San Miguel de Tucumán se está quedando cada vez más sola y más vieja

El Censo 2010 ratifica la percepción de que las parejas con hijos chicos huyen del centro y se radican en zonas que ofrecen calma y verde.
El desarrollo inmobiliario que se exhibe en el piedemonte y en otras zonas verdes que rodean a la capital ratifica que la gente huye del ajetreo del centro en busca de una vida que sea más tranquila.

Chicos en bicicleta, obreros trabajando y personal de vigilancia recorren los alrededores del Camino de Sirga, entre la avenida Solano Vera y la calle San Martín. Allí se levantaron varios countries y barrios cerrados; algunos todavía están en construcción. Grandes ventanales y jardín. La imagen es común. "No volvería nunca más a la ciudad. Nadie se puede arrepentir de este cambio", asegura Martín Lobo, ingeniero, casado y padre de dos pequeños. Llegó hace un año al barrio, que está entre Yerba Buena y El Manantial, pero es jurisdicción de este último. Junto a su familia, el profesional de 37 años decidió dejar el departamento de tres ambientes de barrio Norte, en la capital, y salir en busca del verde. "Acá los chicos están más tranquilos y se crían más sanos. Corren y juegan todo el día y a la noche casi ni miran televisión", resalta.

Porque el verde tira, porque en el centro todo estresa, porque quieren más espacio. Las razones son muchas, pero el resultado es el mismo: cada día son más las personas que dejan San Miguel de Tucumán para buscar tranquilidad en las localidades vecinas. El censo nacional 2010 es la fiel muestra del fenómeno: la capital fue la zona que menos creció en la última década.

Tradicionalmente, la capital se caracterizó por recibir un importante caudal de gente que llegaba desde el interior y se instalaba en sus barrios. La ciudad, que aún mantiene el mayor índice de densidad poblacional del país, no paraba de crecer. Sin embargo, en los últimos tiempos convivir con su explotación demográfica y con el desorden parece provocar la necesidad de huir de ella.

En el Censo Nacional de Población de 1991 San Miguel de Tucumán tenía 527.607 habitantes. En la medición realizada en octubre último se registraron 549.163 vecinos. Quiere decir que sumó sólo 21.556 en nueve años. Su tasa de crecimiento fue de 4,1%, la mitad de la registrada en la provincia y la más baja de todo Tucumán. En el otro extremo se ubicó Lules, el departamento que más creció, con una tasa del 19%. Yerba Buena y Tafí Viejo se ubican en segundo y tercer lugar, respectivamente, en el ranking de distritos que más habitantes sumaron (Ver Info).

"No podía dormir"

"No podía dormir; las motos directamente circulaban sobre mi cabeza", esgrime César Rivadeneira, que se mudó hace seis meses a un barrio privado de La Rinconada junto a su esposa. Con un hijo en camino, había que buscar cuánto antes salir del centro, apunta César, que es contador y trabaja en un banco. "Todos los días tengo una hora y media de viaje ida y vuelta, pero cuando llego a casa me desconecto totalmente. En la ciudad no me pasaba eso y muchas veces seguía trabajando hasta la tarde porque total vivía cerca", cuenta.

Las empresas de mudanzas confirman las tendencias: en cinco años aumentaron los traslados de familias desde el centro hacia el piedemonte. "La gente huye. Los comentarios ante cada mudanza siempre son iguales: no aguanto más el centro", detalla Rosario Casares, propietaria de un camión de mudanzas. Los destinos predilectos: Yerba Buena, en especial las zonas de la Rinconada y de la avenida Presidente Perón. También Los Nogales es un área elegida por los jóvenes.

Las cifras de la capital en el último censo marcan una tendencia contraria a la que venía dándose hasta los 80 y 90, cuando San Miguel de Tucumán no paraba de expandirse. Ya el censo 2001 mostraba que el crecimiento se centraba en otras ciudades del área metropolitana.

Según datos de la Dirección de Estadísticas y Censo, la capital se está quedando cada vez con una población más vieja. La gente huye por la mala calidad de vida. En muchos distritos, especialmente los ubicados entre las avenidas Roca y Belgrano, bajó la población. En otros sectores, como los periféricos, la cantidad de habitantes aumenta en un 50%.

La capital presenta una gran paradoja: hay más construcción de viviendas y edificios, pero el crecimiento de la población parece comenzar a estancarse. El urbanista Rafael Caminos da la explicación más coherente: "hay más viviendas pero se reduce la cantidad de habitantes en ellas".

Claro que quien abandona la ciudad no se va al campo, sino a otras ciudades que cuentan con buenos servicios. "La gente busca, ante todo, tranquilidad. Huye buscando buenos paisajes; y el que puede, seguridad", opina.

¿Qué pasó en el centro? Ante la explosión edilicia, quien tenía su casa perdió todo: privacidad, tranquilidad y hasta el sol que llegaba a sus jardines. Está claro, dicen los urbanistas, no es que haya personas que huyen, es la ciudad es la que los echa.

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