Las vidas que cambiaron a partir de una iniciativa solidaria platense
La larga y rica experiencia de la Asociación Civil Barrios del Plata es elocuente. La apuesta fue arriesgada, pero hoy sus resultados se ven en distintas zonas de la Ciudad. Todo comenzó hacia 1999, cuando los vientos de la gran crisis ya soplaban fuerte sobre la Región. Fue entonces cuando, con un capital de apenas 2.500 dólares aportados por pequeños comerciantes de Gonnet y City Bell, dueños de campos y donantes particulares, un grupo de platenses preocupado por la situación social decidió confiar a ciegas en que los beneficiarios devolverían los pequeños préstamos y puso en marcha la iniciativa. Hoy lleva otorgados más de 3.100 microcréditos solidarios que ayudaron a mejorar la calidad de vida a más de 9.500 personas, mantiene un convenio de colaboración con la facultad de Económicas de la UNLP y es uno de los pilares del Consejo Social de la casa de altos estudios.
En aquel año, Mariaemma Zapata, Oscar Andrada -hoy operadores de campo- y, entre otros, tres docentes de Económicas, Exactas y Agronomía, leyeron el libro “Hacia un mundo sin pobreza”, del economista de Bangladesh Muhammad Yunus, creador del Banco Grameen, una metodología basada en otorgar pequeñas cantidades de dinero a personas humildes que no pueden acceder al sistema bancario tradicional. Si bien el consejo de Grameen Argentina -donde tomaron cursos- fue que para arrancar se requería un capital mínimo de 25 mil dólares, el grupo de platenses decidió “salir a la cancha” -como se destacó- con sólo 2.500. Y el tiempo le dio la razón. Hoy cuenta con subsidios de los ministerios de Desarrollo Social de la Nación y de la Provincia y con el aporte de empresas, fundaciones y particulares.
MUJERES Y SOLIDARIDAD
Si bien existe algún que otro hombre entre los beneficiarios, el método Grameen está pensado para mujeres, ya que “la experiencia ha demostrado que son mejores administradoras, pues invierten sus ingresos en los hijos y el hogar”. El sistema es simple. Cinco mujeres deben conformar un grupo, aunque cada una con su propio emprendimiento. Se les entregan microcréditos individuales que deben devolver en el plazo de un año y en cuotas semanales. Entonces, ¿para qué el grupo? “Como no se requieren avales de ningún tipo, el grupo es la garantía solidaria. Si alguien no paga, el resto debe hacerse cargo de su parte”, explican en Barrios del Plata, donde aclaran que el interés anual es del 6%. “Parece irrisorio, pero es lo que permite hacer crecer el monto del próximo préstamo”, señala Oscar Andrada.
En La Plata hoy funcionan 13 centros, cada uno de los cuales no puede aglutinar a más 6 grupos, en Villa Elvira, Los Hornos, barrio Aeropuerto, El Carmen y Arana. Las familias que han salido de la pobreza suman más de 300. Y las historias de vida de cada una de las mujeres que el viernes participaron de la reunión semanal en El Paligue, hablan por sí solas.
LA “CULTURA DEL TRABAJO”
Allí, la palabra que dominó la charla fue “trabajo”. Es que Barrios del Plata vivió una historia fluctuante y paradójica. “Cuando arrancamos, el primer microcrédito fue de 320 pesos (hoy el máximo inicial es de 750)”, cuenta Mariaemma, para destacar que “en los primeros años el índice de morosidad fue prácticamente nulo. No obstante, al comenzar la recuperación económica y la aparición de los planes sociales, mucha gente se volcó por esa opción y la morosidad se disparó (actualmente el recupero supera el 85%). Tuvimos que dar una ardua lucha para hacerles entender que eso era un paliativo”, remarca.
“Es más digno trabajar que esperar a que te den”, sentencia Marta Salas (60), quien de empleada doméstica pasó a tener un emprendimiento de tejido artesanal y cada fin de semana vende lo que produce en la feria de 19 y 44. “Yo no salía de casa. No me relacionaba con nadie. Hasta que nos juntamos, allá por el 2003, con otras cuatro vecinas y arriesgamos”, relata. Y le da pie a Oscar Andrada para resaltar que “hay un montón de historias de personas que sienten que no pueden, que no saben, que no son capaces, hasta que otros las rodean, les dicen ‘vos valés’, y a partir de allí rearman su vida”, comenta, para subrayar la importancia de “los chicos que crecen viendo trabajar a sus padres”. “En lo que más hacemos hincapié es en la cultura del trabajo. Todo lo que es ayuda, pasa...”, apunta Mariaemma.
DARSE CUENTA DE QUE SE PUEDE
El ‘vos valés’ fue el mensaje que le transmitió Mónica Bueno (43) a Mariela Ortellado (31), la más nueva en el grupo. “Llegamos de Misiones con mi marido hace 6 años y yo no hacía nada. Tejía para mi casa y dependía de él. Hasta que Moni vio lo que hacía y me trajo. Pedí el primer préstamo hace un año, y ahora vendo cortinas, colchas y demás en la feria de 17 y 71”, cuenta.
A Norma Soto (47) le cambió la vida en el 2005. “Me acerqué, con desconfianza, y empecé a vender ropa. Hasta que dije ‘esto no es lo mio’, y comencé a hacer pizzas, empanadas, delivery y catering para cumpleaños de 15”. Tras enfermar su marido, quedó al frente del hogar y siguió creciendo.
Hasta el 2008, Mónica Bueno tenía un kiosquito que “no me daba rédito para vender cigarrillos, garrafas ni fiambre”. Hoy su negocio reluce. “Avancé un montón. Compré la heladera, crecí... Demasiado bien ya”, dice la mujer de Villa Elvira.
La que empezó a recorrer el camino del autoempleo cuando Barrios del Plata recién nacía fue María Sotomayor (54). “Trabajaba en una guardería comunitaria. En 2001 vine con mi familia, y como no se puede armar grupo con familiares, me fui. Pero decidí regresar y ahora no sólo vendo calzado, sino que estoy montando un emprendimiento de apicultura”, realza.
Comentá la nota