El candidato republicano es un activo practicante de la iglesia mormona y posee una fortuna estimada en 200 millones de dólares. Además es dueño de Bain Capital, dedicada a la compra y venta de empresas.
Nació el 12 de marzo de 1947 en Detroit, donde se crió en un suburbio rico, siendo el hijo menor de Lenore y George W. Romney, gobernador de Michigan, y candidato frustado para postularse a la presidencia estadounidense en 1968.
En su adolescencia conoció a su esposa, Ann Davies, con quien se casó luego de dos años como misionero mormón en Francia. Junto a ella, quien también se convirtió al mormonismo -religión genuinamente estadounidense a la que pertenecieron varias generaciones familiares-, tiene cinco hijos varones.
En Boston estudió inglés en la Universidad de Brigham Young, donde consiguió una licenciatura y una maestría en leyes y administración de empresas de la Universidad de Harvard.
Pero Romney construyó su carrera al margen de la política, fundando la firma financiera Bain Capital, cuya misión era adquirir empresas para mejorar su gestión y luego venderlas a mejor precio.
Algunos de sus consultorías concluyeron con la quiebra de las compañías o el despido de sus empleados, pero esto no le impidió forjar una fortuna calculada en más de 200 millones de dólares.
Además, apostó por proyectos como Staples, una cadena de papelerías que hoy tiene unas 2.200 sucursales y da trabajo a decenas de miles de personas.
No es la primera vez que se postula a un cargo público: intentó arrebatarle el escaño al senador demócrata Ted Kennedy en 1994 por Massachusetts y aunque no lo logró, fue elegido gobernador de ese estado ocho años después.
Según analistas, consiguió la gobernación en parte por la popularidad que le dio su excelente gestión en los Juegos Olímpicos de Salt Lake City y, además, por su condición de político flexible alejado de posturas radicales.
Tras su mandato en Massachusetts (2003-2007), intentó en 2008 sin éxito arrebatarle la candidatura republicana a la presidencia al senador John McCain.
A diferencia de Obama en la contienda de 2008, Romney moldeó su campaña casi sin hablar de sí mismo, quizás consciente de los recelos que plantean su condición de empresario millonario y sus creencias religiosas.
Sus presuntas cuentas en paraísos fiscales y los bajos impuestos que paga -muy por debajo de los de cualquier ciudadano de clase media-, así como su condición de mormón, provocan recelos incliuso entre el electorado más fielmente republicano, el evangélico.
Ahora se presenta como la contracara de Obama, a quien define como un político de carrera que llegó a la Casa Blanca sin ninguna experiencia de gestión.
Y recuerda a menudo que es un gestor experto en rescatar instituciones al borde de la destrucción, precisamente cuando su país, la principal potencia del mundo, atraviesa la peor crisis financiera desde la Gran Depresión.


Comentá la nota