Miles de rosarinos ratificaron el apoyo al modelo kirchnerista

Una multitud se congregó anoche en el Monumento a la Bandera para compartir la pena por la muerte de Néstor Kirchner, pero fundamentalmente para reafirmar que los cambios —materiales y culturales— puestos en marcha a partir del 25 de mayo de 2003 no se abandonarán.
Bajo unas pocas gentiles gotas de lluvia que caían en el anochecer rosarino llegaron al ícono de la ciudad personas de clase media, sueltas, sin aparatos, muchos jóvenes, además de las esperadas agrupaciones kirchneristas y los sindicatos más afines a las políticas del gobierno nacional.

En un clima de calma y tristeza, marcaron la diferencia el bullicio de los militantes del Movimiento Evita, la Juventud Peronista, el Movimiento Martín Fierro, La Cámpora, Peronismo Militante, que al ritmo de los bombos cantaban frases como "Yo soy argentino, soy soldado del pingüino", o una advertencia: "Si tocan a Cristina que quilombo se va armar", además de entonar por enésima vez la infaltable marcha "Los muchachos peronistas".

También estuvieron con sus banderas la CGT, sindicatos como Camioneros o Prensa, Madres de la Plaza de Mayo, el Movimiento Santafesino que lidera el jefe de los diputados nacionales oficialistas, Agustín Rossi; Encuentro por el Proyecto Nacional, y organizaciones sociales como la Federación Tierra y Vivienda, o quienes hicieron flamear la bandera de los pueblos originarios. De los partidos políticos se hicieron presentes, además del peronismo, el Partido Comunista y el Partido del Progreso Social, entre otros.

Sobre todo dijeron presente los jóvenes, una nueva generación que marca el retorno a la acción política luego de la década menemista que sembró individualismo y vaciamiento ideológico.

Entre los varios miles de personas que llegaron al Monumento a la Bandera se vieron dirigentes como los diputados provinciales Oscar Urruty y José María Tessa, los concejales Arturo Gandolla y Fernando Rosúa, o los dirigentes sindicales Alfredo Romero (Luz y Fuerza), Juan Nucci (Judiciales) y Matías Layús (Bancaria), entre otros.

Pero, como pocas veces ocurre, el protagonista de la noche fue el colectivo, no hubo escenario ni oradores, sólo hombres y mujeres lamentando la pérdida de un amigo, bajando mansamente por la calle Córdoba para encontrarse con otros amigos o compañeros de militancia y de ideas. Todos para decir que no estarán dispuestos a resignar las banderas que la gestión kirchnerista llevó adelante como el enjuiciamiento a los genocidas, el rol protagónico del Estado, la integración latinoamericana, la democratización de la comunicación, la vigencia de los derechos laborales, la lucha por mejorar las condiciones de vida de los más necesitados, con luces y sombras, con logros y asignaturas pendientes, pero con la certeza de no retroceder.

Muchos fueron los que concurrieron con carteles caseros que rezaban “Fuerza Cristina”, “Gracias Néstor por devolvernos la dignidad”, y fórmulas similares. Uno de esos papeles escritos con un fibrón a mano levantada, pegado tras la luneta de un auto, sintetizó mejor que ninguno el sentimiento que atravesaba a los miles de personas congregadas: “Hasta la victoria siempre Néstor. Gracias por luchar por los nadies”.

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