No tuvo una semana fácil el gobernador Daniel Scioli. Las declaraciones del papá de Isidro (el bebé que falleció tras la salidera en el Banco Santander Río de La Plata), que apuntaron a supuestos dichos del mandatario provincial sobre que tenía las "manos atadas" para combatir la inseguridad, generaron un escándalo político de proporciones.
Varios funcionarios de la Gobernación entienden que muchos de los malos tragos que debe atravesar el sciolismo, en gran parte, son consecuencia directa del alineamiento con el matrimonio presidencial. Aseguran que, si no existiera el pacto político que une a Scioli con los Kirchner, se evitaría ser víctima de algunas ofensivas mediáticas emprendidas por la oposición y los monopolios informativos, abiertamente enfrentados con la quinta de Olivos.
“Nosotros seguimos pagando todos los platos rotos por la inseguridad, y Scioli, en definitiva, es el único que sale a poner la cara, casi en soledad, ya que desde la Casa Rosada dicen poco y nada”, dijeron fuentes de la gobernación. Y agregaron: “Seguramente, si estuviésemos en la vereda de enfrente a los Kirchner, no seríamos blanco de estas críticas interesadas”.
Además, el sciolismo tuvo que aceptar, a regañadientes, las últimas imposiciones políticas que llegaron desde la quinta de Olivos. Así es como, en el mismo acto en el que tuvo que salir a hablar de las denuncias del padre de Isidro, Scioli se mostró junto al ex titular de ARBA Santiago Montoya. El ex jefe de los sabuesos volvió a desembarcar en la administración bonaerense, siendo designado como titular del Grupo Bapro, un cargo menor si se tiene en cuenta la verdadera función que cumplirá: diseñar e impulsar una reestructuración económica y fiscal en la Provincia.
En realidad, la llegada de Montoya responde a un acuerdo político de Kirchner con el intendente de Tigre, Sergio Massa, y varios de sus aliados, entre ellos el propio ex jefe de los sabuesos de
ARBA. El santacruceño necesita integrar a todos los sectores posibles, desde ultraoficialistas a críticos, para darle sustento a la interna del PJ que se realizará dentro de un año y donde se definirán las principales candidaturas.
El ex recaudador bonaerense, tal como lo viene informando este diario, estará acompañado por el bahiense Dámaso Larraburu, otro operador político de Sergio Massa. Tanto Montoya como Larraburu fueron eyectados de la administración provincial el año pasado, por orden de los Kirchner, ya que decidieron no acoplarse a la estrategia electoral de los K en los comicios legislativos.
“Primero hacen que los echemos, y ahora los tenemos que recibir con los brazos abiertos”, se quejó un funcionario sciolista. El malestar tiene que ver, además, con que Massa aparece como uno de los rivales que puede llegar a tener Scioli -cuyo principal objetivo es conseguir la reelección en 2011- en la interna provincial.




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