Más de $500 millones se comercian en el mercado negro de usura local

Es dinero “marginal” que no paga ningún tipo de impuestos y el monto equivale a casi un año de la recaudación tributaria provincial. El lado oculto del lucrativo negocio que se concreta en las denominadas “cuevas” y que a pesar de la ilegalidad crece día a día por la inflación y por la necesidad de dinero. En el mercado informal se cobra entre un 15 y un 20 por ciento de interés mensual.
Publicado el 05/08/2012 - Fuhr no es el único. Hay en Santiago por lo menos 7 financistas más que operan en las sombras, algunos detrás de una fachada, pero que se dedican a lo mismo: Prestar dinero a cambio de una cierta rentabilidad para sus “inversionistas” y, ganancias fabulosas para sí.

Son “peces gordos”, que juegan en primera. Por el monto de las operaciones que realizan y por las ganancias que se obtienen en un negocio en el cual no hay caras visibles, ni escritorios con oficinas a la calle, ni ostentación.

La publicidad que se hacen es de boca en boca y a través de distintos contactos. Son negocios que se cierran en las 4 paredes de un estudio, o en la mesa de un bar. Con dos premisas básicas que conoce de antemano quien decide saltar el cerco de lo oficial, de lo legal para hacer negocios: Es un asunto de confianza y, también, de riesgo. De alto riesgo. Así es el mercado paralelo de dinero en Santiago.

En este negocio que mueve cientos de millones de pesos al año, pese a su marginalidad, tiene una organización implícita bien definida. No hay una carta orgánica ni un estatuto que lo reglamente. “El tema es simple: Te presto, me devuelves y si no me cobro de acuerdo con el monto, en algunos casos se hipoteca una casa o se toma un auto, una máquina o un certificado de obra de garantía”, señala una persona que opera en la calle para uno de estos prestamistas.

Es usual en estas operaciones, realizar un pacto de retroventa. Consiste en que si la persona que pide el préstamo tiene un terreno para poner de garantía del crédito, lo escritura a nombre del prestamista. Una vez devuelto el monto prestado, el prestamista lo vuelve a escriturar a nombre de la persona que le solicitó el crédito.

Hay una segmentación implícita en el mercado paralelo que está dada por la capacidad de prestar, de rentabilizar y de organizar operaciones siempre al margen del circuito oficial. Para maximizar ganancias y, también, para eludir organismos de control.

Ese mercado, que está en su apogeo, fue el que quedó al descubierto en el cruce de acusaciones que se dirime en Tribunales entre Fuhr y sus clientes ahora más célebres: Los Fiori. Pero ambos son sólo la punta del iceberg. Y la cifra que se reclama como deuda, dicen quienes están en el tema, pronto será una anécdota pasajera. Por varias razones. Por el monto, porque hay clientes importantes que quizá no denunciarán a cambio de permanecer en el anonimato. Y porque tendrían que explicar a los organismos de control de dónde sacaron el dinero. Sin duda que una de las premisas del negocio, la confianza, se rompió entre Fuhr y Fiori. Y eso catapultó el resto.

“El Negro”

“Al “Negro” –como llaman a Fuhr en el ambiente marginal- lo que le ha pasado es que le ha salido mal ese negocio de Bandera, pero va a devolver, ya ha empezado a mandar algunos mensajes a sus clientes, además seguro que debe tener por lo menos otro monto parecido en otros negocios”, le dijo a EL LIBERAL un hombre que se mueve en este ambiente y que en su momento supo pedirle algún dinero a Fuhr.

Además de él, las distintas fuentes consultadas para esta nota difieren por poco en cuanto al dinero que mueve este negocio de los préstamos con tasas de interés usurarias: Solo entre los 7 grandes tienen colocados unos $200 millones. A ello hay que sumarle su rentabilidad de por lo menos un 150% anual.

Grandes y chicos

En el mercado del dinero paralelo hay dos escalas bien diferenciadas. Están los mayoristas y los minoristas. Entre los primeros se encuentra Fuhr y los otros 7 prestamistas. Y entre ellos, hay similitudes y diferencias.

Las primeras son que excepto uno, tienen apellidos extranjeros que no exceden las 6 letras. Y alguna cercanía con Medio Oriente. También, que pueden prestar de $100.000 a $2 millones, ya. Claro, siempre y cuando haya garantías suficientes por el lado del solicitante: Una hipoteca, un certificado de obra atrasado, un edificio, en fin, algo con qué cobrarse en caso de que no le devuelvan. En este segmento, la tasa de interés según el cliente, el plazo de devolución y las garantías en juego, va del 4 al 7% mensual. Pero son montos grandes que se prestan, por encima de los $500.000.

Las diferencias entre los mayoristas reside en que algunos de ellos se manejan con dinero propio. Otros, con el dinero de “inversionistas” a los que les pagan un interés módico (apenas superior a la tasa de un plazo fijo) y una tercera categoría que se fondea con un mix entre dinero propio y dinero de “inversionistas”.

Cómo funciona el negocio

¿Qué lleva a los inversionistas a meterse en este negocio?. La posibilidad de rentabilizar su dinero, de no dar explicaciones de dónde lo obtuvo, el anonimato y la posibilidad de entrar y salir también de una forma pautada y sin grandes problemas. Hay en este sentido, según apuntan quienes están en el negocio, profesionales del medio e inversores tucumanos. Y el abanico de aportantes a las arcas de los financistas es variopinto: Hay quien coloca $100.000 hasta quienes últimamente se sumaron al negocio con más de $1 millón.

Un empresario que entre sus negocios cuenta con 2 “cuevas” donde vende dinero, lo explica mientras revuelve su café y se acomoda los anteojos: “Aquí hay gente, muchos profesionales que ya han invertido en departamentos, ya no pueden comprar dólares, tienen hijos estudiando en otras provincias, y unos pesos en negro que no saben dónde invertirlo, entonces lo que hacen es recurrir a nosotros”.

Agregó que “por ejemplo, me dan un monto de $200.000 para que les haga trabajar a cambio de un 2% o 3% de interés mensual, o sea que según lo que me pongan pueden sacar ente $4.000 a $6.000 por mes con lo que les alcanza para pagarles en parte los estudios a sus hijos”, indicó. En 12 meses, ese dinero le rindió entre 24 y 36% más y en negro. Por encima de la inflación y casi el doble o triple de lo que los bancos pagan un plazo fijo.

Un “Diego” de margen mínimo

A su vez, el financista coloca ese dinero a quien está del otro lado del mostrador. Es decir, a quien necesita esa plata. La tasa a cobrar depende del cliente. Si son empresas reconocidas la tasa va del 4 al 7% mensual al margen de las garantías que les piden.

Pero si son cifras pequeñas, hasta $30 a $40.000, la tasa va del 12 al 15% mensual. Por lo general los que piden estos montos son además de particulares, comerciantes, cuentapropistas, empresarios que quedaron descalzados con alguna certificación de obra o facturas de provisión del Estado. “Les cobramos ese porcentaje más los gastos, según la urgencia del que la necesita y su solvencia” agregó otra fuente.

“Y, la brecha que hay entre el dinero que toma el financista y lo que cobra por prestar es muy grande, mínimo del 10%, por eso el negocio cierra para todos, para el que la pone, para el que presta y bueno, el que la pide en este sector sabe a la tasa que se expone”, señaló otro hombre acostumbrado a tratar con los inversionistas y que se mueve en este ambiente.

Agregó que “cuando se presta un monto grande, ponele $500.000 se pide hasta la hipoteca de la casa pero si vos me das plata para que te la trabaje, firmamos un acuerdo y nada más, después todos los meses pasas a buscar el cheque por los intereses”, indicó el operador que conoce de cerca este movimiento. Hasta el caso de Fuhr, el esquema venía funcionando bien.

En un ejemplo práctico de un inversionista que pone $200.000 a una mesa de dinero como la de Fuhr, explicó, “al tipo que la pone le van a pagar $6.000 por mes, pero al que le prestan le va a cobrar un 15%, sacá la cuenta. Por mes le va a cobrar al que le presta $30.000, le va a pagar los $6.000 al inversionista y el resto se lo queda para él, mirá si no es negocio”, señaló un operador de uno de estos 7 grandes, habitué de los cafés de la “city” bancaria.

Los minoristas

Unos peldaños más abajo de los operadores mayoristas están los minoristas. Son gente que consiguió reunir un capital de $300.000 ó $400.000 y se lanzó a hacerla “trabajar” en el mercado marginal. Pero también hay casas de electrodomésticos que operan como financieras encubiertas.

En ese sentido, las garantías y los intereses que cobran por un crédito son leoninos. Pueden llegar hasta un 20% mensual. Para tener una idea, los bancos cobran una tasa del 2 al 3% mensual por un crédito personal. Las financieras instaladas en el circuito formal cobran entre 8 y 10%. Pero las “cuevas” y los que venden dinero por teléfono, en el mercado informal, cobran del 15 al 20% mensual y sin pagar ningún tipo de impuestos.

En este último rubro hay más de medio centenar de operadores que con solo llamar a un número telefónico prestan hasta $30.000. Incluso pueden prestar hasta $100.000 por ejemplo para ampliar o refaccionar una casa, pero exigen como garantía la hipoteca de la casa. Es decir, exigen como garantía bienes que superen en por lo menos el doble o el triple el valor prestado.

Mientras se acomoda el bigote, el dueño de una de esta cuevas, se defiende e indica que “no somos solo nosotros los que cobramos estas tasas, hay empresas de electrodomésticos que funcionan como financieras camufladas, ojo que ninguno hace el sellado de ley del documento que le hacen firmar al deudor y le cobran tasas astronómicas, te financian a 2 años una moto y con lo que te cobran te podrías comprar 2, ojo con eso que hay un propietario de una casa de éstas que ya estuvo preso por esa situación”.

Comentá la nota