Carlos Miguens y Sebastián Bagó fuetron los más críticos de la necesidad de difundir una foto de la cumbre que el CEO de Clarín, Héctor Magnetto, coordinó entre la cúpula de AEA y la UIA. "Los industriales estamos para producir, no para sacarnos fotos ni pelearnos con el Gobierno", fue el concepto. La catársis empresaria en la reserva Cardales.
No era el único: el disgusto contagiaba a Sebastián Bagó, que deambuló varias veces antes de posar. Sobre el final de la reunión, algunos se quedaron discutiendo sobre la necesidad de enviar o no el comunicado que finalmente ofuscó a la Casa Rosada.
Luis Betnaza, director de Techint, y Jorge Rendo, jefe de Relaciones Institucionales de Clarín, habían sido los convocantes más activos. Juan Carlos Bagó, hermano de Sebastián y también dueño de ese grupo farmacéutico, hizo trascender después reproches que, en la noche del jueves, habría hecho en familia: Los industriales estamos para producir, no para sacarnos fotos, y tenemos que dialogar con el Gobierno, no pelearnos, fue el concepto.
En realidad, los desencuentros se cristalizaron después. Algunos piensan ahora que la jugada fue excesivamente fuerte. No entienden, por otra parte, cuál es la razón por la que el periodismo le ha dado tanta trascendencia. Que la foto haya sido enviada por los mismos que se sorprenden permite sospechar de ingenuidad o de cierto cinismo.
Todas estas inquietudes emergieron en las últimas horas tanto en AEA como en la UIA. En la entidad que conduce Jaime Campos fue anteayer, durante un largo encuentro interno reservado en La Reserva Cardales, del hotel Sofitel sobre la ruta 9.
Las cosas fueron parecidas o más arduas en la UIA, donde el Gobierno tiene mejor llegada y logró los argumentos perfectos para que cundiera la división: ¿por qué los industriales debieron dar semejante respaldo a AEA, la misma entidad que, según los sectores más proteccionistas, no sólo tiene intereses distintos sino que intentó varias veces quitarle a la UIA protagonismo público? La idea partió de las ramas metalúrgica, textil y Pyme apenas publicada la foto.
Viejas discusiones
Pero las diferencias vienen de antes. Parte de la UIA se opuso hace un año al ingreso de AEA en el Grupo de los Siete, que integran hasta ahora las agrupaciones de la banca privada nacional, la Bolsa, el comercio, la Rural, la construcción y la industria.
En esa resistencia estaban desde hacía rato Carlos Wagner, presidente de la Cámara de la Construcción, y el banquero Jorge Brito, de Adeba. Brito se lleva mal desde la crisis de 2002 con Enrique Cristofani, vocal de AEA y presidente del Santander Río. Aquellas viejas contiendas ubicaron en ese momento a los bancos internacionales de un lado y a los locales del otro. Brito respaldaba a Eduardo Escasany, presidente del Galicia, entonces en una comprometida situación de la que salió gracias a redescuentos del Banco Central. Los extranjeros buscaban una solución que excluyera a los que estaban con mayores problemas.
El tercer escollo para la adhesión de la entidad al Grupo de los Siete fue la Cámara de Comercio. Ernesto Gutiérrez, presidente de Aeropuertos Argentina 2000, ha protestado en privado varias veces porque acusa a AEA de haberle cerrado el ingreso a Eduardo Eurnekian, segundo de la cámara y uno de los propietarios más poderosos que tiene el país.
Nada de esto es ajeno a los reverberos del acuerdo UIA-AEA. ¿Seguirá el Gobierno, además, ventilando más pedidos de empresarios para créditos con fondos de la Anses o subsidios del Ministerio de Trabajo para empleados (Repros)? Es otro de los temores que condicionan los reclamos que, en realidad, no difieren tanto entre los industriales.
Volvieron a ser planteados el viernes en la UIA, en otro almuerzo al que se invitó a la embajadora de Estados Unidos, Vilma Socorro Martinez. Acompañada por cuatro colaboradores, la norteamericana les preguntó cómo veían la economía nacional y del mundo. Los empresarios replicaron con idénticas averiguaciones sobre la visión de la funcionaria.
De todos modos, el enojo del Gobierno por el encuentro con Magnetto llegó 48 horas después. El rol de mensajera le tocó esta vez a la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, que les enrostró a los ejecutivos haber coincidido con los lineamientos de la década del 90.




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