Luis Juez está furioso con LA MAÑANA.Y la verdad es que tiene razón. Toda la razón.
Sucede que este diario lo puso en evidencia.
Publicamos que Juez -en campaña electoral- dijo que no votaría una ley como la que ayer de madrugada votó.
Probablemente Juez siempre pensó en votar esta ley pero entendía que, si lo decía, esa confesión le restaría votos.
Entonces dijo que no la votaría y después, una vez ya sentado en su banca por seis largos años, le hizo un corte de mangas a quienes lo votaron e hizo conocer su verdadero punto de vista, que antes había ocultado.
Él tiene todo el derecho del mundo de engañar a sus electores.
Pero nosotros tenemos todo el derecho del mundo a ponerlo en evidencia.
Así funciona la democracia.
Y eso lo enoja mucho.
Lo pone chivo.
Lo hace tartamudear cuando los periodistas le preguntan sobre lo que publicó LA MAÑANA.
Tan enojado está que, pobrecito, lo primero que hace es descalificar al diario.
“Ese pasquín inmundo”, es su insulto preferido. Toda una delicadeza que denota la prudencia que puede esperarse de él en caso de acceder al poder provincial.
Pero esta vez el periodista le pidió algo muy concreto y razonable: que más allá de quien lo publique, que diga si eso que apareció escrito es cierto o no es cierto.
Y allí su furia llegó al máximo.
Primero atinó a negar. Luego se dio cuenta que eso era ridículo: es impensado que un periódico invente un reportaje y que el damnificado no lo denuncie en su momento. No, por ese camino iba mal.
Podría haber dado varias respuestas. Por ejemplo: a) Sí, en ese tiempo yo pensaba eso y ahora pienso distinto. Le pido disculpas a los que me votaron por esa posición mía que ahora cambié; b) En ese momento, me convenía decir eso (sobre todo si me reporteaba un periódico católico) pero ahora me conviene votar esto.
Pero no. Esas eran respuestas valientes y de una franqueza que no puede esperarse de él.
Puesto entre la espada y la pared, Juez no encontró mejor cosa que intentar correr al periodista con la vaina:
“Aparte, si así fuera, supongamos que yo hubiese pensado esto y tomé una decisión de cambiar, ¿eso es condenable?”.
El periodista no retrocede, sino que insiste: “Yo le pregunto si cambió el pensamiento… ”.
Y Juez, ya no sabe qué responder. Atina a decir: “No, no cambié el pensamiento, sigo pensando que no tenemos que discriminar”.
Es increíble: él entiende que no cambió el pensamiento. Pero antes pensaba que no había que votar una ley como la que ayer terminó votando. Antes decía NO y ahora dice SI.
Por otra parte, Juez entiende que los que no están de acuerdo con la ley aprobada, son discriminadores. Es curiosa esa visión. ¿Acaso él lo era cuando prometió no votar una ley tal?
Cualquiera puede cambiar sus puntos de vista. Pero una cosa es hacerlo por un proceso consciente, que incluye las disculpas por sostener la posición contraria a la que propaló y otra es actuar con ligereza y oportunismo.
Esto último no debe hacerse pues puede hacer pensar a mucha gente que él -se lo decimos de onda- es un chantapufi.
Con tanta volubilidad, tanta promesa defraudada, tanto cambio de opinión ya habrá alguien que pensará que no será raro verlo en cualquier momento en el Gigante de Alberdi con una camiseta celeste, gritando hasta la afonía “Dale la B… dale la B…. ”.
Si lo descubrimos, nos cuidaremos mucho de publicarlo. No vaya a ser cosa que se vuelva a enojar con LA MAÑANA.

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