PorMARCELO A. MORENO
Ayer el ex director del FMI Dominique Strauss-Kahn visitó la sede del organismo en Washington para disculparse con los empleados por los malos momentos que debieron pasar a causa de su detención en Nueva York, bajo la acusación de violación. Lo acompañó su devota y cornuda esposa -él aceptó haber mantenido relaciones con una mucama del hotel, aunque sostuvo que fueron consentidas- y seguramente su notable cantidad de testosterona.
Strauss-Kahn admitió su “error” y, extrañamente, recibió una ovación de parte de unos 600 empleados. “Fue muy emotivo”, aseguró una fuente, que evitó referirse al nuevo juicio que el político enfrenta esta vez en Francia por -¡y dale con lo mismo!- intento de violación de una periodista.
Más al sur, desde Texas, se reafirma como precandidato por parte del Partido Republicano a la presidencia de los EE.UU. Rick Perry, el gobernador de Texas, famoso por haber aludido -según él, en broma- a la posible independencia de ese Estado del poder central.
Decir que Perry es crítico de Obama es decir poco: va mucho más allá. Considera que el actual presidente lleva a su país a una “deriva socialista” y su mayor crítica hacia el ex presidente republicano Bush es que no haya sido “lo suficientemente conservador”.
Evangelista a ultranza -se ha hecho famoso por organizar multitudinarias cadenas de oración para pedirle a la divinidad que hiciera llover en Texas-, está convencido que el fenómeno del cambio climático global es una teoría “ahora en descrédito inventada para quitarle más dinero” a los empresarios. El se define como un gobernador a favor de las empresas y jura que será un presidente a favor de las empresas.
Hoy es uno de los favoritos entre los republicanos para encargarse de ese trabajo.
Otra que pica alto en el “Tea Party” -republicanos fanáticos, que parecen superar a los “moderados” estilo Bush- es Michelle Bachmann, quien alborotó a la opinión pública hace pocos días al afirmar que el huracán “Irene”, que castigó a la Costa Este y amenazó Nueva York, fue un mensaje divino dirigido hacia los políticos para que recorten el gasto público.
Demostrando una familiaridad asombrosa con las potencias celestiales, aseguró en un mitin que “Dios ya no sabe qué hacer para llamar la atención de los políticos.” La sola formulación de que haya un ser omnipotente que no sabe qué hacer supone un desafío a la inteligencia, además de una herejía, lo cual habla del nivel intelectual de la candidata.
Al día siguiente Bachmann fue blanco de una variada gama de sarcasmos, por lo cual intentó bajarse un poco del caballo y autoelogió su sentido del humor.
Lo inquietante es que el incontenible Strauss- Khan estuvo cerca de presidir Francia y este par de interlocutores de la divinidad pueden terminar, muy terrenalmente, gobernando el país más poderoso de la Tierra.
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