Dos meses sin Sofía Viale

Se cumplen hoy dos meses de la desaparición de Sofía Milagros Viale, la menor piquense de 12 años, que fue vista por última vez el 31 de agosto. Desde aquel caluroso viernes por la tarde nada se sabe de ella: las búsquedas dentro y fuera de La Pampa han resultado infructuosas.
Desde ayer, una comisión policial de la Brigada de Investigaciones de la Unidad Regional II se encontraba fuera de la provincia tratando de seguir un nuevo dato surgido en las últimas horas. Así fue confirmado por fuentes ligadas a la investigación, que fueron prudentes al momento de analizar la pista que se persigue y el resultado en que puede derivar.

La desaparición de Sofía Viale se volvió un enigma desde el mismo instante en que nada más se supo de ella. Por la complejidad del caso y la trama que puede envolver su ausencia, en la causa se analizan rastros e indicios sobre el posible rumbo de la púber como también los comportamientos del entorno más íntimo de Sofía. Nada se descarta, aunque algunas hipótesis han perdido fuerza o se desvanecieron ante la falta de pruebas concretas.

La ausencia de la menor de su casa, ubicada en el barrio Indios Ranqueles, se dio en el marco de una compleja situación familiar, donde quedó implicado su padre, Marcelo Viale, en un supuesto delito contra la intimidad hacia una de sus hijas; por esa denuncia se mantiene una causa penal abierta, sin resolución.

El viernes que Sofía fue vista por última vez, la joven había asistido a clase, a la EPET 2, donde cursa primer año. Por la tarde, salió a vender productos panificados caseros, que hacía su madre, Gloria Noemí Ampudia.

Según su familia, esos alimentos eran llevados en un carrito de dos ruedas, que días antes habían comprado en el supermercado Changomás. La menor iba vestida con ropa liviana, por el calor agobiante de aquel viernes, y llevaba su teléfono celular.

El misterio de su desaparición está englobado en pocos minutos. Los datos aportados señalan que hacia las 18.30 del 31 de agosto, Sofía Viale habría estado en la casa de su bisabuelo paterno. Allí permaneció por algunos minutos y luego se retiró. Un rato después, se habría dirigido hacia un kiosco ubicado en las inmediaciones de las calles 25 entre 38 y 38 bis, donde compró dos cigarrillos y compartió una breve conversación con una amiga.

Supuestamente, entre las 19.30 y las 20, la menor debía regresar a su casa, ubicada en la calle 29 entre 40 y 42. En teoría, estaba a pocas cuadras del kiosco donde había adquirido los cigarrillos. Pero esa información contrasta con otros datos que ubica a Sofía en horas de la "tardecita" en el barrio Rucci y luego en el barrio Don Bosco.

En esta última zona, la menor habría descendido desde un vehículo "oscuro y con vidrios polarizados", para ofrecer en un maxi-kiosco algunos de los productos caseros que aún no había podido vender. Según una fuente judicial, en ese lugar la menor ya no tenía puesta la ropa veraniega y tampoco se menciona al carrito de dos ruedas.

Sin señales.

La búsqueda de Sofía se inició de manera prematura al no responder los llamados telefónicos ni los mensajes de texto, que le fueron enviados por su madre. Desde aquel instante, el celular de Sofía quedó mudo y no dio señales de estar encendido.

Por esa situación, la mamá de Sofía dio aviso a su esposo, que alrededor de las 20 se dirigió a la Comisaría Cuarta, para salir en compañía de dos policías a rastrear a la joven por determinados domicilios, donde nada se sabía de ella.

La primera presunción de la policía estaba relacionada a una posible fuga de hogar, por voluntad propia de la chica o inducida por terceras personas. Esa hipótesis pareció perder fuerza por la cantidad de días sin rastros de la menor ni indicios concretos sobre su localización.

Tras su desaparición, nunca Sofía se comunicó con sus familiares, amigos, compañeros de escuela o conocidos del barrio. La única carta que fue encontrada en un baño de la terminal de ómnibus de Santa Rosa, resultó ser falsa.

Una implicada.

Los rastrillajes en General Pico, que incluyó una completa revisación de la ciudad y aledaños, hasta con perros entrenados para olfatear humanos, dieron resultados negativos. La única causa penal iniciada por la Justicia, tomó forma cuando el Ministerio Público Fiscal, decidió imputar a la abuela materna de Sofía y su pareja, de un supuesto "ocultamiento de la menor". La mujer quedó implicada en la causa por declarar que el sábado posterior a la ausencia de la chica ella había viajado a la localidad de Victorica, cuando en realidad se habían dirigido al pueblo de Arizona, San Luis.

Esa declaración errónea y otros indicios levantaron sospechas leves sobre ambos adultos, que llevó a incautar el vehículo en el cual habían salido de La Pampa, un VW Voyage, que fue peritado y donde se encontraron cabellos que están bajo análisis de especialistas.

Con el correr de las semanas, la policía siguió otras pistas que llegaron a la Justicia. Se concretaron procedimientos en ciudades de la provincia de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. Todos los operativos arrojaron resultados negativos. Los testimonios que aseguraban haber visto en esos lugares a Sofía Viale fueron endebles.

Según fuentes judiciales, el caso de una menor desaparecida por tanto tiempo es inédito en La Pampa y no parece tener el perfil de una fuga de hogar. Tampoco se asocia una ausencia tan prolongada a un romance precoz de la menor, que la haya impulsado a irse de su hogar.

Su desaparición asoma como algo más complejo, quizás urdido por una mente astuta. Ni siquiera una recompensa de 100 mil pesos ha roto el silencio en torno a posibles pistas que lleven a encontrar a Sofía. Ese mutismo es considerado un dato en sí mismo.

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