Las múltiples caras del bochorno

Fernando Laborda

La discusión del presupuesto 2011 vino mal barajada desde un comienzo y terminó en un verdadero bochorno, con acusaciones cruzadas entre legisladores de la oposición y del oficialismo, y denuncias sobre intentos de sobornos que recuerdan los peores tiempos del Congreso en la gestión de Fernando de la Rúa, aunque difícilmente sorprendan a alguien.

Pero el bochorno tiene muchas caras.

* La primera está dada por la pretensión del Poder Ejecutivo Nacional de que el presupuesto sea tratado prácticamente a libro cerrado, sin acceder a modificaciones importantes propuestas por los bloques opositores. Distintos legisladores kirchneristas y ministros, como el de Educación, Alberto Sileoni, expresaron en las últimas horas que la presidenta Cristina Kirchner "tiene derecho a gobernar con su propio proyecto de presupuesto". Efectivamente, el Poder Ejecutivo tiene el derecho y la obligación de presentar su proyecto al Congreso, pero es a éste al que le corresponde fijar el cálculo general de gastos y recursos, según el artículo 75, inciso 8, de la Constitución.

Una aspiración como la del kirchnerismo, que es un culto a la discrecionalidad presidencial, sonaría insólita en los Estados Unidos, donde el Congreso le impone severas restricciones al Poder Ejecutivo en el manejo presupuestario.

* La segunda cara del bochorno se relaciona con la posibilidad que, durante muchos años, tuvo la Casa Rosada para utilizar discrecionalmente fondos públicos a partir de la subestimación de la inflación y los ingresos proyectados en las sucesivas leyes de presupuesto. Desde la oposición se ha conjeturado que el gobierno de Cristina Kirchner, antes que aceptar cambios en su proyecto, prefiere que el Congreso no lo trate y así manejarse con la prórroga del presupuesto 2010 para poder disponer a su antojo del excedente de recursos que se produzca el año próximo.

Esta situación podría solucionarse modificando un artículo de la ley de administración financiera para impedir que el Poder Ejecutivo pueda gastar a piacere los fondos de la recaudación impositiva que superen los ingresos estimados en el presupuesto, y para que esté obligado a enviar un proyecto de ley modificatorio del presupuesto vigente, estableciendo la asignación de esos recursos, que deberá ser aprobado por el Congreso.

* La tercera fase del escándalo está representada por las denuncias de intentos de sobornos. El principal contrapunto se produjo entre la diputada de Pro Cynthia Hotton y su par kirchnerista Carlos Kunkel. La primera denunció que una persona a la que no identificó le ofreció favores a cambio de su voto, en tanto que Kunkel la acusó de haber andado "tanteando a ver si en algún lado había algo para alquilar su voto", para rematar: "Algunos de los que anduvieron buscando los sobres tuvieron después el tupé de decir que habían sido tentados". En el medio, Elisa Carrió habló de "la Banelco de Cristina" y Patricia Bullrich, de "un tarifario".

La oposición estaría buscando contrarrestar su incapacidad para lograr un dictamen único sobre el presupuesto con un ataque al Gobierno por el lado de la corrupción que difícilmente pueda arrojar resultados contundentes, más allá de hacer crecer las sospechas de siempre.

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