Puede sonar demasiado osado afirmarlo pero es la conclusión por poder reirse e inquietarse al extremo de sentirse ahogado por un clima de violencia, hipocresía, inseguridad e irresolución ante una cuestión que nos refleja todos: la inseguridad y nuestra condición social.
Es difícil caracterizarla, sin embargo podemos decir que abreva en el más puro grotesco criollo y a su vez en la más pura realidad argentina. Bueno, son sinónimos.
El mérito no es solo del director, que lo tiene holgadamente porque logró un equilibrio entre los actores. Además de un ritmo constante en la actuación permitiéndonos disfrutar de las interpretaciones y evitando cualquier distracción.
Oscar Pasquare ha alcanzado el mejor papel de su vida actoral, desde aquel "Marcelo" de Lázaro Morales que no lo veíamos tan libre, más aún, tan sin copiar a nadie y ser él mismo componiendo un patético pater familia.
Mauro Casco está laboriosamente irreconocible junto a una Rocío Ameris trasvestida en un marginal personaje que tranquilamente podemos encontrar en cualquier esquina de la ciudad pidiéndonos "un peso pa' la birra". Es notable.
Celeste Moore es una simbiosis entre la Emma Peel de "Los vengadores" y una "Barbarella" del postmodernismo.
Y Hugo Ledesma encarna sabiamente toda la hipocresía de la clase media.
El espejo en el que nos podemos reflejar es impiadoso. Hay para todos. Y el final no puede ser más redondo.
Contarles que el lugar es mágico suena a publicidad edulcorada. Pero el lugar es mágico y no se me ocurre otro escenario para ponerla en funcionamiento.
Hace algún tiempo sosteníamos que en Bahía Blanca no había directores de teatro. Bueno, Alberto Rodríguez, felicidades... En nuestra ciudad, hoy contamos con una capacitada dirección de teatro.
Imperdible.
En "La panadería", de Lamadrid 544. El domingo próximo a las 21 hrs. última función del 2012. Y prometen segur el próximo año.
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