“Está de moda ser de izquierda”

“Está de moda ser de izquierda”
Lucio Yazlle tiene una larga carrera como docente universitario en la Universidad Nacional de Salta. Lleva poco más de 40 años dando clases en la Facultad de Ingeniería, aunque su trayectoria como militante político supera por algunos años su carrera como docente.
Se define de izquierda y, en el ámbito político salteño, no caben dudas de que es uno de los referentes de este movimiento ideológico, no solo porque dedicó gran parte de su vida al estudio de las ideas, sino por la coherencia que lo caracteriza entre lo que piensa y lo que hace. En 1975 ingresó a la UNSa luego de recibirse de ingeniero agrónomo en la Universidad Nacional de Tucumán, donde también fue docente desde joven. Recuerda su vida de estudiante convulsionada por la situación sociopolítica que caracterizaba a la Argentina en esa década. Su militancia, originada en aquellos tiempos, continúa aún hoy.

Comenzó a militar desde muy joven. ¿Por qué decidió hacerlo y cómo recuerda aquella época?

Fue una etapa convulsionada en términos políticos. Argentina atravesaba una situación muy difícil. Yo venía muy incentivado. En mi casa se leía mucho, y mi familia desde chicos nos inspiró la lectura. Empecé militando en el centro de estudiantes del colegio. Luego me fui a Tucumán, donde los conflictos políticos tenían un eco muy grande. Allí se desarrolla una militancia más profunda.

Comenzó en la izquierda y hasta hoy perdura allí...

En Tucumán, ya de joven, milité en distintas organizaciones de izquierda. El Frente de Liberación Nacional fue el primero. Después milité en el Partido Revolucionario de los Trabajadores, que estaba dividido en dos: un sector se llamaba Verdad, que es donde yo estaba, y el otro era el sector combativo, que es desde donde nace el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo). Después este partido se transformó en el Partido Socialista de los Trabajadores. Desde el '66 hasta hoy que formo parte de la izquierda.

Hoy, después de tanto tiempo que pasó, ¿cómo analiza haber ingresado desde tan joven en la militancia?

Bien. Creo que la participación política es una experiencia extraordinaria, siempre que se realice sin un interés económico ni personal, puramente basada en las ideas, es muy válida.

¿Qué diferencias observa usted que hay entre la militancia de antes y la de hoy?

Antes la militancia era solo por las ideas. Estaba totalmente desvinculada de intereses personales y económicos. Recuerdo que yo participe como militante del “tucumanazo”, y en ese momento el interventor de la universidad nos ofreció cargos a los que militábamos como una manera de apaciguar nuestra ideas o de callarnos. Nadie le aceptó nada. Ahora es al revés, solo algunos núcleos son verdaderos militantes políticos. Hoy hay jóvenes que hacen cosas desinteresadamente, que militan solo por lo que piensan. Claro que no son mayoría.

¿Antes la juventud estaba más politizada? ¿A eso se refiere entonces?

Antes la juventud estaba más politizada, en el mejor de los sentidos. A muchos los mataron. En la universidad donde yo estudié desaparecieron alrededor de 300 personas.

Hace 42 años que soy docente y me sorprende la cantidad de jóvenes que trabajan por los demás. Sigue habiendo jóvenes que militan por sus ideas, que trabajan en cuestiones ambientales y en distintas áreas sociales y ninguno cobra un sueldo, pero son los que menos sobresalen.

¿Y por qué cree que se fue perdiendo el sentido de la militancia por las ideas?

Yo creo que el proceso de desarrollo del capitalismo fue avanzando cada vez más, y generó cambios en las relaciones entre la gente. Introdujo fuertes cambios, se logró incluso disolver el núcleo familiar. Hoy, la necesidad y presión de los jóvenes no solo son mediáticas sino que se orientan a obtener dinero. Las universidades con la ley de educación superior sancionada en el gobierno de Menem tuvieron que cambiar las currículas y se las adaptó a una matriz que exigía el Banco Mundial, lo que desarticuló los métodos de pensamiento. Así se transformó en una máquina de formar profesionales para ganar dinero, y se orientó la enseñanza en base a intereses de corporaciones y no a intereses sociales.

¿Por qué se alejó del Partido Socialista de Salta?

Me enojé muchísimo con el Partido Socialista cuando fue la Resolución 125, que marcó una lucha entre el Gobierno nacional y el sector rural. Ocurrió que el Partido Socialista marchó y apoyó a los sectores más ricos de la Argentina. Fue una obscenidad política. Yo creo que los partidos tienen que funcionar en base a la ideología, entonces no creo en las uniones o alianzas de la izquierda con la derecha.

En Salta el socialismo tiene pocos adeptos. En Rosario y Capital Federal es mucho más fuerte el apoyo. ¿No considera que, en muchos casos, la gente no conoce cuál es el eje de las propuestas socialistas, ni de qué se trata el socialismo?

Eso es cierto, por más que uno trate de explicar que en realidad es una propuesta que pone énfasis en la distribución del ingreso. Busca el poder para distribuir a través de reformas tributarias y, de este modo, lograr que paguen más los más ricos. La distribución es uno de los ejes de la propuesta socialista, tal vez el más importante.

Claro, tiene un contenido progresista fuerte...

Exactamente.

¿Por qué considera que la gente no los elige como mayoría?

Porque hubo mucho dogmatismo. En el caso de la izquierda en Argentina, la aparición del peronismo, con un fuerte discurso social, generó que muchos dirigentes de izquierda se pasen al peronismo. Perón tuvo una política de distribución del ingreso grande. Esto bloqueó a la izquierda.

¿Usted considera que la izquierda tiene un discurso que no llega a la gente?

El dogmatismo tiene mucho que ver. La izquierda habla del proletariado y de la clase obrera. Y la derecha busca programas de desgravación de la renta para empresas. Pero observe algo: las clases medias no entramos en los programas ni de la izquierda ni de la derecha. La clase media, programáticamente hablando, no está incluida en los discursos de los partidos. Nadie habla de lo popular incluyendo a toda la sociedad o a todas las personas que no entran dentro de la burguesía.

Para muchos, la diferencia entre socialismo y marxismo de hoy es un tanto complicada de distinguir. ¿Cómo explicaría la diferencia?

Una de las diferencias es que el marxismo plantea cerradamente el tema de la revolución proletaria, sin analizar que las relaciones de trabajo cambiaron mucho a través de los años.

Muchas veces los militantes de ultraizquierda en sus discursos repiten textualmente las palabras de Marx, cuando éstas hoy, lógicamente, no son aplicables. Es decir, algunas de las propuestas de la izquierda dura son anacrónicas. ¿Cómo observa esto?

Pienso que sí. Es muy dogmática y cerrada. Algunas posturas son buenas, otras no. Pero plantear una revolución proletaria es bastante ilógico hoy en el siglo XXI. En la etapa de los '60 y '70 en las agrupaciones políticas se estudiaba mucha historia, el marxismo incluido, claro. Yo dudo que en la izquierda, hoy, haya alguien que conozca realmente a Marx.

Claro, lo importante es contextualizar a Marx dentro de la época en la que vivió.

Marx escribió analizando el sistema capitalista del siglo XIX.

Pero hoy, las relaciones de trabajo cambiaron, y no son las mismas que las que existían en aquel entonces. Las discusiones que tuve con gente de izquierda, la mayoría debate sin profundidad, recitan a Marx. Hay que entender el comunismo en función de nuevos autores, no cerrarse y tratar de adaptar hoy textualmente a este autor. No obstante, Marx predijo cosas que hoy suceden: Cualquier fuente de producción iba a ser válida con tal de obtener altas tasas de ganancias.

¿En qué estadío se encuentra hoy la producción intelectual de la izquierda?

El aporte de Marx fue enorme, pero la izquierda hoy tiene una gran ausencia teórica. No se producen sino que se reeditan libros. Soy un viejo coleccionista de libros (N de la R: se da vuelta y señala la enorme biblioteca que tiene en su casa) y falta producción intelectual.

Hay gente que se dice de izquierda pero su forma de vida es contraria a lo que predica el movimiento. ¿Usted considera que hoy ser de izquierda está de moda?

Sí, está de moda ser de izquierda. Si todos los que se dicen que son progresistas realmente lo fueran, el proceso hacia el socialismo sería mucho más grande. Hay organizaciones que hoy se dicen progresistas, pero en realidad están enmarcadas dentro de una moda, porque parece que está mal opinar si uno fuera de derecha.

Hoy hay mucha gente de derecha a la que le avergenza decirlo y busca identificarse con la izquierda sin saber realmente de qué se trata. ¿Usted lo llamaría oportunismo?

Sí, pero no debería ser así. La discusión es válida, y es propio de la democracia aceptar las opiniones divergentes, sean de izquierda o de derecha. No hay que disfrazar los pensamientos ni mimetizarse con uno en particular para no quedar fuera de la moda.

Hay una gran cantidad de diputados y senadores que dicen ser de izquierda, pero sus declaraciones juradas demuestran lo contrario.

Hay una incoherencia enorme. La militancia de la izquierda implica una concepción que es evitar la acumulación de riqueza. En la última etapa argentina se dio un aparente progresismo que, en realidad, busca cargos y va a una manifestación de derechos humanos, pero si tienen una consultora no dudan cuando una empresa les solicita un trabajo de consultoría y les pide que la favorezca en los informes de impacto ambiental sin importale que jorobe la vida de los aborígenes y de los criollos.

El doble discurso...

Sí, porque si uno cree que la sociedad tiene que ser más igualitaria, es totalmente excluyente la idea de acumular riquezas. No van de la mano.

¿El kirchnerismo es de izquierda para usted?

No. Tiene algunas posturas que apuntan al progresismo: el matrimonio igualitario, por ejemplo. La Presidenta plantea un capitalismo moderno.

¿Cómo analiza las políticas distributivas que llevó adelante?

Hubo un mejoramiento de la situación del empleo y del salario, pero no un profundo cambio en la distribución de la riqueza.

¿Y qué faltaría para llegar a eso?

Por ejemplo, una reforma financiera, y modificar el sistema tributario, el cual no es progresivo y es injusto. La distribución no se logra de esa manera. El kirchnerismo hizo cosas que apoyo, como lo referido a derechos humanos, y el aumento en el presupuesto universitario, y otras que no.

¿Cuáles por ejemplo?

La política minera y las que atacan los recursos naturales. La sojización, el desalojo de aborígenes y el criterio conservador para determinados temas son hechos que no apoyo.

¿En que lugar del espectro ideológico ubica las políticas que lleva adelante el Gobierno que encabeza Juan Manuel Urtubey en Salta?

Urtubey es la quinta esencia del conservadurismo. En el campo cultural hay medidas que te indican visiones retrógradas de la sociedad. No es un gobierno progresista sino regresivo. Hay un accionar nulo en Salta. No se hacen obras para los más necesitados y la pobreza es enorme en la provincia.

Es uno de los gobiernos más conservadores por su visión de la sociedad, y eso es porque el mismo gobernador es conservador. Es un hombre joven, con un trato agradable, y está vinculado a sectores ultraconservadores. Recuerdo en el año 2007 cuando fue a la UNSa y lo presentaron como si fuese un líder de la revolución rusa y dio un discurso en el auditorio repleto. Tiene llegada a la gente por su simpatía, pero no hay una sola medida progresista en Salta. La salud pública está desbordada por los problemas que la afectan.

Educación, voto joven y Lula

¿Está a favor del voto joven?

Sí, claro. Viví trabajando con jóvenes. Una persona de 18 años es madura. Es bueno incluirlos y, si son inmaduros, bueno, que con su inmadurez decidan cosas. Yo no creo que sean inmaduros. Es importante la participación de los jóvenes en la vida política. Conozco gente de 70 años que es inmadura. Toda política inclusiva es buena.

¿Cómo observa el nivel educativo en la provincia?

Mal, partiendo de la infraestructura que es muy mala. Hay escuelas que enseñan en malas condiciones edilicias. No se cambió el paradigma educativo del menemismo. Hay jóvenes con serios problemas de lectura y de razonamiento.

¿Como docente observa diferencias entre el alumno que egresa de una escuela pública y el que lo hace de una privada?

No, no hay diferencia. Los egresados de la escuela Nacional y de la Normal tienen muy buen desempeño. Lo que sí mejoró mucho con el aumento presupuestario es la parte de investigación en las universidades. Hoy las universidades reciben fondos importantes, pero el problema está en la educación primaria y secundaria. Hay una catastrófica formación previa, que impide aprovechar el potencial que ofrece la universidad pública hoy.

¿Qué mirada tiene sobre el Brasil de Lula da Silva y Dilma Rousseff?

Brasil creció muchísimo. Creo que Dilma no tiene la capacidad política de Lula, pero es buena igual. Lula surgió de una estructura de los trabajadores, fue un militante de la izquierda brasileña y tuvo una formación personal muy sólida. El combate contra la pobreza fue muy grande y con resultados claves.

A su juicio, ¿Argentina aprovechó el crecimiento económico como lo hizo Brasil?

Tuvimos esa oportunidad. Nadamos en plata, pero se hicieron cosas que no eran propias de un crecimiento sostenido del 8%, lo que reflejó poca voluntad de distribuir las riquezas. En ciencia y educación hubo cambios buenos. Se hicieron cosas, pero no se profundizó.

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