponerle nombre al envase donde le envolvieron todas las variantes del infierno: Monte Peloni. El militante de mirada fresca que soñaba con cambiar el mundo perdió la inocencia y tuvo la carne viva y quemada y el alma que se escapaba por las alcantarillas. Apenas a un mes y ocho días de que haga 35 años, puso la firma. Y la Mutual por la Memoria ya tiene la llave para desactivar para siempre el infierno y el candado para entrar y la vía libre jubilosa para transformarlo en lo que hubieran detestado los monstruos y los torturadores: un espacio de libertad desesperada. De memoria intensa. "Donde ya no sea la historia de ellos, sino la historia nuestra".

Carmelo Vinci dibujó la firma el lunes 13. A un mes y ocho días de que se cumplieran 35 años de los secuestros -desapariciones del 21 de septiembre de 1977. Fue en el edificio de Fabricaciones Militares y él, presidente de la Mutual por la Memoria, Rosana Cassataro y Carlos Gensón, protagonizaron el acto con el interventor Santiago Rodríguez del otro lado.

Hace un par de décadas que un grupo de ex detenidos desaparecidos venían presionando para apropiarse del ex centro clandestino de detención y desvestirlo de todo rastro de terror. Costó. Años políticos adversos, escasa voluntad de negociar, la investigación judicial del circuito represivo en marcha, la medida cautelar de no innovar sobre el edificio. Pero en el último año las cosas cambiaron. El propio Vinci admite que "(el diputado) César Valicenti (Frente para la Victoria) nos abrió todas las puertas; desde que él asumió, todo se aceleró". Las gestiones más concretas "empezaron cuando hablamos con De Vido, en el despacho de José (Eseverri). Pero nunca se movió". Este año la medida cautelar se levantó y el hecho político de que Fabricaciones Militares haya sido uno de los puntos clave que se asignó a La Cámpora fueron decisivos.

Lo que se firmó el lunes fue un contrato de comodato "por doce meses, con renovación automática", explicó Carmelo Vinci. Desde Fabricaciones Militares aclararon que "en virtud de lo acordado, la Mutual se compromete a destinar el predio como lugar de la memoria, incluyendo actividades académicas, culturales y de información".

Ahora el enigma es cómo se financiarán las obras de refacción de un edificio en estado de derrumbe. La Provincia está en bancarrota, la Mutual cuenta sus monedas. Sólo queda esperar el auxilio de la Nación. Especialmente, apostar a la casi seguridad de que será Fabricaciones Militares la que se hará cargo.

Volver a Peloni

Vinci volvió por primera vez a Monte Peloni con la Conadep, en 1984. Pero la alarma de horror que se activa en su estómago cada vez que llega es imperecedera. Los regresos son constantes: desde aquella inspección ocular con todos sus compañeros y el juez federal Juan Carlos Comparato en 2006 hasta las visitas con las escuelas para que comprueben los chicos que la historia se huele y se toca. Que el Estado torturó y asesinó tan cerca de casa.

No puede, aun a 35 años, dejar de recordar los sonidos de Monte Peloni fuera de la capucha. La sirena de la cantera Milesi, dos veces por día. El silbato del tren. El golpe rítmico y profundo de los borceguíes sobre el piso de madera. Los pájaros a lo lejos.

Esas "tres o cuatro hectáreas" que incluyen a la casa con la inscripción EA (Ejército Argentino) ya están en manos de la Mutual por la Memoria. El centro de torturas apropiado por los sobrevivientes. El infierno cierra una sucursal. Uno de sus locales, arrebatado para la vida.

"Nosotros perseguimos esto desde hace ya muchos años", dice con la voz algo cansada ya. "Otros compañeros ya fallecidos, que estuvieron también en ese centro clandestino de detención, trabajaron mucho para que se lo reconozca formalmente como tal" y la sombra de Mario Méndez se cuela entre los papeles y las firmas y las reivindicaciones a veces tan tardías. Como la Justicia.

"Es uno de los primeros centros clandestinos del interior que fueron reconocidos como tales. Desde ese entonces venimos trabajando con la intención de hacer un sitio para la memoria. Han pasado distintas administraciones y hasta ahora lo que podíamos hacer era sólo ir con alguna escuela, para ir generando conciencia en los alumnos y en la sociedad de que ese lugar había funcionado con ese fin y que por lo tanto era un lugar histórico. El tema permanecía un poco en la nebulosa", hasta que "César Valicenti al asumir como diputado provincial, o incluso creo que un mes antes, nos convocó porque venía trabajando con la gente de Fabricaciones Militares en este tema".

Y ahí va la historia. En ese rumbo va yendo. "Ya que nosotros nos salvamos que seamos nosotros, mientras tengamos algo de aliento, los que podamos explicarlo", dice Carmelo. "A los chicos que vienen con las escuelas, a los pibes de barrios carecientes, de muy baja autoestima, que tantas veces están perseguidos por la policía. En algún lugar se encuentran las historias". Pero desde ahora, desde el lunes cuando ya no tienen que perdirle permiso a nadie para entrar, cuando ya no hay que pedir tímidamente la llave para ingresar a los escombros del dolor, "es el cambio de la época, es nuestra historia. Ya no es más la historia de ellos".

Todavía mira las arboledas recordando las "visitas al baño": en fila y con ojos vendados al campo que parecía infinito. "Un día me llevaban hasta un árbol, vendado como siempre. Al acercarnos a una rama me probaron porque me largaron solo y como yo había logrado espiar, me agaché y la esquivé. Me molieron a palos".

Todavía busca ese árbol. "En uno de esos, cuando trajeron de vuelta desde Tandil a varios compañeros, a uno lo colgaron de una estaca y lo dejaron". Todavía no lo encuentra.

Todavía busca restos de su historia.

Todavía huele el mismo olor en las paredes.

El juicio

Las historias comienzan a cerrar. Son líneas circulares cuyos extremos poco a poco se encuentran, más temprano que tarde.

El jueves, tres días después de poner la firma en Fabricaciones Militares, Carmelo Vinci llamó al secretario del juez Roberto Atilio Falcone, presidente del Tribunal Oral Federal de Mar del Plata, para pedirle una audiencia. El mismo juez que presidió el juicio que condenó a los asesinos de Carlos Alberto Moreno será el que esté a la cabeza del llamado Monte Peloni I, a partir de la causa contra el primer grupo de militares que secuestró, desapareció y torturó a un grupo de militantes olavarrienses en 1977.

La idea es presionar para que el juicio sea en Olavarría y no en Mar del Plata. El primer pedido surgió directamente de la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia. El coordinador del Programa Memoria, Verdad y Justicia, Matías Moreno -hijo del emblemático abogado asesinado- se reunió con los fiscales. Y luego trasladará el planteo al Tribunal.

Moreno lleva el antecedente de que el juicio por el secuestro y muerte de su padre pudo desarrollarse en Tandil y la línea es que se enjuicie a los responsables en los lugares donde sucedieron los crímenes de lesa humanidad.

La fecha y el lugar donde los represores se sentarán por fin ante la Justicia se conocerá en pocos días más. Y será este año.

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