Una mirada de género en el urbanismo del barrio

Es la propuesta de un novedoso taller de Las Juanas. Esta tarde se abrirá un espacio de debate en Monte Grande para visibilizar la mano del machismo en la configuración del espacio público.
Cuando se sostiene que una sociedad se ‘construye’ atravesada por algunas ideas rectoras, no siempre se habla en sentido metafórico. La estructura arquitectónica y la infraestructura de una comunidad, que en su unidad mínima adquiere identidad cuando se reconoce a sí misma como un barrio, también están pensadas y efectuadas en base a esas líneas rectoras. Entonces, las edificaciones de una sociedad hegemónicamente machista siempre adoptará la forma de un espacio público desfavorable para las mujeres. Así lo entienden una socióloga y una arquitecta catalana, junto al colectivo de mujeres Las Juanas, que brindarán esta tarde en Esteban Echeverría un taller abierto sobre la mirada de género aplicada al conurbano.

Es que los espacios son diferentes si el circuito de uso es masculino. Así lo contó a LA TERCERA la referente del movimiento a nivel local, Grisel Tarsia, cuyo hincapié se ubicó en la distinción de dos barrios dentro de cada comunidad: los favorables para las mujeres y los que no. Aunque la perspectiva “siempre es desde la equidad” entre los géneros, se observa que hay circuitos en los barrios que están pensados para que los transiten sólo los hombres, o para que ellas se arriesguen mucho si deciden tomarlos.

En las arterias en las que pasa el transporte público, en general, son hombres lo que están en las paradas, las cuales fueron ubicadas de acuerdo al circuito del ‘trabajador’, un constructor histórico que refleja la imagen de un asalariado fabril y, en ningún caso, una trabajadora o una madre. Se piensan los recorridos de los colectivos -el medio de transporte más utilizado en las barriadas- de acuerdo a los focos productivos circundantes.

Por esto, el taller se plantea recoger experiencias sobre cómo son performateadas las ciudades con franco desinterés hacia los grupos de mujeres más desfavorecidas. Las zonas desfavorecidas son las de asentamientos y barrios formales carentes de servicios básicos, como centros de salud y educación, tendido eléctrico y telefónico, asfalto y vigilancia policial, entre otros.

“Aunque hay alguna experiencia en Rosario y Santa Fe en general, es una mirada novedosa para el país”, contó la también concejala saliente. Las especialistas se interesaron por el conurbano a partir de un trabajo de intercambio que comenzó en Lanús -adonde ya arribaron con el taller este año- y concluirá en Esteban Echeverría. Con la esperanza de desterrar ese constructor naturalizado para que los pueblos “se organicen” autónomamente para conseguir un “Conurbano libre de discriminación y seguro para todos y todas”, la charla abordará algunos ejemplos recogidos en los encuentros previos pero también propondrá hallar propuestas espontáneas que coadyuven a mejorar las políticas urbanísticas.

“Hay una variable de poder en el modo de pensar la arquitectura de los barrios: los lugares en donde más comúnmente transitan las mujeres son más desfavorables. Hay amas de casa que relatan que el circuito diario que hacen hacia el centro comercial, la escuela o los espacios de juego de sus hijos son oscuros, inundables e inseguros”, puntualizó Tarsia.

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