Monseñor Polti realizó la imposición de cenizas a los fieles con lo que marcó el inicio del tiempo de Cuaresma de los santiagueños

Durante su homilía, el obispo diocesano invitó a reflexionar sobre el verdadero sentido del corazón cristiano, que es la caridad.
Publicado el 23/02/2012 - El obispo de la Diócesis de Santiago del Estero, monseñor Francisco Polti, presidió anoche la misa con la que dio comienzo el tiempo de Cuaresma para los fieles católicos santiagueños, oportunidad en la que impuso las cenizas a cientos de fieles que se dieron cita en la iglesia Catedral de nuestra ciudad.

En la oportunidad, Polti aseguró que “la cuaresma, como tiempo propicio de conversión, es el momento de gracia que Dios ofrece para comenzar de nuevo, dejar atrás lo que no he hecho o he omitido en la práctica del bien”.

En su homilía, el prelado reiteró los conceptos vertidos en el documento de Cuaresma dado a conocer ayer y que compartió con su auxiliar, monseñor Torrado Mosconi, en el que llaman a los fieles a fijarse en el otro, y no ser indiferentes ante las necesidades de los demás.

Al mismo tiempo, acentuó que “la caridad es la palanca concreta del desarrollo humano integral que permite avanzar a la humanidad hacia la plenitud”, y dentro de ese marco, dijo que “el camino privilegiado para este desarrollo es la educación de nuestros jóvenes”.

Jóvenes

“En este ámbito alentamos a cada uno, cualquiera sea su responsabilidad, y en particular a los gobernantes, a tener inventiva, a tomar y poner en práctica las medidas necesarias para dar a la juventud las bases éticas fundamentales, especialmente ayudándola a formarse y a luchar contra los males sociales, como el sinsentido de la vida que lleva a la desesperación y el suicidio, el desempleo, la droga, la criminalidad y la falta de respeto a la propia vida que suele llevarlos a ponerla en riesgo por acciones imprudentes o a cambio de un poco de diversión”, enfatizó.

La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el cielo. La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.

Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un ‘hábito penitencial’. Esto representaba su voluntad de convertirse.

Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos de año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.

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