El Gobierno pretende dar por naturalizada una situación que todavía no ha sido consensuada. Santa Rosa ya padeció un invento espasmódico de la antipolítica de otro engendro de parecido tono.
Como si fuera una nueva suerte de contraataque, después de los varios fracasos, el oficialismo dejó trascender en la misma oportunidad que ya tiene planeado un nuevo presupuesto para instalar el mentado Medasur en el espacio de Avenida Belgrano y Padre Buodo.
De ese modo, el Gobierno Provincial pretende dar por naturalizada una situación que todavía no ha sido consensuada del todo, y que más bien le ha despertado nuevos dolores de cabeza porque también existe cierta resistencia a que el centro cultural se construya en ese punto.
La cerrazón del oficialismo para imponer su obra pública como una segunda “niña mimada” (se sabe que la primera de todas es el autódromo) le ha generado inconvenientes y cuestionamientos desde diversos sectores, en algunos casos volviendo su obcecación como un boomerang, frente al cual ha estado expuesto directamente el gobernador Oscar Mario Jorge, quien apareció todo el tiempo con un alto perfil en este tema.
El episodio del ataque con una motosierra a una manifestante, relativizado por los funcionarios municipales como si se tratara de lo esperable de un operario al servicio de la comuna, pudo ser más grave de lo que fue: no hay que perder de vista que las autoridades, con su fanatismo por un emprendimiento sobre el que no supo convencer ni transmitir suficientes argumentos concluyentes, terminaron contagiando a todos los involucrados en el asunto.
Ya fue escrito en este mismo espacio: la resistencia del grupo de vecinos nucleados en el grupo “Salvemos al Parque” puede molestarles a los funcionarios, pero es curioso que pretendan apodarlos como “máquinas de impedir”, cuando en realidad el accionar de esa parte de la comunidad, e independientemente de que se compartan o no sus demandas, ha sido ejemplar desde el punto de vista del procedimiento democrático.
De alguna manera, puede decirse que “Salvemos al Parque” hizo todo lo que no hizo el Gobierno respecto de este proyecto: manifestó pacíficamente, convenció con argumentaciones, juntó firmas demostrando consenso, acudió a representaciones institucionales, puso confianza en la Justicia, movilizó a sectores juveniles.
En resumen: hizo política, en el mejor sentido de la palabra, que supone trabajar en pos de una idea, actuar desde la convicción y la acción para juntar fuerzas que conduzcan a un objetivo que -al menos a criterio de sus promotores, que cosecharon respaldo de la comunidad y de organizaciones sociales- mejore la calidad de vida de los ciudadanos.
...y una de arena
larraaga
Si algo no podrá negársele a la gestión del intendente Luis Larrañaga es su capacidad para sorprender, no ya a los ciudadanos o a los medios de comunicación, sino incluso a los propios funcionarios municipales o a quienes lo respaldaron en su aventura de “recuperar” Santa Rosa.
Durante la semana que se fue, y más allá de la insólita comparación que trazó entre él mismo y Manuel Belgrano (una declaración que pasa a liderar el ranking de dichos bizarros del funcionariaje local), concretó algunos otros de esos pasos que han caracterizado a su administración.
Estas páginas ya han advertido respecto de la improvisación que lidera el jefe comunal, como consecuencia incluso del modo en que ha llegado al Gobierno Municipal: su carta de presentación ha sido un slogan que promete “hermosa a Santa Rosa”, pero sin que se conozcan para nada bien cuáles son sus ideas políticas de fondo, cuáles sus convicciones y ni siquiera cuáles sus hombres y mujeres de confianza.
Esas cuestiones son elementales en cualquier experiencia de construcción política, no sólo para esclarecer “hacia afuera” de qué se trata un sector -su ideología, sus aspiraciones, sus prioridades, su conformación, sus valores, su historia- sino incluso para brindar mensajes hacia adentro, que permitan una integración y articulación con quienes son parte de ese espacio.
El episodio presupuestario es una muestra de cómo se manejan Larrañaga y los suyos: dice la tradición política que en la llamada “ley de leyes” -adaptándola a un municipio podría hablarse de “la ordenanza de ordenanzas”- evidencia de alguna manera cuál es el rumbo de un oficialismo, establece pautas a seguir, distribuye los recursos según determinados intereses y objetivos.
En el caso de Santa Rosa, entonces, la presentación ha sido una metáfora: apareció a mitad de año, con carencias que ya han sido lo suficientemente señaladas en estas páginas y por la oposición legislativa.
Uno de los detalles que llama la atención es que el intendente ni siquiera haya incluido en esa iniciativa el nuevo formato que ideó para su gabinete, que sorprendió a propios y extraños y que según la información que manejan allegados al poder político local está tramada pensando en una proyección política sectorial o directamente personal.
Ni siquiera debe aclararse que cualquier ciudadano o espacio está en su derecho de pensar una proyección que le permita construir más poder, pero también sería saludable para la comunidad que esas ambiciones estuvieran atadas a determinada visión de la sociedad, basadas en un objetivo que incluya un cuerpo de ideas.
Santa Rosa ya padeció un invento espasmódico de la antipolítica y sería una pena para la ciudadanía que otro engendro de parecido tono aproveche la orfandad dirigencial del oficialismo o los históricos desbarajustes de la oposición para gestar un liderazgo con ausencia de ideas claras.


Comentá la nota