Por Carlos PagniLa liturgia es una dimensión constitutiva del poder. La movilización popular es el signo más fiable de la vitalidad de una política.
Estos son los grandes significados de la concentración oficialista del viernes. Sin embargo, esa tarde también se emitieron algunas señales que permiten actualizar el mapa del kirchnerismo, descifrar sus tensiones y vislumbrar las jugadas por venir.
El principal objetivo del acto de Vélez fue hacer creer que la Casa Rosada puede prescindir de la CGT y de los intendentes bonaerenses. A partir de esa demostración de fuerza, Cristina Kirchner piensa someter al gremialismo y al conurbano al pacto de un nuevo vasallaje. Nada que llame la atención. Libre de desafíos opositores, la única preocupación de la Presidenta es subyugar a los factores de poder que anidan en su propia feligresía. Sucede en todos los unicatos: el que manda no encuentra otro límite que el que le fijan quienes lo sostienen.
Para mantener a raya a la corporación bonaerense y a la corporación sindical, la señora de Kirchner puso en escena sus instrumentos de intervención política: el Movimiento Evita y, sobre todo, La Cámpora. Ambas organizaciones consolidan la influencia del kirchnerismo sobre dos sectores imprescindibles para cualquier ensayo de centroizquierda: los pobres y la juventud.
Si bien el Movimiento Evita venía prestando estos servicios, en Vélez se corroboró una novedad: el rol sobresaliente de Fernando "Chino" Navarro en la red que lidera Emilio Pérsico. No sólo fue una pieza clave en la logística del acto, sino que se ha convertido en uno de los voceros más perspicaces del kirchnerismo en la polémica con la prensa, como se advierte en las habituales performances del diputado provincial en la pantalla de TN.
Uno de los cometidos más importantes del acto de Vélez fue, sin embargo, demostrar que La Cámpora es más que una cofradía de funcionarios. Los dirigentes de la agrupación, con el "Cuervo" Andrés Larroque a la cabeza, consiguieron, para tranquilidad de los escépticos de Olivos, cubrir una tribuna con alrededor de 15.000 jóvenes. La Cámpora aspira a trascender la frontera burocrática para convertirse en una maquinaria territorial. El objetivo inmediato del experimento es justificar la postulación electoral de Máximo Kirchner. Para una familia que, en términos electorales, no sabe trabajar sino para la gloria de su propio apellido, es un imperativo vital.
Primera playa
El conurbano es la primera playa de maniobras de Cristina Kirchner después de Vélez. Varios intendentes que visitaban a Juan Manuel Abal Medina se sorprendieron, hace 15 días, al ver a la Presidenta irrumpir en la reunión para informar lo que esperaba de ellos. La atención sobre estos caudillejos es la contracara del cauteloso intento de Daniel Scioli de armar su propia liga, respaldando a Baldomero "Cacho" Alvarez y su agrupación La Juan Domingo Perón. La Presidenta y Scioli saben, como Menem y Duhalde en su momento, que el duelo sucesorio se libra en el Gran Buenos Aires.
A pesar de los nueve años que lleva en el poder, el kirchnerismo no puede prescindir de los intendentes del conurbano. Sí consiguió la incondicionalidad de un grupo que fue crucial para el acto de Vélez. Lo forman Fernando Espinoza (La Matanza), Francisco Gutiérrez (Quilmes), Darío Díaz Pérez (Lanús), Jorge Ferraresi (Avellaneda), Mariano West (Moreno), Mario Secco (Ensenada), Martín Insaurralde (Lomas de Zamora) y Darío Giustozzi (Almirante Brown). Quienes no integran este cuadro de honor conocerán en pocos días el rigor del método oficial. Julio De Vido recibió la orden de ajustar las clavijas de los jefes municipales auditando el gasto en obra pública. Al parecer, la Casa Rosada se propone recuperar la soberanía estatal también en esta área. Varios alcaldes deberán explicar, por ejemplo, por qué contratan a empresas privadas cuando poseen máquinas viales en desuso. También se investigará la adquisición de esas máquinas con un sistema de leasing del Banco Provincia cuyos costos son difíciles de justificar. Son pesquisas que inquietarán menos al presidente de la entidad, Gustavo Marangoni, que al gobernador y su familia. La inesperada cruzada ética de De Vido es también la máscara de un ajuste que llegó a las provincias y baja a las intendencias. Berazategui y Florencio Varela están primeras en la fila.
La técnica
Cristina Kirchner llevó la misma técnica de dominación a la CGT: pisar la caja y tomar lista. Los sindicalistas se miran en los escarmientos que recibe Hugo Moyano. Comienzan en la provincia de Buenos Aires, donde la empresa Covelia fue despojada del reparto de leche en polvo del plan Más Vida. Por lo visto, la Presidenta no cree que Covelia y Moyano sean entes separados -como Boudou y Vandenbroele, por ejemplo-, que es lo que jura el gremialista. ¿Quién se hará cargo de ese programa, que llega hasta los últimos capilares del conurbano? ¿La Cámpora o su antiguo operador Daniel Lalín?
El resto del gremialismo fue puesto a dieta. La señora de Kirchner controla los subsidios a las obras sociales, a través de la santacruceña Beatriz Korenfeld. Los 12.000 millones de pesos atrasados que reclaman los sindicalistas fueron puestos bajo el control de una comisión. En otras palabras: se los quedará el Estado. Las nuevas prestaciones serán auditadas caso por caso, pero "los muchachos" ya saben que no podrán reclamar más de 10 subsidios por mes. Venían pidiendo 30. Esta asfixia desató una discusión entre quienes pretenden reemplazar a Moyano. La abrió Luis Barrionuevo: "Ustedes que hablan con el Gobierno, asegúrense de que la pelea de la Presidenta sea sólo con Moyano y no con todos nosotros; a ver si le hacemos el favor de voltear al «Negro», pero sigue sin darnos nada". La advertencia coincide con la reflexión de un viejo peronista: "Es raro que para defenderse de alguien que dice «vamos por todo» saquen a Moyano y pongan a Caló".
La prevención de Barrionuevo fue transmitida a la Casa Rosada a través de distintos canales. Julio Ieraci (Luz y Fuerza) habló con Carlos Zannini. Armando Cavalieri habló con Florencio Randazzo. Y Carlos Tomada y Oscar Parrilli comieron con "los Gordos", encabezados por Carlos West Ocampo, quien hizo la catarsis de los reproches de una década.
Cristina Kirchner pretende que Moyano sea reemplazado por el metalúrgico Antonio Caló, otro contribuyente a la muchedumbre de Vélez, igual que el "Centauro" Andrés Rodríguez (UPCN) y el ex moyanista Omar Viviani (taxistas). Pero los funcionarios se han dado cuenta de que, con o sin relevo, se mantendrán los reclamos: más fondos para las obras sociales, aumento del mínimo no imponible de Ganancias y mejora en las asignaciones familiares. Es decir, recursos del Tesoro. Zannini y Parrilli escucharon una amenaza: "Ojo, que si no tenemos una respuesta afirmativa podemos reelegir a Moyano". Y dieron la misma respuesta: "Si quieren garantías, tienen que hablar con la señora". Los adversarios de Moyano pretenden ahora que la Presidenta satisfaga sus reclamos antes del 12 de julio, día del congreso sindical. ¿Aceptará ella la presión o repetirá su "se ve que no me conocen"?
Quizás importe poco. Las dificultades por mantener la paz social no se relacionan con la nueva CGT sino con las condiciones de la economía. Si el nivel de actividad sigue cayendo, como revelan varios indicadores, y la inflación se mantiene elevada, el humor social empeorará.
Beneficiaria de una oposición extasiada con sus iniciativas y relatora del único discurso disponible, la hegemonía de Cristina Kirchner no sufre hoy otra amenaza que la de las adversidades objetivas. Como una golfista solitaria, juega contra la cancha..





























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