Sciolistas, camporistas, mariottistas, pejotistas y evitistas quieren acomodar su plato en la mesa chica del bloque de diputados del FpV. Empujones, caídas y vacíos en una cena muy caliente
El hombre de Ituzaingó acredita experiencia y trato directo con todos los sectores, pero su situación es digna de un equilibrista. Fue reelegido por decisión de la Presidenta, Cristina Fernández, lo que le abre las puertas a una inserción en el nuevo entorno K. Sin embargo, es uno de los históricos del PJ, con estrecha llegada a los jefes comunales del Gran Buenos Aires y, a su vez, una aceitada relación con el Gobernador, Daniel Scioli. Esto desentona un poco en los oídos cristinistas, que prefieren una atención exclusiva. Aunque el inicio del año no fue malo, ya que logró cerrar la conformación de las comisiones y el armado de la estructura de la cámara, el escenario en adelante será complejo.
Surge en el nuevo panorama el vice, José Ottavis, hombre de La Cámpora.
Todos los pronósticos hablaban de una convivencia imposible, y de un joven camporista que “viene por todo”. Pero ambos jefes lograron un acuerdo, por el cual González se encarga de la tropa provincial y Ottavis atiende los pedidos expresos de Nación. A esto se suma la figura de Gabriel Mariotto, con quien González deberá, inevitablemente, convenir una convivencia parlamentaria.
Aunque no dudan en sacarse la foto juntos, ambos jefes no tienen “buena química”. El titular de Diputados se fortalece en el acuerdo, en la negociación y el consenso con todos los espacios; en tanto que el vicegobernador construye desde el impacto, y está en un proceso de marcar la cancha.
En la jefatura del bloque, Juan De Jesús no logra atender el juego. Lo mencionan como parcial, ya que responde directamente al vice, Amado Boudou, y poco dinámico.
“Raúl (Pérez) era terrible, no te podías descuidar, pero, por lo menos, generaba movimiento; en cambio con Juan las internas no pasan por el bloque”, coinciden en afirmar varios diputados.
Existe luego un sector sin forma propia, aunque con identidad parecida. Podría denominarse a sus integrantes históricos, o territoriales, porque su marco de acción es la región, sin depender de jefes provinciales. Algunos responden a intendentes, otros tienen construcción propia. Este grupo contacta directamente con González, y en muchos casos le ha servido de apoyo. Algunos ya tienen su lugar en la mesa chica, como son los casos de Alfredo “Loby” Antanuccio, Jorge Varela y Graciela Rego. En el otro sector, con muy distintas características, se encuentra La Cámpora. A diferencia de los históricos, este grupo tiene un jefe concreto, Ottavis, y una lógica de manejo totalmente verticalista. El vicepresidente del cuerpo es el único interlocutor ante los demás espacios, al punto que ninguno de los restantes integrantes emite opinión o intenta imponer un criterio si antes no lo ha consultado.
“¿No serán mudos y no nos dimos cuenta?, porque nunca hablan”, dice un legislador histórico, con ironía. También todos reconocen que, en su mayoría, tienen una capacidad de trabajo muy respetable. Del grupo se destaca Rocío Giaconne, por ser una de las más cercanas a Ottavis, a quien acompaña en muchas reuniones de mesa chica. La joven de Junín presidirá la comisión de Reforma Política.
Con respecto a la relación con el Senado, Ottavis tiene tareas conjuntas con Mariotto, con quien comparte estrategia. Mucho se especuló con una avanzada del cristinismo en ambos frentes; sin embargo, hasta el momento, el joven camporista se concentró en la cámara Baja, y en posicionarse dentro de la nueva estructura.
Otro de los actores que tienen su lugar en el convite es la franja sciolista, conformada por cuatro diputados y algunos aliados cercanos. Funcionan como voceros pero no como intermediarios, ya que el presidente de la cámara habla directamente con el Gobernador, o con el jefe de Gabinete, Alberto Pérez. En tanto, la relación con Ottavis está en plena construcción. En la mesa chica, el que tiene la silla asegurada es Guido Lorenzino, un sciolista al que todos reconocen buen carácter y manejo. Otro de los comensales es el ministro del Interior, Florencio Randazzo, que en la última elección supo cosechar un total de siete legisladores propios.
Marcelo Feliú es el referente fuerte, que, por historia parlamentaria y manejo discrecional, es el elegido para ocupar su lugar en la mesa. El hombre de Bahía Blanca continuará al frente de la comisión de Asuntos Constitucionales. Existe la posibilidad de que se adhiera al grupo la diputada Patricia Rocca, que ingresó en reemplazo de Ismael Passaglia, elegido intendente de San Nicolás. La legisladora, que se sumó al bloque del PRO PJ, estuvo cerca del randazzismo en los últimos comicios, por lo que podría dar el salto.
Quienes quedaron en diferente rol son los representantes del movimiento Evita. La irrupción de La Cámpora en el nuevo escenario legislativo los relegó de su lugar de híper K. A modo de tarjeta vip, Fernando Navarro portaba su ADN kirchnerista, y con eso marcaba su espacio, pero hoy su posición quedó algo diluida, aunque no fue desplazado. Pelea a los codazos un lugar en la mesa chica. Consciente del nuevo contexto, el Chino inició una tarea fina con los gobiernos provincial y nacional para reposicionarse.
Más alejados están los dos moyanistas, Jorge Mancini y Héctor Martínez, que se apuntan como críticos, pero no tanto.
La interna de la CGT los toca de cerca, y los obliga a tener prudencia. Por el momento, Mancini logró conservar la presidencia de la comisión de Trabajo, como un voto de confianza. Los moyanistas decidieron guardar por un tiempo las lanzas en espera de novedades. “Hay buen clima, respeto y consenso, por ahora no se ven diferencias”, indican desde ese sector.
Hace rato que el agua está hirviendo, pero aún no está cerrado el número de comensales partícipes del convite.
Saben que este nuevo bloque va a tener, necesariamente tinte cristinista, y ninguno quiere quedarse afuera del nuevo armado.
La mesa chica ya no funciona como tal, y en su reemplazo se ha montado un tablón provisorio, que contiene a camporistas, sciolistas, históricos, randazzistas, dominguistas y evitistas; pero la estructura es endeble, y puede comenzar a ceder a las presiones de la vertiginosa coyuntura política.
















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