El mensaje de la homilía en el día de la Patria versó sobre el deber ser y el poder ser de la acción política.
La homilía del día de la Patria es un buen momento para que, desde el sector religioso, se deje sentir un mensaje hacia el poder político que conlleva sin dudas algún tipo de carga y connotación sobre cosas hechas o no hechas en el tiempo.
De todos modos, monseñor dejó un fuerte mensaje sobre “lo que atañe a la dignidad de la persona y a los derechos humanos no son cuestiones negociables”, en claro concepto de respeto por la persona que se encuentra enmarcada dentro de la comunidad.
Delgado en sus primeras palabras explicó que “la historia nos ha enseñado que cuando los argentinos hemos respetado nuestra Constitución, las leyes y las instituciones republicanas, el país creció y se desarrolló de un modo sostenible en el tiempo. A su vez, cuando debilitamos la ley o el estado constitucional de derecho, el país aminoró o detuvo su progreso, se deterioró la convivencia social y hasta se llegaron a violar derechos humanos fundamentales como la vida, la libertad, la justicia, la paz social, y la libre expresión de las ideas”, con ello anunció y mostró la polaridad de los pueblos y en especial el argentino que vive en etapas cíclicas complicadas.
En ese sentido, el arzobispo valoró el papel de la sabiduría y para ello trajo al presente al reinado de Salomón en Israel. El monarca en ese momento pidió “un corazón dócil, comprensivo, capaz de juzgar y gobernar a su pueblo y de discernir entre el bien y el mal. Tuvo el coraje de buscar lo que más necesitaba para gobernar con equidad y justicia. Por eso Dios le concedió un corazón sabio y prudente, y muchas cosas más”. Así es que marcó: “Si es un pedido sincero, no dudemos en contar con la ayuda de Dios para poder realizarlo”.
“La acción política y social es un empeño por la justicia, la paz, el bienestar, la armonía y el bien social auténtico”, que va en contraposición de quienes buscan éxitos individuales.
En su análisis del orden social y político del momento, la máxima autoridad religiosa dijo: “El poder político es para poder hacer el bien a todos, para poder servir al pueblo con nuestros talentos y con los recursos que le pertenecen. Sin embargo, la historia enseña que a veces el éxito y el poder pueden corromperse y convertirse en una seducción que abre las puertas a la degradación del derecho y al debilitamiento de la justicia y del bien social”.
Al profundizar el análisis, Delgado dijo que recordaba “cómo el poder político pisoteó y manipuló el derecho y la justicia, y el Estado se convirtió en instrumento para destruir y aplastar la dignidad y la vida de millones de hombres y mujeres, especialmente del pueblo judío, y para desencadenar una de las guerras más trágicas de la humanidad”, sobre todo al hacer un paseo histórico sobre lo que ocurrió en su momento durante el nazismo.
En ese sentido, usó el trágico pasado para decir que “el orden social necesita de leyes y de normas. Pero no basta con que la norma sea legal para que, sin más, sea una norma justa. Del mismo modo, en lo concerniente a la vida humana y a otras cuestiones importantes, no todo lo que es técnicamente posible y deseado es necesariamente ético y respetuoso de la dignidad del ser humano”.
Así, parafraseando a Luis Leonardelli, constitucionalista y ex diputado del PJ, el arzobispo sentenció: “Sólo los hombres justos pueden edificar una sociedad justa, plasmarla en estructuras permanentes, transmitirla en la educación, arraigarla en la cultura y así lograr sociedades con justicia y equidad”.

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