El último teórico que le queda al dasnevismo, el secretario de Trabajo y diputado provincial electo, Jerónimo García, ratificó ayer que los problemas para interpretar la realidad son una de las bases sobre las que se asienta la caída del Modelo Chubut.
Ese reduccionismo abarca la influencia de las políticas nacionales y entonces todo queda, según la óptica del dasnevismo, como una obra debida pura y exclusivamente a las acciones del Gobierno de la Provincia.
Ese eje desviado de pensamiento fue uno de los motivos de sus sucesivas derrotas electorales de este año y explica, también, el divorcio actual con la sociedad, que ha mostrado una capacidad de análisis muy superior a la de los estrategas del Modelo Chubut.
Incluir la figura de Eduardo Duhalde como parte de la acumulación de poderío electoral del peronismo, como lo hizo ayer García, podría entenderse como uno de los costados amargos del rol a cumplir por parte de quienes deben actuar como voceros del dasnevismo, pero es probable que esa definición no sea un producto para consumo público, sino que forme parte del extenso bagaje de equivocaciones del oficialismo, que toma derrotas como victorias y caídas en la consideración pública como una suma de traiciones y desagradecimientos, en lugar de aceptarlos como resultado del empecinamiento en análisis inconsistentes de la realidad.
"Que feliz que estoy de estar acá este 17 de octubre no para hacer un mero discurso peronista -habrá muchos en todo el país-, pero muchos de los que hacen discursos peronistas no le pueden mirar la cara a sus hijos”, dijo el propio Gobernador Das Neves, también ayer, al inaugurar un monumento a Juan Perón y Eva Duarte en Río Senguerr.
Ese tremendismo, esa vocación por imponer como sea el pensamiento propio como pensamiento único, es otro de los elementos que podrían explicar la distancia actual entre el Modelo Chubut y el electorado, que circulan por caminos cada vez más separados.
Si nadie frena a tiempo, es bien probable que esa distancia se acentúe y que las buenas épocas terminen siendo un nostálgico elemento de un pasado que difícilmente vuelva.

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