Momentos peculiares

Estamos ante un nuevo desafío republicano. Vecinos recorren la ciudad en “marcha verde”, reclamando por el fin de las demoliciones que darán lugar a un sinfín de edificios en propiedad horizontal.
Otros vecinos reclaman desde la costa hasta el límite del partido por calles rotas, luminarias que no encienden o no están, basura que no se recoge, etc.

Mientras, el intendente Pulti juega al viejo juego de las fotografías: se lo ve sentado al lado del ministro Boudou, en un trío que acompaña, cariacontecido, Marcelo Artime. La crónica a salario municipal señala: “y desde la tribuna miran Cheppi, Segarra, y Rodríguez”. Muy gracioso: como si Boudou fuera a modificar la balanza electoral en Mar del Plata.

A diario, en los medios de “corte y pegue” locales se puede leer: “asfaltamos donde desde hace 40 años no se lo hacía”; “inauguramos luminarias en donde nadie había iluminado”. Una cháchara que, no por repetida, se vuelve creíble.

La historia que ha repetido Ariel Ciano una y otra vez es que “Gustavo es el político más reconocido de la ciudad”. Repetido hasta el cansancio como un mantra, el recitado ha llevado personas que considero inteligentes a creer, hasta no hace mucho, que si se presentara en estas elecciones, Pulti ganaría. Digámoslo: jamás ha tenido un porcentaje mayor al 30% de la totalidad de los votos, y ya no hay motivo para que la cifra crezca.

Por debajo de las víctimas visibles de su accionar -los empresarios de CARBA, o las cámaras de la construcción-, hay un entretejido de personas, de ciudadanos, que a diario ven cómo sin arte ni parte y sin razón sostenible alguna, Pulti los agrede y amenaza su estilo de vida.

No dan para tanto perorar los intereses cruzados que cita Pulti para justificar sus actos. Un ex funcionario comunal me dijo en tono casi confesional: “lo que pasa es que Gustavo desconfía. Donde cree que puede haber un negocio de alguien, ahí mete mano y paraliza todo”. A lo que Pulti teme es a que alguien, usando la política, haga un negocio y él se quede afuera. A ver si ahora, el mismo que se apropiaba de los cospeles de teléfonos públicos en la peatonal, el que fue artífice del negociado de estacionamiento medido, el que se colocó cámaras ocultas para evidenciar a otros ediles, nos va a hacer creer que está afectado de “alta moral”.

Poniendo las cosas en su lugar, el juez en lo contencioso administrativo Simón Isaach paralizó el proceso de entrega de la vieja terminal a Florencio Aldrey Iglesias. En la Argentina, cuando la justicia comienza a expresar nones al poder político, hay que pensar que a ese poder ya no lo ven como tal. Porque aquí sólo se juzga a los que se van, nunca a los que están.

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