Intendentes de la costa del río Uruguay mantuvieron el martes un encuentro de trabajo en San José, en el marco del Comité Hidrovía. “Este es un espacio importante para conversar políticas públicas en referencia al buen uso del río”, remarcó el intendente anfitrión, Pablo Canali.
Con declamaciones sobre el “buen uso del río Uruguay”, el encuentro giró en una buena iniciativa (el parque binacional) y la cuestión que les importa: el dragado.
¿Por qué entonces es el mismo cuento de siempre? Porque en 1992, todos los intendentes Municipales de la Cuenca del Río Uruguay, reunidos en la ciudad ribereña de Concepción del Uruguay, redactaron un documento que se tituló “Carta del Río Uruguay a la comunidad internacional”, donde advertían lo que más tarde no se atreverían a cuidar. Esa reza textualmente: “El agua es un recurso limitado en el mundo. Para nosotros el río Uruguay –todavía abundante- ha comenzado a enfermar gravemente con su contaminación. Por ello estamos urgidos y obligados simultáneamente como habitantes del área y como dirigentes democráticamente elegidos por nuestros pueblos a denunciar ante la Comunidad Internacional la contaminación de su curso, que comienza a presentar signos graves. Y, cuyas consecuencias, que ya se han comenzado a sentir, en un no muy largo plazo serán extremadamente peligrosas”.
Es más, todos los intendentes suscribieron la zona ribereña que iban a utilizar de manera exclusiva para el esparcimiento y turismo. Pocos años más tarde, en una de sus zonas se estableció Botnia y los intendentes entrerrianos de la cuenca del río Uruguay no acompañaron de manera decisiva la lucha de Gualeguaychú, es más, muchos se esmeraron para estar a favor de las pasteras.
Ahora repiten el esquema, prometiendo “el buen uso del río”. Pero ya se sabe, cuando ellos dicen “buen uso” hay que esperar contaminación “extremadamente peligrosa” como se advirtió en 1992.
“Nuestras intendencias, convencidas de que el problema medioambiental es una emergencia y no una coartada política, se han desplazado de toda estrategia publicitaria cuando hemos denunciado la grave situación por la que atraviesa nuestro río, el río Uruguay”, afirmaba la carta abierta al mundo en 1992. Hoy vuelven con el mismo discurso, pero los hechos –sus decisiones como intendentes- no los avalan. Se burlan del pueblo que los honró democráticamente con su confianza.
Hay que tener memoria. En esa carta, los intendentes sostenían que el río Uruguay “está severamente agredido y. si seguimos los indicadores técnicos, el futuro es muy preocupante: pronto estaremos más allá del límite. El río Uruguay debe ser salvado”. ¿Pero qué hicieron después? Instalaron la pastera Botnia, una de las industrias más contaminantes del mundo y fue gracias al pueblo de Gualeguaychú que no hay otra (Ence).
En la reunión del martes, los intendentes de la cuenca volvieron a plantear que le darán un uso turístico al recurso natural. Una risa, porque ya se sabe que hacen oídos sordos lo que declaman con tanta pasión. Lo único que les interesa es el dragado para que Botnia (UPM) baje sus costos logísticos. Sus pobres actuaciones así lo demuestran.
En 1992 los Municipios dijeron al mundo una cosa y pocos años más tarde, hicieron todo lo contrario. Si ya en 1992 el río Uruguay estaba al límite, cómo estará hoy con los agrotóxicos, el desmonte nativo, los efluentes cloacales, las areneras y Botnia, entre otros daños que conforman este holocausto ambiental.


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