Fue Blas Aurelio Primo Aprile quien inició el camino de los llamados “hermanamientos” -con La Habana, Fort Lauderdale, Sorrento, Bari, San Petersburgo, Ischia, Palma-, que han jalonado ininterrumpidamente la gestión de los últimos intendentes: Aprile, Katz, y ahora Gustavo Arnaldo Pulti.
En el ambiente político, este viaje a Italia, del que se dijo que tenía por objetivo ver in situ emprendimientos de nanotecnología -versión luego silenciada- concluye en esta semana siendo un periplo de turismo pago por los contribuyentes, visita al Papa incluida.
Esta gestión no crea nada, pero acumula problemas a un ritmo demencial. Otra vez abren una moratoria, el cobro de tasas alcanza niveles escandalosamente bajos, y las deudas se apilan sin solución de continuidad. Han estado utilizando fondos afectados, lo que les salió gratis, porque tendrían que haberlos procesado por malversación de fondos. Interrogante interesante el de hacia dónde va la causa que procura Claudio Kishimoto por los $13.800.000 que debieron utilizar para las cuestiones de la seguridad. Aquí hay algo concreto: la plata llegó y se empleó para resolver otras situaciones que no son las que prevé la ley.
Marcela Gómez, viuda de un taxista lisiado que tenía la licencia que el Ejecutivo sorteó al “buen contribuyente 2009”, denunció que el juicio que ella lleva en el contencioso administrativo por la titularidad de dicha licencia es un controvertido aún en proceso judicial, y sin embargo el intendente Pulti dispuso de la misma como si la Justicia sólo fuera un detalle menor. En la conversación que mantuve con Marcela en la radio, ella señaló que el auto entregado al contribuyente ganador del sorteo para buenos pagadores de tasas municipales era una unidad adquirida con fondos destinados al programa de seguridad. ¿Otro fraude?
Todavía no se despeja el mal olor que despide el intento de habilitación del “puti-club” La Posada. Los funcionarios, para variar, se echan culpas unos a otros: Castorina, responsable de Obras Privadas, argumenta que la responsabilidad es de Bruzzeta, quien a su vez sostiene que la cuestión giró porque recibió órdenes “de arriba”. ¿De quién? De Pulti, de su esposa Lucila Branderis, la “viceintendenta”. Alguien apañó una habilitación que devino en escándalo político.
En este ítem, la habilitación de La Posada, debo señalar lo siguiente: el tema transitó por el debate político y está bien que así sea, aunque el auténtico problema es el desquicio de versiones alimentadas desde el interior del mismo Palacio municipal, versiones que hablan de pagos indebidos para dar curso al trámite de habilitación.
De todos modos, es un delirio suponer que alguien en Mar del Plata va a pagar una suma de seis ceros para habilitar un negocio de estas características. Ese delirio es el que ha alimentado Pulti desde hace 20 años en la comuna. Un escenario que bien conoce, y del cual ahora es víctima. Su escenita de “gracias por avisarnos, así pudimos corregir” es más una confesión que un agradecimiento. Pulti camina sobre sus mismos pasos, y halla en sus huellas el mismo excremento político que derramó sobre los demás por dos décadas.


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