Miro tus calles y veo basura

Pasan las gestiones pero los residuos quedan. La mayor traba para redefinir la política de desechos es el lobby empresarial. El atraso en la implementación de la Ley de Basura Cero. Los contratos vencidos. La versión del GCBA.

En cualquier ciudad del mundo, el contrato más oneroso que deben abonar sus habitantes es el de la recolección de los Residuos Sólidos Urbanos (RSU). Incluso, en las más pequeñas, este puede llegar a consumir alrededor del 30 o 40 por ciento de los recursos municipales.

La Ciudad de Buenos Aires no posee territorios propios en los que pueda tratar sus RSU, por lo que debe negociar con sus vecinos de la provincia de Buenos Aires la gestión de sus desechos. Esta negociación ha implicado, desde la creación en 1977 del Cinturón Ecológico del Área Metropolitana Sociedad del Estado (Ceamse) –hoy, manteniendo las mismas siglas se denomina a la empresa Coordinadora Ecológica del Área Metropolitana Sociedad del Estado–, una larga cadena de rispideces en las cuales el forcejeo suele producirse alrededor de los aportes con los que debe contribuir la Ciudad a la empresa, de cuyo directorio forma parte.

El exgobernador Felipe Solá quería cerrar la Ceamse; Scioli quiere que los porteños le envíen menos basura a los Centros de Disposición Final y en los últimos tiempos hasta la Presidenta de la Nación terció en la disputa entre porteños y bonaerenses, exigiendo que la Ciudad “invierta lo que tiene que invertir y la procese”.

Lo cierto es que no existe otro futuro para la gestión y el tratamiento de los RSU que la implementación de las tres R: reducir, reutilizar y reciclar. La primera R, de reducir, es la más importante, porque disminuye en forma directa el impacto sobre el medio ambiente. Hay dos maneras de reducir: disminuir el consumo y gastar menos energía. Con la primera reducción, se entierra menos basura, en especial si se atenúa el uso de embalajes, que son una de las industrias que más depreda la naturaleza y que más productos envía a los rellenos sanitarios. En cuanto a la energía, produce fuertes contaminantes, como los gases de efecto invernadero y algunos aceites como el PCB, que provocan gran cantidad de enfermedades.

La reutilización es un ítem que reduce seriamente la agresión al medio ambiente. Casi todos los objetos de consumo pueden tener vida útil después de ser desechados, siendo reparados o para usos diferentes al original. Y en cuanto al reciclado, en general la industria utiliza envases de materiales reciclables pero no biodegradables, que generan empleo para ser fabricados. Si bien algunos deberán ser convertidos en biodegradables con el tiempo, muchos de ellos, como el vidrio y los plásticos, se vuelven a fundir y se reutilizan en un ciclo infinito. Incluso, elaborar vidrio a partir de vidrio ya manufacturado es más barato que hacerlo a partir de la materia prima.

En las ciudades de San Francisco (EE.UU.) y Canberra (Australia), el reciclado cumplió el objetivo de reducir el enterramiento de RSU en 60 y 80 por ciento, respectivamente.

LOBBY, ¿ESTÁS?

El problema que aún subsiste, no solo en Buenos Aires sino en todo el mundo, es el lobby. Hay grandes multinacionales del tratamiento de los RSU que imponen sus tecnologías a fuerza de presión, pero además las empresas recolectoras suelen ser grandes contribuyentes a las campañas políticas de los mismos candidatos que después podrían contratarlos.

Esa cercana relación complica el cumplimiento de las metas de reducción en la generación de residuos, porque para las empresas, cobren por tonelada o por área limpia, más volumen de residuos significa más volumen de dinero. Y este debe ser el adecuado al cabo de cuatro años, que es lo que duran la mayoría de los contratos.

¿No habrá llegado el momento de contratar a una sola empresa para toda la Ciudad por un plazo no menor a 15 o 20 años, como hizo Madrid, a la que se le puedan exigir las inversiones necesarias y planes a largo plazo, que son los únicos válidos en esta actividad?

BASURA MUCHO MÁS QUE CERO

El problema de fondo en la Ciudad de Buenos Aires es que su actual administración está muy atrasada en el cumplimiento de las metas de la Ley de Basura Cero, que sería la expresión de las tres R.

Esta ley, que recibió el número 1.854, exigía entre sus metas futuras que en el año 2010 se enterraran un millón de toneladas de residuos; en 2012, 750 mil, y en 2017, 375 mil. Para 2020, quedaba prohibido enterrar toda basura que no fuera orgánica y biodegradable. Estas cifras de disminución se tomaron en base al millón y medio de toneladas que se habían enterrado en 2004.

Esta ley fundamental, llamada Ley de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos, más conocida como Ley de Basura Cero, fue aprobada por la Legislatura porteña el 24 de noviembre de 2005 y luego sufrió un accidentado periplo en su tránsito por los recovecos de la burocracia estatal. Por esta causa, recién fue promulgada por medio del Decreto Nº 7 el 4 de enero de 2006, y fue reglamentada luego por medio de los Decretos Nº 639, del 4 de mayo de 2007, y Nº 760, del 26 de junio de 2008.

Pero el incumplimiento de la Ley de Basura Cero comenzó a agravarse desde el mismo día en que asumió sus funciones Mauricio Macri, cuando designó como ministro de Ambiente y Espacio Público a Juan Pablo Piccardo, que saboteó desde el primer día la ley, porque consideraba que nadie cumplía en separar la basura en los contenedores, en los que suelen mezclarse los residuos reciclables y orgánicos. Por esta razón, Piccardo, quien no intentó implementar un cambio en esta cultura, llevó su adhesión al aumento de la generación de basura hasta el límite de lo tolerable.

Fue así que permitió que la Ciudad incrementara el volumen de residuos a enterrar hasta cifras irracionales. En 2008, se enterraron 1.840.000 toneladas, cuando esa cifra debería haber estado –si se hubiera trabajado a favor de la separación de residuos en origen, es decir, en hogares y empresas– en no más de un millón y medio de toneladas.

En 2009, la cifra de enterramiento se mantuvo más o menos estable: llegó a 1.847.000 toneladas, pero en 2010 se encendieron todas las alarmas cuando la Ciudad envió a la Ceamse 2.110.000 toneladas para ser enterradas, y en 2011, 2.277.772. Este desborde solo disminuirá si se toman medidas drásticas, que deberían ser implementadas a la brevedad.

Para tener una idea de los despropósitos, vale analizar la evolución de los envíos de RSU a los Centros de Disposición Final en los últimos años.

En 2007, con Jorge Telerman en el Gobierno, se enterraron 1.645.368 toneladas. En 2011 se enterraron 2.277.772 toneladas, lo que significa un aumento de 632.404 toneladas desde 2008, que es cuando se cumplió un año desde que Macri asumió su primer mandato.

Esta cifra significa un 38 por ciento de aumento por sobre lo que recibió. En los ocho años de Ibarra (2000-2007) y su sucesor, Jorge Telerman, se enterraron 12.776.033 toneladas de RSU. Macri, en cambio, enterró, en sus primeros años 8.079.660 toneladas, lo que significa el 63 por ciento de lo enviado a la Ceamse por Ibarra y Telerman en sus ocho años de gobierno.

Por otra parte, en 2010, Macri enterró 5.780 toneladas diarias, pero en 2011 envió a los Centros de Disposición Final 6.240 toneladas por día. Esta diferencia significa un incremento del 11 por ciento con respecto al último año.

El problema es de difícil solución, pero no imposible. En ese sentido, este martes, el jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez, y el ministro de Ambiente y Espacio Público porteño, Diego Santilli, firmaron un acuerdo a partir del cual la Ciudad empezará a pagar un 35 por ciento más por el envío de residuos al Conurbano (en marzo, Santilli señaló que el Gobierno porteño paga 50 dólares por cada tonelada de basura que se entierra en la provincia, por lo que a partir de ahora deberá abonar unos 67,5 dólares por tonelada).

Sin embargo, fijaron como condición que el gobierno de Daniel Scioli se encargue de negociar ante la Nación una extensión del plan para la reducción de basura, que vence justamente el próximo año, y que se enmarca en la sanción de la Ley de Basura Cero porteña.

Y en el camino de solucionar la cuestión, para comenzar, es necesario implementar la instalación de contenedores en toda la Ciudad, algo que el nuevo ministro, Diego Santilli, ya comenzó a concretar, intentando así reparar los desaguisados que cometió su antecesor.

Otro de los elementos a tener en cuenta es que en la nueva licitación que se deberá encarar en 2013 –porque ya vencieron los contratos anteriores del servicio de recolección de residuos y estos fueron prorrogados– estén contemplados los objetivos de reducción del volumen a enterrar.

El problema es que la basura tiene que ir a parar a alguna parte. Si no va al enterramiento, debe ser reciclada, porque no existe otra vía. La instalación de los contenedores es solo el comienzo del camino, porque después la basura debe llegar a ellos en la forma correcta.

Esto es, hay residuos secos –papel, cartón, vidrio y plástico– y residuos húmedos, que son principalmente restos de comida, es decir, que son degradables. Ambas clases de basura deben tener cada una su contenedor, porque los primeros van a los Centros de Separación para convertirse nuevamente en materias primas industriales y los segundos tienen como destino los Centros de Disposición Final.

Sumadas, ambas clases de residuos representan el 70 por ciento de la basura que se genera en la Ciudad. El resto son los áridos, es decir, restos de obras, de podas de árboles, escombros de obras y demoliciones y tierra sobrante del movimiento de suelos. Los restos de las podas se convierten en compost, un abono muy eficiente que suele utilizarse en parquizaciones y cultivos.

Para que los contenedores se llenen de manera correcta –es decir, que los que son para secos deben ser cargados con lo reciclable y los que son para húmedos, con restos de comida– se debe implementar una fuerte campaña de concientización, que no solo debe ser publicitaria, sino que debe llegar a las escuelas primarias y secundarias, a los centros comerciales, a los espectáculos deportivos y a todos los lugares en los que haya grandes concentraciones de gente con tiempo libre para invertir en escuchar a los educadores.

En algunos países europeos, como Italia, cada habitante recibe en su casa un folleto explicativo en el que se le explica en detalle al ciudadano a qué contenedor debe ser destinado cada objeto que va a parar al cesto de residuos. Luego, se le explica en qué color de bolsa se deben colocar los residuos y qué día los debe depositar para su recogida. El plástico va en bolsas amarillas, el orgánico en bolsas negras, el papel en bolsa blanca y el vidrio en contenedores celestes.

De no implementarse algunas de estas medidas, aunque sea parcialmente, la situación tenderá a agravarse progresivamente, porque además los márgenes de negociación de las autoridades porteñas con sus vecinos bonaerenses será cada vez más estrecho si no se reducen considerablemente los volúmenes de residuos que se envían a los Centros de Disposición Final.

SANTILLI PROMETE QUE REDUCIRÁ EL 25 POR CIENTODE LA BASURA EN 2012

Voceros del Ministerio de Ambiente y Espacio Público aseguraron que los objetivos cuantificables para el período 2012-2022 implican la reducción del 48 por ciento de los residuos sólidos urbanos que se transportan a los Centros de Disposición Final, tomando como base la cifra enterrada en 2011, que fue de 2.277.772 toneladas.

A esta meta habría que sumarle la intención del gobierno porteño de disminuir en un 75 por ciento la carga de áridos y de instalar contenedores en toda la Ciudad, una vieja promesa de varios gobiernos que hasta hoy no ha visto la luz.

Con estas medidas, el ministro Diego Santilli pretende reducir en 300 mil toneladas la disposición final en el período comprendido entre mayo de este año y mayo de 2013 y luego profundizar la disminución a un ritmo de 450 mil toneladas por año hasta 2022. Estas cifras implicarían una reducción de un 25 por ciento del volumen de residuos urbanos que van a parar al Camino del Buen Ayre antes de mayo del año próximo.

Santilli pretende implementar cuatro ejes de trabajo: contenerización, cartoneros y centros verdes, grandes generadores de residuos y plantas de tratamiento de residuos.

En el primer punto, el plan propone pasar del 40 por ciento de contenerización de la Ciudad al 81 por ciento en 2012. El 19 por ciento restante se concretaría en 2013. Esta contenerización arrancó en el microcentro y en el eje Lugano-Soldati. Santilli estima que llegará al 15 de diciembre de 2012 habiendo logrado la contenerización del 81 por ciento de los residuos húmedos u orgánicos. En agosto de este año comenzaría a extenderse la contenerización de los residuos secos o reciclables, que crecerían del 25 al 100 por ciento en el transcurso de 2012.

El segundo punto consiste en la construcción de dos megacentros verdes que aumentará en un 300 por ciento la capacidad de trabajo de los cinco ya existentes. El primero, situado en el barrio de Barracas, estaba prometido para abril de 2012 y el segundo, ubicado en Lugones y General Paz, se inauguraría el 15 de septiembre de 2012.

En ellos se hará la separación y clasificación de lo producido a través de la doble contenerización que se desplegaría en toda la Ciudad y del trabajo de los cartoneros puerta por puerta. Se adquirieron 30 camiones, que serán entregados a partir de marzo a las cooperativas de recicladores urbanos.

El tercer punto prevé la incorporación de 250 grandes generadores de residuos en el sistema de separación en origen y clasificación del material a través de las cooperativas. Así, los shoppings, cines, teatros, estadios, grandes tiendas y bancos deberán tener cestos dobles en todas sus sucursales, y los empleados, puertas adentro del comercio, deberán separar los residuos y entregarlos a las cooperativas.

El otro pilar de este plan son las escuelas públicas. Sobre un total de 768 escuelas, 250 ya cuentan con doble cesto y doble contenedor y habrá capacitación para alumnos y maestros durante 2012. Luego, se extendería el programa y la logística al 100 por ciento de las escuelas, para garantizar la recolección a través de las cooperativas de cartoneros y de la flota municipal.

En el cuarto punto, la Ciudad está construyendo una planta de tratamiento de residuos con tecnología italiana en Norte III, que tratará 1.000 de las 6.200 toneladas diarias que envía la Ciudad. Allí se realizará un proceso industrial de separación y clasificación utilizando métodos físicos.

Finalmente, está en proceso administrativo la licitación para construir en el predio de siete hectáreas ubicado en Varela y Llaner una planta para residuos húmedos, una planta de tratamiento de residuos áridos –cascotes y restos de obras– y una planta de chipeo para procesar los restos de la poda de la Ciudad. Se prevé que en octubre de este año la obra estará adjudicada y comenzada.

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