Tras el rotundo triunfo en las elecciones del 23 de octubre, que le otorgó la reelección con un histórico respaldo popular, la Presienta de la Nación, Cristina Fernández, dispuso a través de un decreto que todas las divisas obtenidas por exportaciones de hidrocarburos y recursos mineros se liquiden en el país.
La medida, la primera de relevancia tomada por la Presidenta inmediatamente después de su victoria electoral, busca “blindar” de alguna forma la economía del país.
Según algunos especialistas, se estima que la nueva normativa podría aumentar en el corto plazo el flujo de dólares al país y evitar o frenar la fuga de capitales.
En este sentido, se especula que la decisión de la Presidenta podría aumentar entre 3.000 millones y 4.000 millones de dólares el monto de liquidación de divisas en la plaza local hasta fin de año.
Sucede que la demanda de dólares se incrementó en Argentina en los últimos meses antes de la elección presidencial, debilitando las reservas del Banco Central, que se desprendió de divisas para impedir una depreciación del peso.
Sin embargo, el decreto firmado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández y el ministro de Economía, Amado Boudou, establece que su finalidad es la de “otorgar un trato igualitario” respecto de las demás actividades productivas, como por ejemplo las del complejo agro exportador.
La obligación comprende a las empresas productoras de petróleos crudos o de sus derivados, gas natural y gases licuados y de empresas que tengan por objeto el desarrollo de emprendimientos mineros. La diferencia está dada en que tienen que liquidar el total (100 %) de las divisas obtenidas por exportaciones, lo que hasta el momento sólo se hace parcialmente o en un porcentaje.
La primera reacción
El decreto tomó por sorpresa al sector minero y petrolero y las primeras reacciones de las empresas fue de satisfacción respecto de que la actividad puede contribuir a fortalecer el sistema financiero del país, aunque sostuvieron que se trata de una medida que “encarece los costos” de las empresas y que al afectar la “estabilidad” puede haber “riesgos” en las futuras inversiones.
Otra dificultad sería que tras liquidar sus divisas en Argentina, las empresas deberán luego recomprar dólares para cancelar compromisos en el exterior, realizando transacciones sujetas a tributación.



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