Es una eficaz defensora de la gestión de su marido; para los republicanos, es "intocable"
Por Silvia Pisani |
WASHINGTON.- "¡Cuatro años más!", coreaban, hace unos días, más de 3000 personas en un colegio de Florida. Pero, al contrario de lo que podría pensarse, el grito no respondía al proselitismo de Barack Obama, sino a la convocatoria de quien se convirtió en una de sus mejores bastoneras de campaña, la primera dama, Michelle Obama.
"Me van a hacer llorar", agradeció, a quienes la aclamaron en las afueras de Miami. No fue una parada casual: con más popularidad que Obama, estaba allí como arma de peso en la batalla por uno de los estados clave para la elección de noviembre.
Ante los bajos índices de popularidad de Obama, ella se lanzó de lleno en la campaña para convertirse en la defensora de su gestión y en una eficaz recolectora de votantes y de fondos. Hasta los republicanos reconocen el peso de Michelle para la campaña. "Es políticamente intocable", admitió Matt Mackowiank, estratega de la oposición al diario político The Hill.
La impresión tiene su correlato en los índices de popularidad que los sondeos le reconocen a la primera dama, en los que desbanca no sólo a su marido, sino también a su adversario, el republicano Mitt Romney. Según Gallup, Michelle conserva una popularidad cercana al 66%, muy por arriba del 47% que el sitio Real Clear Politics reconoce tanto para Obama como para Romney.
Cuando llegó a la Casa Blanca, muchos se preguntaron qué tipo de modelo de primera dama elegiría ser, sobre todo, entre los estereotipos más frescos en la memoria colectiva. Esto es, entre una Hillary Clinton, decididamente metida en política, o como una Laura Bush, con una imagen familiar.
Con la conciencia de que sería recordada como la primera dama negra en la historia de Estados Unidos, Michelle eligió su propio camino. Se mantuvo activa en dos causas: la lucha contra la obesidad, sobre todo, en niños, y el apoyo a las familias de veteranos militares. Los dos emprendimientos le dieron enorme popularidad.
Eso explica el papel central que hoy tiene en la campaña. Sólo en la última semana participó en ocho actos en tres estados diferentes, a veces sola, y otras, con su marido.
"Ella nunca pidió entrar en la escena pública ni aspiró a ello, pero ahora que le toca hacerlo se encuentra cómoda y lo hace bien", afirmó el principal asesor de la campaña presidencial y hombre de confianza de Obama, David Axelrod.
En los cuarteles de la campaña demócrata se admite que muchos millones en fondos para su financiamiento provienen del esfuerzo de Michelle. Ella lanzó una rifa para viajar a la convención "y posiblemente conocer a Obama". También es la cabeza de "It takes one", un programa para reclutar votantes, con la consigna de que cada simpatizante logre que alguien más se sume al esfuerzo por la reelección.
Detrás de todo, hay un cuidadoso trabajo de imagen. En el video oficial con que lanzó la campaña, cuenta, sonriente, cómo fue que, después de casados, ella, su marido y un grupo de amigos comenzaron a reunir fondos para la primera campaña de Obama en Chicago. Detrás, aparecen fotos del matrimonio.
Imágenes como ésa, así como sus apariciones en la campaña contra la obesidad son las que ayudaron a dejar atrás las percepciones negativas que sectores conservadores intentaron explotar.
"Me quieren pintar como una negra irascible, pero no lo soy", atajó Michelle. Una biografía no autorizada del matrimonio presidencial la pintó como "problemática" y "entrometida" en cuestiones de gobierno. El libro se llama The Obamas y fue escrito por Jodi Kantor, una periodista que siguió a Obama para The New York Times.
Una imagen parecida deslizó Bill O'Reilly, el popular comentarista político de la conservadora cadena Fox. Antes de eso, la revista The New Yorker la caricaturizó, hace unos años, como una pantera, con una metralleta colgando, y su marido vestido como un talibán.
Pero todo quedó atrás. Si en un arma se ha convertido, es aquella a la que apelan los demócratas para ganar más votos. Compite, en eso, con Anne, la mujer de Mitt Romney, a quien Gallup le da una imagen favorable del 30 por ciento.
La aspirante a primera dama por los republicanos participa en la campaña, pero con un perfil mucho más bajo. Las dos, sin embargo, ya tuvieron una curiosa competencia. Fue en un programa de televisión en la que cada una defendió una receta de cocina "preferida". Ganó, por goleada, la de Michelle.
Más allá de la anécdota, Michelle se subirá al podio de la convención demócrata dentro de 15 días. Lo hará como "oradora estrella", un calificativo que parece haberse ganado por derecho propio..




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