Es el momento menos deseado del Cervecero

Es el momento menos deseado del Cervecero
La derrota contra Estudiantes mandó a Quilmes al último puesto en los promedios de descenso y generó una honda preocupación, ya que el equipo no brinda respuestas
Perder de la manera en la que Quilmes cayó frente a Estudiantes fue mucho más doloroso de lo que debió haber sido. Es que el Cervecero jugó muy mal y si el partido terminaba 1, 2 o 3 a cero, en lugar del 2 a 1 final con el gol agónico de Zapata, la bronca hubiera sido bastante menor a la que acabó siendo. Los hinchas de Quilmes pasamos de la alegría por sumar un punto de oro (e inmerecido, por cierto), a la angustia por volver a ver al Cervecero último en la tabla de promedios, una maldita costumbre, lamentablemente. La actuación del equipo de De Felippe fue alarmante. No tuvo línea de juego y careció de ocasiones de gol en los 90 minutos, a excepción del gol de Cauteruccio, que palabras más, palabras menos, se tiró el centro y la fue a cabecear. Puro invento del uruguayo. Igualmente, lo que más preocupa, es que los jugadores parecen haber olvidado cuál es el fin del Cervecero en este nuevo retorno a Primera: mantener la categoría. Y para mantener la categoría, hay que jugar cada partido como una final y no con la liviandad que lo hicieron el sábado en el hermoso estadio de Tolosa. Está claro que Quilmes es un equipo de B Nacional puesto a jugar en la A y desde lo futbolístico hace lo que puede (por eso se reclama otra actitud -compensatorio de las probables limitaciones técnicas-, la demostrada en las primeras 4 o 5 fechas). Los dirigentes mantuvieron la base del ascenso pero no trajeron los refuerzos de jerarquía que hacían falta para jugar en Primera y una vez acabados el entusiasmo del arranque y el factor sorpresa (los equipos de la A podían no tener claro cómo jugaba el Cervecero, el recién ascendido), además de contar con esa ventaja que por 4, 5 o 6 fechas pueden tener aquellos equipos cuyos jugadores se conocen, la cosa se iba a poner realmente complicada. Y es lo que está ocurriendo ahora. Quilmes en 10 fechas pasó de estar al tope en la tabla de promedios a ocupar el último lugar, en esa triste postal que para los Cerveceros de ha transformado en una concurrente pesadilla. Lamentablemente, llegó el momento menos deseado. Preocupa también que el rendimiento del equipo desde que arrancó el torneo fue claramente de mayor a menor y eso genera que las esperanzas de poder repuntar sean pocas, aunque a la vez, provoca esa ilusión de que de repente el Cervecero despierte y retome el camino del inicio (lo que no deja de ser realidad versus deseo, con todo lo que ello implica). En los momentos malos todo tira para abajo. Al pésimo juego colectivo de Quilmes, se suman pobrísimos niveles individuales. Y el mito de que se juega mejor sin Caneo, se cayó definitivamente ante el Pincha, ya que el Cervecero no tuvo a nadie que pusiera una pelota gol en todo el partido. En cuanto al DT, la falta de reacción para mover piezas o cambiar sobre la marcha, asusta. Si la intención era sumar de a tres, de mínima en el entretiempo debió poner a Díaz por Quílez (de flojísima actuación) y en todo caso, bajar a Garnier a la defensa, ya que tuvo mucho la pelota y aportó poco en ofensiva, cosa que Díaz hubiera podido resolver mejor. Sin embargo, los cambios llegaron después del 0-1 y tras larguísimas deliberaciones de De Felippe con su cuerpo técnico. Igual nótese que el único que podía llegar a cambiar el panorama era Leandro Díaz, ya que el resto del banco no daba garantías de poder torcer el rumbo del partido (es lo que hay). Para colmo Olivera (muy firme en el fondo) no podrá jugar contra River por 5 amarillas y Carli terminó con molestias, lo que genera dudas serias de cara a la formación de la defensa ante Millonario en un partido que será clave, ya que de perderlo, Quilmes bajaría al “1” de promedio, límite inmediato de la caída libre en la indeseable tabla. Así las cosas, da la sensación de que De Felippe deberá meter mano en el equipo. Y esto quiere decir, trabajar estos 14 días (12 en realidad, ya que les dio dos días de descanso a los jugadores tras la derrota del sábado, imagino que para sacarse el estrés) en alguna variante táctica (no hay casi posibilidad de meter cambios de nombres con el plantel corto que tiene el Cervecero). Quilmes necesita sumar puntos y sobre todo, ganar (especialmente de local) tras siete fechas sin victorias. Entonces, el DT tendría que afinar detalles en, por ejemplo, trabajar una línea de tres en el fondo (aún sin Olivera), cuatro volantes (dos con recorrido por afuera, como Garnier y Mansilla y dos por adentro, que podrían ser Cobo y Romero o Díaz), el enganche y dos puntas (no hay muchas variantes en este punto: Caneo, Caute y Telechea). O al menos, algo diferente a lo que viene haciendo, ya que hace rato no da resultados positivos. Quedan 84 puntos en juego de los que Quilmes debería sumar (al menos, hoy) 39, poco menos del 50 por ciento (que no es poco), por lo que la situación de Quilmes es muy preocupante. El equipo se desinfló conforme pasaron los partidos y no hay a la vista síntomas concretos inmediatos de recuperación. Estará en los jugadores y el DT, en su convicción, en su amor propio, en su hambre de gloria y trabajo futbolístico revertir este momento y retomar el camino correcto. Los dirigentes deberán apuntalar desde su lugar para que esto ocurra. Y los hinchas, esperar que todos los antes mencionados se den cuenta de lo que pasa por nuestras venas, corazón y cabeza, contagiarse y al menos, que desde la actitud demuestren que mantener la categoría está por sobre todo lo demás que pueda ocurrir, llámese internas (si las hay), sueldos atrasados (si los hubiere) o desacuerdos con cuerpo técnico (si es que existen). Quilmes en Primera es lo único que importa.

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